lunes, 13 de mayo de 2013

El A.E. Prat consigue la permanencia

Imagen extraída del Facebook de l'Associació Esportiva Prat


Estar a 120Km de casa y con un pie prácticamente destrozado no es fácil. Si tu equipo se juega salvar la categoría, menos aún. Ayer viví el partido del A.E. Prat a través de Twitter y Facebook. Actualizaba casi a cada minuto los perfiles oficiales del club en las redes sociales. Pese al gol, la tensión y los nervios seguían, no se iban, al contrario, iban incrementándose. Me tranquilizaba saber que en el campo estaban familiares y amigos apoyando al cien por cien.

En el descanso me sonó el móvil, era mi madre para informarme del resultado, y ya de paso, asegurarse de que tenía el pie en alto. Es madre, no lo puede evitar. Yo le pregunté por cómo estaba viendo ella el partido, a sabiendas de que no entiende nada de fútbol, pero necesitaba saber si las narraciones que le he ido haciendo partido tras partido habían servido de algo. Como era de esperar, el resultado fue desastroso: “¡y yo qué sé! Si van ganando es porque lo están haciendo bien, ¿no?”

Seguí actualizando las redes sociales minuto a minuto. Un gol de Rafa Murillo anulado, algún paradón de Toni Texeira para no perder las buenas costumbres y nervios, muchos nervios. El reloj apenas se movía. No quería saber cómo iban los otros equipos de los que, de cierto modo, dependía la salvación del A.E. Prat. Más tuits de amigos y más tensión. El esfuerzo por no morderme las uñas fue grande.

Y por fin… ¡final! El A.E. Prat ganó al Yeclano y consiguió la permanencia virtual. Mi padre, nada más pitar el final del partido el árbitro, me llamó para informarme del resultado y para que escuchara el ambiente. De fondo se escuchaban tambores y gritos de campeones. Los pelos se me pusieron de punta.

Ya conté hace unos meses qué significa este equipo para mí, así que disfrutar de un nuevo triunfo en la distancia fue algo muy especial. Por eso espero que el próximo año sigamos disfrutando, tanto la afición como los jugadores. Y por favor, que nunca se pierda la humildad respira el A.E. Prat.

Gracias, campeones, por ser parte de nuestro oxígeno en momentos difíciles. Sí, el fútbol es el opio del pueblo, se nos nubla la vista y los pensamientos con él, pero también nos permite disfrutar y conocer a personas maravillosas como son los jugadores, el equipo técnico, el cuerpo directivo y la afición fiel que se deja la piel –y la cartera- cada domingo.

Visca El Prat!

martes, 23 de abril de 2013

Rojo, libro y dragón

Girona esta mañana



Rojo
Como una rosa
Como el amor que una noche compartimos
Como el adiós que nos dijimos
Como el dolor
Como escribirle a tus ojos azul cielo
Que hoy se encuentran a quilómetros
De distancia,
Que por siempre ya estarán lejos.

Odio acabar los libros
Que me pueden enamorar.
Como odio las despedidas
Y los contestadores que me dicen
Que ya no estás disponible
Para mí.

Quiero matar al dragón
De tu adiós
Con los versos que
Te dan la bienvenida
En mi poesía.

viernes, 12 de abril de 2013

Ganar no es sinónimo de calidad


No soporto a la gente que escribe para ganar premios, menos aún a los que ganan. Siempre he entendido la escritura como una pasión, no como una fuente de ingresos, aunque lo sea, y además, de las importantes. Pero, reconozcámoslo, soy una romántica, además de una idealista empedernida, como ya habrán notado en estas primeras líneas del artículo. Claro que cualquiera escribe por dinero. Ser escritor, sin ir más lejos, es una profesión, y de las bien consideradas. Es más, yo sueño con ganarme la vida escribiendo, no poesía, ni novelas, ni ensayos, sino noticias. Sí, también soy pura contradicción.

Hoy escribo este artículo porque acabo de terminar de leer un libro que fue premiado hace unos meses. Ya saben, uno de esos premios que dan prestigio y permiten al autor ganarse un buen dinero y publicar el libro. La novela es pura basura. Intenta ser una copia barata y sin escrúpulos de una de las obras maestras de la literatura española: 'Cinco horas con Mario'. No hace falta adentrarse en la historia para darse cuenta que el soliloquio de la protagonista de este libro es de una Menchu de andar por casa. Afortunadamente, la muerte tiene su parte positiva, en este caso, el maestro Delibes jamás sabrá de la existencia de esta novela. SEGUIRLEYENDO.

martes, 9 de abril de 2013

¡Buen viaje, maestro!

Fotografía extraída de Google Imágenes

Hoy es un día triste. Nos ha dejado uno de los pensadores españoles más importantes del siglo XX y de lo que llevamos XXI. José Luis Sampedro ha muerto a los 96 años y con su muerte nos ha dejado huérfanos. Y es que mentes tan lúcidas como las de Sampedro son muy necesarias en estos momentos tan difíciles. Él, pese a su edad, fue uno de los encargados de prender la llama de la indignación; fue uno de los padres del 15-M. Su espíritu siempre fue joven, lo que le permitió mantener una rebeldía admirable.

Con 15 o 16 años ayudé a mi madre a hacer una buena limpieza en casa. Entre un montón de cosas que estaban destinadas a acabar esa misma mañana en una bolsa de basura apareció un ejemplar de La sonrisa etrusca. Le quité el polvo y dejé el libro encima de mi escritorio. Pocos días después lo empecé a leer y aún recuerdo todo lo que me hizo sentir aquella lectura de verano. Creo que no me he vuelto a emocionar tanto con una novela. Lloré, reí y aprendí un poco más sobre la vida y la muerte, en definitiva, sobre el acto de vivir. Leer esta joya de Sampedro es una de las mejores cosas que me ha pasado como lectora.

A partir de entonces empecé a interesarme por este economista, escritor y pensador. El silencio era sepulcral en casa cada vez que aparecía en televisión. Si no estaba en el salón, mi padre me gritaba: “¡corre, que está Sampedro en la tele!”, a la vez que subía el volumen. Yo corría, me acomodaba en el sofá y ponía los cinco sentidos para analizar, comprender e interiorizar la sabiduría del maestro. También envidiaba a sus entrevistadores y soñaba con poder sentarme algún día delante de él y hacerle una entrevista, una excusa maravillosa para, una vez que estuvieran los micros apagados, darle las gracias.

Hoy, cuando volvía al piso después de haber pasado la mañana en la Facultad, llamé a mi madre para que el camino se me hiciera más ameno. Hablamos de cómo nos había ido la mañana y también de lo que íbamos a comer. Un minuto después de colgar, me sonó el móvil: era mi madre. Con un tono dulce me preguntó: -“José Luis Sampedro es ese escritor que tanto te gusta, ¿verdad?” Sin que dijera nada más, sabía lo que me iba a decir. “-Sí… No me digas que se ha muerto”. Mi madre hizo un silencio y susurró un “sí” que apenas pude escuchar. Pocas veces he andado un camino tan triste como el de hoy.

José Luis Sampedro se ha ido, pero nos queda su legado. Ahora nos toca a nosotros seguir escribiendo la Historia y mantener la llama que él encendió. Sampedro nos obligó a pensar cuando nos negábamos a hacerlo y hasta su último suspiro luchó por hacer del mundo un lugar más habitable. Desde aquí, desde este rinconcito escondido en la infinita red, una solo puede escribir palabras de agradecimientos teñidas hoy de una profunda tristeza.

¡Buen viaje, maestro!


lunes, 8 de abril de 2013

Diez años sin José Couso: una década sin justicia




Hoy se cumplen diez años del asesinato a José Couso. Una década de aquella guerra que aún sigue matando. Los asesinos de Couso están en libertad, nadie ha sido juzgado por este crimen aún. Esperemos que pronto, aunque ya sea demasiado tarde, se haga justicia y José Couso pueda descansar, por fin, en paz.

Gracias, compañero, por dejarte la vida para mostrarnos los horrores de la guerra, de la humanidad.

Brillante y triste artículo de mi admirado Jon Sistiaga publicado hoy en El País en memoria de Couso: CLICK AQUÍ

viernes, 29 de marzo de 2013

Jam session



La música vuelve a sonar, y esta vez, de forma totalmente improvisada, como si de una jam session se tratara.

jueves, 7 de marzo de 2013

La Literatura en las aulas




La Revolución Formalista fue un movimiento que se produjo en lugares dispares del mundo durante períodos diferentes. El primer punto caliente, por llamarlo de alguna manera, lo encontramos en la Rusia del año 1915. El formalismo fue reivindicado por el Centro Lingüístico de Moscú (CLM) y en San Petersburgo por el Opojaz. Ambas escuelas, lideradas por jóvenes estudiantes universitarios, eran sincronistas, descriptivas y cientificistas.

Los jóvenes estaban cansados de cómo se impartía la literatura en las aulas. Querían que lo importante no fuera el contexto histórico, económico o social de la obra, sino el texto en sí. Uno de los formalistas más radicales fue el inglés I. A. Richards, quien cuando repartía poemas entre sus alumnos para comentarlos en clase ni siquiera decía quiénes eran los autores. A raíz de esta experiencia escribió 'Practical Criticism', tratado que causó un auténtico furor. Lo más curioso es que I. A. Richards no conoció el formalismo ruso, el cual se desintegró después de la Revolución de Octubre, aunque las ideas del movimiento no perecieron. En el centro de Europa, en cambio, nació la Estilística, otro tipo de formalismo, de la mano del alemán Leo Spitzer. (SEGUIR LEYENDO)