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| Imagen extraída del Facebook de l'Associació Esportiva Prat |
Estar a 120Km de casa y con un pie prácticamente destrozado
no es fácil. Si tu equipo se juega salvar la categoría, menos aún. Ayer viví el
partido del A.E. Prat a través de Twitter y Facebook. Actualizaba casi a cada
minuto los perfiles oficiales del club en las redes sociales. Pese al gol, la
tensión y los nervios seguían, no se iban, al contrario, iban incrementándose. Me
tranquilizaba saber que en el campo estaban familiares y amigos apoyando al
cien por cien.
En el descanso me sonó el móvil, era mi madre para
informarme del resultado, y ya de paso, asegurarse de que tenía el pie en alto.
Es madre, no lo puede evitar. Yo le pregunté por cómo estaba viendo ella el
partido, a sabiendas de que no entiende nada de fútbol, pero necesitaba saber
si las narraciones que le he ido haciendo partido tras partido habían servido
de algo. Como era de esperar, el resultado fue desastroso: “¡y yo qué sé! Si
van ganando es porque lo están haciendo bien, ¿no?”
Seguí actualizando las redes sociales minuto a minuto. Un
gol de Rafa Murillo anulado, algún paradón de Toni Texeira para no perder las
buenas costumbres y nervios, muchos nervios. El reloj apenas se movía. No
quería saber cómo iban los otros equipos de los que, de cierto modo, dependía
la salvación del A.E. Prat. Más tuits de amigos y más tensión. El esfuerzo por
no morderme las uñas fue grande.
Y por fin… ¡final! El A.E. Prat ganó al Yeclano y consiguió
la permanencia virtual. Mi padre, nada más pitar el final del partido el
árbitro, me llamó para informarme del resultado y para que escuchara el
ambiente. De fondo se escuchaban tambores y gritos de campeones. Los pelos se
me pusieron de punta.
Ya conté hace unos meses qué significa este equipo para mí,
así que disfrutar de un nuevo triunfo en la distancia fue algo muy especial.
Por eso espero que el próximo año sigamos disfrutando, tanto la afición como
los jugadores. Y por favor, que nunca se pierda la humildad respira el A.E.
Prat.
Gracias, campeones, por ser parte de nuestro oxígeno en
momentos difíciles. Sí, el fútbol es el opio del pueblo, se nos nubla la vista
y los pensamientos con él, pero también nos permite disfrutar y conocer a
personas maravillosas como son los jugadores, el equipo técnico, el cuerpo
directivo y la afición fiel que se deja la piel –y la cartera- cada domingo.
Visca El Prat!






