miércoles, 10 de diciembre de 2014

Las mismas manos

Fotografía extraída de Google Imágenes
Y, de repente, como un disparo, sus manos. Ahí estaban. Me daba pánico rozarlas, pero en silencio le rogaba una caricia más. Aún no sé leer sus ojos, no sé qué siente. Lo que está claro es que tanto la felicidad como la desdicha pueden convivir en las mismas manos.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ver por respirar

Si algo le daba realmente miedo era la enfermedad de los otros, pues a su dolor ya había aprendido a acostumbrarse. Por eso su cuerpo desató miles de tics nerviosos durante aquel viaje en coche. Su madre estaba enferma. No sabía más y ojalá nunca lo hubiera sabido. 

Miraba por la ventanilla y veía la vida de los otros, que en más de en un momento solo eran sombras, brillar mientras su padre frenaba nervioso y apenas podía verlos cruzar por los pasos de peatones y los semáforos. En eso se parecían. Odiaba parecerse en algo a su padre, pero en el temor a la enfermedad, los genes hacían mella. 

Ella echó la cabeza en el cristal trasero. Miraba a su madre retorcerse de dolor. Sabía que tenía que cuidarla. ¿Acaso había hecho otra cosa desde que era niña? No recordaba el día en el que su madre la había dejado de cuidar para que ella ejerciera ese papel; ahora, no sabría representar otro diferente. ¿Pero cómo cuidar a alguien de la enfermedad? ¿Cómo protegerla? 

Un escalofrío recorrió su espalda. Otro más. Cerró los ojos y una mirada penetrante se le clavó dentro. Dejó de pensar en su madre. Escuchaba la voz de él repitiéndole palabras de ánimo, como siempre hacía, mientras las mezclaba con las de amor. Ella sabía que mentía, que compartía esas palabras con otras a las que jugaba a ponerles caras en las noches de insomnio o cuando sentía su cama demasiado fría. Le dolía a veces y otras tantas sentía alivio por no ser la única querida.

Volvió a mirar a su madre. Tenía las manos encharcadas por su propio sudor. Sabía que querer a alguien pasaba por las manos, por las caricias, por hincar los dedos al otro cuando se abraza de verdad. Reconoció así su miedo. Reconoció que no sabía querer. Reconoció que nunca había sido querida. Reconoció que deseaba que ese coche viejo que su padre conducía nunca parase en un hospital o volviera a la puerta de una casa que otros llamaban hogar. Reconoció que lo que realmente deseaba era tirarse del coche en marcha para ver, al fin, la oscuridad que siempre había respirado.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Domingo de ira


Por fin, has entendido que nos lo están quitando todo.
Que la revolución de besos verdaderos
y orgasmos fingidos en tu cama que te regalé
durante algunos meses de mi vida
no eran más que una llamada de socorro.
Mientras limpiaste mis lágrimas, 
lo que nunca supiste entender
es que no solo eran mías.

Ahora, amo a otro en silencio.
Vuelvo a empezar el juego y me divierto,
mientras tanto, 
en camas y bares que alguna vez
fueron lejanos.

Hoy, nos siguen quitando todo ahí fuera,
pero, al menos, ya no finjo orgasmos por miedo;
solo besos.
Ahora, que por fin tú has aprendido
que gracias a la lucha,
la utopía existe.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Tres segundos y tres pasos


Fotograma extraído de Google Imágenes

He amado en callejones y tres segundos después he olvidado a aquella persona. En solo tres pasos, nuestro cuerpo es capaz de albergar mil cicatrices que duran toda una vida.

martes, 21 de octubre de 2014

El olvido se equivoca


Imagen extraída de Twitter

Se empeñaron en ensañarme a olvidar, así que solo tuve la opción de recordarlo todo, hasta lo que mata poco a poco y nos obliga a crecer. Aprendí, entonces, que no hay trenes al país de Nunca Jamás.


domingo, 19 de octubre de 2014

Día contra el cáncer de mama. ¿De qué sirve?

Fotografía extraída de Google Imágenes

No creo en "los día de". No me gustan. Es más, me causan una cierta indiferencia. Hoy, se conmemora el día contra el cáncer de mama, por eso se organizan diferentes actos con el fin de concienciar a la población sobre esta enfermedad. Mientras veía la noticia en el telediario, no he podido parar de preguntarme si todo esto sirve de algo. Quizá, soy una inconsciente, o simplemente una ignorante, no dudo de ambos adjetivos en mi caso, y más si me paro a pensar en que mi abuela y mi tía murieron por culpa de esta enfermedad, o en que dos de mis primas acaban de superarlo, de ahí que tenga un elevado porcentaje de sufrirla.

Mientras escribo estas líneas, sigo preguntándome para qué sirve este día si los recortes en investigación no permiten investigar esta y otras enfermedades como es debido; si se desmantelan hospitales públicos; si a los enfermos (también hay hombres que padecen cáncer de mama, no lo olvidemos) que se encuentran en el paro apenas reciben ayudas y hasta les quitan la tarjeta sanitaria; si a los que sufren la enfermedad los mandan a trabajar, pese a no estar en condiciones para ello, con la amenaza de despedirlos; o si se utiliza la publicidad para que compremos unas compresas y no otras porque nos aseguran que una mínima parte de lo que paguemos irá para la investigación del cáncer de mama.

Me pregunto cuándo dejará de doler tanto ver un telediario, cuándo podremos decirle a estos enfermos que ya no hace falta que marquen un día en el calendario porque algunos políticos han entendido, por fin, que el dinero que roban de las arcas públicas sirve para salvar vidas y que la economía que funciona, realmente, no es la del ladrillo, sino la de la investigación. Me pregunto tantas cosas que mi propia ignorancia duele, como duele cerrar los ojos y recordar el rostro de aquella abuela que el cáncer de mama me privó conocer.

domingo, 12 de octubre de 2014

Errores

Hace algunos años, no muchos, un desconocido me dijo en el tren que tenía los ojos tristes. Durante el viaje en tren de hoy, nadie me lo ha dicho, aunque he cometido los mismos errores que entonces.