domingo, 2 de agosto de 2015

Te vas


Las despedidas nos arrancan un trozo de nosotros mismos, pero también nos enseñan qué somos. Lo mismo sucede con aquel al que despedimos. Después del adiós, solo queda una ciudad desierta.

domingo, 26 de julio de 2015

Un solo disparo


Tenía una mirada inocente, como si aún conservara algo del niño que fue. Decía que jamás había cogido un arma, por eso le temblaban las manos. Pero le disparó justo en el corazón. No volvió a necesitar jamás más balas, pero aún, asustado, no ha dejado de correr en la búsqueda de encontrar un corazón que le pueda salvar del recuerdo de aquel disparo. Mientras tanto, dibuja el contorno de su cuerpo, como ha visto en las escenas de crímenes de ficción, para asegurarse de que jamás se olvidará de ella.

domingo, 19 de julio de 2015

Heridas

Hoy, un poema de Rafa Mammos. Por esas conversaciones con él en cualquier bar de Gràcia que sirven para abrir heridas y lamerlas durante días para que así empiecen a sanar. Y también por los sueños, porque durante cualquier siesta de verano nos atacan.

Baby's breath

Aprieto contra mí
el aliento de bebé 
para que el viento
no lo disperse.

La gente no puede
evitar mirarme:
sucede así cuando alguien
camina con flores.

Deben imaginarse
una gran declaración
o un aniversario
ante una cuna vacía.

Hoy no hay nada de eso 
y resulta incómodo
para el cuerpo cargar
algo que no pesa.

lunes, 13 de julio de 2015

Todo al rojo

No soy de esas de las que uno cuelga fotos en su nevera o guarda un retrato en la mesilla de noche, justo en el cajón de los calzoncillos con el fin de encontrar, casi sin querer, mi rostro una mañana medio dormido o una tarde tonta de domingo. No, no soy la chica de los sueños de nadie y me aburren los príncipes azules. Más bien soy de las que apuesta todo al negro del fracaso de vez en cuando para divertirse. En cambio, esta vez, abro al fin los ojos con el deseo de tenerte enfrente y no apuesto a nada que no sea el rojo de nuestra victoria.

domingo, 5 de julio de 2015

Me tiré por vos

Barcelona tiene una mirada diferente cuando llueve, como si el tiempo fuera un poco más despacio en una ciudad en la que la rapidez nos devora. Yo me siento patética con este vestidito y estos zapatos de tacón que me disfrazan. El resto de pasajeros se preocupan por no mojarse con los paraguas húmedos mientras dos niños presumen de sus botas de agua.

Es viernes y me esperas en la boca del metro. Intento subir con dignidad los escalones que me separan de ti. Llueve con fuerza y nosotros nos sonreímos. Pienso en todo lo que podríamos ser y nunca seremos. Porque el amor exige valentía, como la que exigen las tormentas en alta mar a grumetes y capitanes por igual. Pese a ello, te abrazo y nos perdemos entre las calles y el deseo.

Tú no lo sabes, pero esta noche morirá algo de mí, y quizá, mate algo de ti. Nos asesinaremos mutuamente con cada gemido, con cada beso que no debemos darnos. Porque el placer siempre sacrifica algo de nosotros. Amar a otro, a menudo, es escapar de lo que somos. Así que nos dejamos llevar y caemos al precipicio esperando que alguien nos recoja. Yo, como Charly García, me tiré por vos, pero no caí en la piscina, sino que me empapo en la lluvia de una ciudad que creemos, como buenos ingenuos, nos observa expectantes.

Amanece y ya no llueve. Brilla el sol en una Barcelona que hoy se viste de fiesta. Vuelvo a disfrazarme con ese vestidito y esos zapatos que nada tienen que ver conmigo. Tú lo sabías y por eso tardaste poco en quitarme la máscara y la pena. Hoy, las calles huelen a rosas y a libros que esperan dueños. Hoy, le contaremos a todo aquel que nos escuche que la vida no nos va tan mal, aunque nos clavemos algunas espinas. Sonreiré a base de mentiras y volveré a perderme entre extraños en el metro, mientras dos niños se quejan a sus madres por llevar botas de agua y ellas sueñan con un dragón que las rapte y las lleve lejos de su rutina. 

domingo, 28 de junio de 2015

Abuela

Me hablan del mar y me acuerdo de ti. Una necesidad de despedirme de ti me oprime el pecho un mes después. Ambas supimos en enero que era la última vez que nos besaríamos, que nos abrazaríamos y que nos reiríamos juntas. Fue una despedida dulce y aún puedo sentir tu forma de aferrarte a mí cuando llegó la hora de marcharme.

Finalmente, la que se marchó fuiste tú. La muerte hacía meses que maquillaba tu rostro. Meses en los que mi madre, tu hija, insistía en que te llamara, pero yo no podía. Abuela, no tuve la valentía de coger el teléfono y llamarte. Tu voz débil al otro lado del auricular me rompía. Me asustaba que en una de esas tardes tontas ya no fueras capaz de reconocerme.

Te fuiste y lo hiciste dejándonos una sonrisa a todos en la boca, tanto a los que estaban a los pies de tu cama como a los que esperábamos la noticia a kilómetros de distancia. Fuiste capaz de mantener la risa y el buen humor hasta el final. Te admiro. Te admiro porque sé que yo no soy tan fuerte ni tan valiente como tú. Lo fuiste desde que eras niña, cuando te fugaste con el abuelo por amor. Tuvisteis a vuestro primer hijo sin haberos casado en una época donde eso se consideraba una vergüenza. Pero juntos os reísteis de una sociedad que dejaba y sigue dejando al amor en segundo plano.

Hoy te escribo porque te echo de menos y porque sé que te debo otra despedida. Ahora, cada vez que me hablen del mar, me hablarán de ti. Te recordaré disfrutando en el agua y los buenos ratos que pasamos aquel verano en Huelva. Yo me despedía de la adolescencia y tú parecía que te aferrabas a ella. Fuimos cómplices de tu ganancia y mi pérdida. Ahora, también, tendré que aprender a mirar la belleza de Granada de otra forma y desde el prisma que ofrecen los recuerdos que tú y el abuelo me habéis dejado como herencia. ¡Y qué herencia más maravillosa!

Abuela, te echo de menos y ya solo me queda escribirte. Por eso seguiré escribiéndote. Ahora negaré que esto es una despedida, como pasará con todos los escritos que te dedique. 

domingo, 21 de junio de 2015

jueves, 11 de junio de 2015

Por tu ausencia, por tu miedo



Tu ausencia en tu casa
duele algo menos.
Pero afuera llueve
y los vecinos recogen
la colada.

Queda tendida la ausencia,
esa que en los días grises
nos achica como el agua caliente
a un jersey
y en la plenitud del sol
apenas percibimos.

Llueve y no estás.
Y yo ocupo tu espacio
inventándome una vida 
que ningún rayo podrá partir
porque jamás existirá
por tu miedo,
que impide un nosotros.