domingo, 7 de febrero de 2016

Sin máscaras por Carnaval


Se arrancaron las máscaras como aquella primera vez que, por impacientes, la ropa apenas les duró unos segundos. Para ellos no hubo Carnaval, pues pecaban una y otra vez. Así, conocieron la felicidad del que ama y es correspondido. Hasta que las gomas de las caretas se rompieron a base de tirones. Se miraron otra vez y volvieron a enamorarse. Esta vez, con más deseo y cumpliendo las promesas que nunca se hicieron porque no les hizo falta. Sabían que andarían por la vida cogidos de la mano.

domingo, 31 de enero de 2016

La guerra en tu cuerpo


Parecían dos personajes de una canción de Sabina. Él esperaba que las cosas sucedieran solas, pero no entendía que delante tenía a una rubia loca a la que no le importaba jugarse la vida y el corazón por él. Se besaban bajo cada farola, discutían a gritos, pero no podían separarse sin abrazarse, sin besarse, ni sin prometerse la vida. 

Ella no quería príncipes azules, pues siempre alzaba la bandera de la república. Las niñas, afortunadamente, ya no quieren ser princesas. Ella se escondía tras sus trincheras, por eso él le secaba las lágrimas sin saber que estaba siempre en lucha. Ella entendía que la guerra se libraba en su cuerpo, por eso le hacía el amor con un rifle bajo la almohada, del que se olvidaba con cada beso. Entonces, ella entendió los versos de Miguel Hernández que con cada guerra televisada recitaba:


Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
 
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
 
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.


Y volvió a sentirse casi invencible en sus brazos.

domingo, 24 de enero de 2016

Alicia en su laberinto

Se encontraron por casualidad en un pasillo. Cruzaron sus miradas y sus nombres. Hacía calor, la canícula apretaba y el deseo aumentaba con cada risa, con cada saludo. Él le dijo que algún día acabarían juntos; ella, por su parte, pensó que estaba loco. Por eso, como si se tratara de Alicia en El País de las Maravillas, acabó corriendo por su laberinto. Perdiéndose en él, acabó perdiendo el miedo que la había aprisionado a vivir. Juntos caminaron por el lado de la vida que más duele y salieron ilesos.

Llegó el día de la despedida. Pero no podía existir una despedida entre ellos. Demasiado amor, demasiada verdad como para dejarlos abandonados en un banco cualquiera. Hubieron más lágrimas, pero estas se las secaron mutuamente. Volvieron los paseos, las cenas, los "te quiero" y, de repente, los "espérame". Él desnudó a Alicia, a quien solo le quedaba su sombrero loco. La desnudó arrancándole la ropa a escondidas, sin que nadie se enterara porque el resto pensaban que estaban lejos el uno del otro. Pero ahí estaban, compartiendo cama una vez más. Él sabía cómo quitarle la ropa, pero también, cómo desnudarle el alma.

Seguían despidiéndose con promesas de futuro en las bocas de los metros. No les importaba la gente, aunque seguro que se morían de envidia al verles besarse con tanta pasión. No podían soltarse el uno del otro. Sus cuerpos, como sus palabras y deseos, tampoco mentían. "Nos vemos el lunes", y aunque solo fueran cuarenta y ocho horas sin él, Alicia no pudo hacer otra cosa que refugiarse en la barra de un bar para sobrevivir al espectro de la Reina de Corazones. Llenaba sus vasos de alcohol y en el poso de cada vaso solo se leía el nombre de él. Así que Alicia cometió la locura, como él hizo en su día, de prometerle un futuro. Y es que él tenía los ojos de los hijos de Alicia.

lunes, 18 de enero de 2016

Viaje a Ítaca


Hay quienes plantean la vida como un viaje, pero de viajes hay muchos. ¿De qué sirve irse con prisas si no sabes volver con calma? Todos tenemos una isla, una Ítaca que queremos alcanzar. Primero, corremos hacia ella y no importan los tropiezos, hasta que dejamos de avanzar. Entonces, aprendemos a andar y recogemos las enseñanzas que se esconden tras cada traspié. No es fácil ser Ulises, pero tampoco es fácil ser Penélope. Casi más desesperante es esperar que tener que atarse a un mástil para ignorar los cantos de sirena y que acaben en el olvido.

Pero no todos los viajes a Ítaca son iguales, como decíamos. Siempre hay esos mensajes que llegan en el momento menos esperado pidiéndote que ejerzas de Penélope y esperes. ¿Cómo hacerlo cuando tu alma es de Ulises, cuando estás acostumbrada a remar en los momentos en los que la marea sube y las olas braman? No, jamás podré ser como ella. Tengo ese alma de viajero y seguro que Penélope también lo tenía, me digo. Las hay que esperan haciendo y deshaciendo lienzos y quienes pintan su vida tendiendo la mano a quien aman. Vivir es llevar el barco a esas olas o un paseo de la mano por el Gótico de Barcelona un domingo por la tarde.

Ulises siempre hubieron, pero las Penélopes aprendieron que Ítaca no era inamovible. Y es que el miedo al viaje y, sobre todo, a la llegada, solo puede vencerlo el viajero que se enfrenta a la cólera de Poisedón. Ese será quien alcance la orilla y encuentre a Penélope matando monstruos en cualquier esquina de un callejón húmedo y oscuro para robarte, otra vez, mil besos en cualquier despiste y vencer, de una vez por todas, al miedo juntos.

domingo, 10 de enero de 2016

Día de Reyes y niños


El día de Reyes, dicen, es el día de los niños y de su ilusión. Cuando crecemos, esa ilusión, ese querer ser niño, lo olvidamos, lo dejamos atrás. Sin embargo, un año te ves asfixiada por el gentío en un gran centro comercial para comprar un regalo. Sientes, realmente, que vas a hacer magia o que, al menos, vas a participar en un juego de magia, por eso coges aire y aguantas las prisas y los codazos de los otros. Entonces, vuelves a la niñez, a respirar esa ilusión, la misma que hace que dejes tu regalo junto a los que son para ti, por primera vez, al lado de un Caga Tió que llegó después de visitar varios bazares chinos por tal de encontrar uno con cara de simpático.

Rompes los papeles de los regalos y en tu boca solo se dibujan sonrisas y besos. Ahí está, otra vez, la ilusión. No la habíamos perdido, como tampoco él había perdido la inocencia del niño que un día fue y que esperaba a sus Majestades de Oriente cada seis de enero. Ahí estábamos, borrachos de ilusión y sin carbón. Entonces entiendes que la vida es ilusión, es creer en quienes nos rodean y en su magia.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Banda sonora de mi 2015

Como cada año, aquí está la lista de doce de las canciones que han formado parte de mí durante este 2015. Posiblemente, uno de los años más difíciles a los que me he enfrentado, pero, al menos, acaba cargado de esperanza e iniciando nuevos caminos.

Las canciones no están en ningún orden, ni de importancia ni cronológico. Espero que las disfruten y que entren con buen pie en el 2016.


1. Que sigui avui, Joan Dausà




2. Cuando ella toca el piano, Standstill




3. Para dormir cuando no estés, Supersubmarina




4. El círculo polar, Miguel Ángel Bueno




5. Arráncame, Vanesa Martín




6. No vale la pena, Mártires del compás




7. Mundo marrón, Estopa




8. Oh, salvaje, Zahara




9. Dancing in the dark, Bruce Springsteen




10. El día de la ira, Ismael Serrano




11. Nocturnal, Amaral




12. A la orilla de la chimenea, Joaquín Sabina




martes, 29 de diciembre de 2015

Cuando la vida nos cala los huesos

En la vida podemos tener miedo por varios motivos, incluso no es anormal el propio miedo a vivir. Pero si hay un miedo intenso, que nos paraliza, es cuando miras a unos ojos y estos te devuelven una sonrisa. Tienes miedo a que esos ojos, por cualquier motivo, se apaguen. Decían por la megafonía de la estación que  mientras esperaba mi tren, cuando otros pasaban a toda velocidad y por los que pronto perdí el interés, que a la salida de la estación un hombre se había arrollado a la vía. De repente, el silencio entre los que esperábamos; también, detenían el ritmo los convoyes. Entonces, la vida se para por un instante. Pero sabes que sigues viva cuando cierras los ojos y sabes que esa sonrisa espera escuchar el ruido de las llaves en la cerradura, aunque sepa que eres un poco torpe en eso de abrir puertas.

La vida puede asustar, sí. Aunque mirarla de frente mientras sonreímos porque no podemos entrar a esa exposición que nos esperaba un domingo de Navidad, mientras la gente aguardaba cola o compraba compulsivamente, siempre nos convierte en un poquito más valientes. Sonreímos porque tenemos la oportunidad de perdemos por los recovecos del Raval y volver a descubrir una ciudad, Barcelona, que nos acuna a la vez que nos escupe a la espera de cualquier semáforo que decidimos, sin saber el porqué, cruzar en rojo con parsimonia. Entonces, los coches de la Diagonal se aquietan ante nuestras pisadas. Somos nosotros los que marcamos el ritmo de la ciudad.

La vida duele, claro que lo hace. Pero lo hace menos cuando perdemos ese miedo a amar y a sentirnos amados, aunque nuestro Peter Pan nos abandone y los pantalones -ya sea por la altura o por los excesos de estas fiestas que siempre guardan un regusto de tristeza por dejar vacíos huecos en una mesa que antes siempre estuvieron habitados-, dejen de ser de nuestra talla. Y es ahí cuando el miedo nos acecha, cuando realmente nos cala los huesos. Porque sabes que no volveremos a ser los de antes nunca, pues ahora sí tienes un tesoro entre las manos y en el alma. Entonces, es el momento de brindar por los que ya no están y por los que siguen cruzando con paso lento los semáforos en rojo, aprendiendo así a disfrutar de cada paso uno al lado del otro y cogidos fuerte de la mano.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Me llamarán puta


El papel de la mujer en la sociedad muestra realmente cómo es una sociedad. Desde Occidente nos solemos llevar las manos a la cabeza -lógico- cuando vemos a mujeres que son obligadas a llevar un burka que las tapa por completo, cuando las lapidan por cualquier acto que puedan considerar delito, como el adulterio, o cuando se les prohíbe conducir. Mirando ese espejo nos creemos modernos, progres, pero los datos nos hacen darnos de bruces con la realidad: una de cada cinco españolas ha sufrido violencia física o verbal; 62 millones de mujeres han sufrido malos tratos en Europa; la brecha salarial de género aumenta cada año en España y ya se sitúa en el 24% (las mujeres deberían trabajar 79 días más al año para hacer desparecer la brecha). La lista podría ser prácticamente interminable.

Para visibilizar los abusos y la violencia a los que las mujeres están expuestas a lo largo de su vida, la organización noruega sin ánimo de lucro Care ha lanzado el vídeo Querido papá, todos me llamarán puta para concienciar de la importancia de las bromas que la sociedad acepta y que acaban conformando una sociedad machista que aplasta a un gran porcentaje de mujeres. Es un vídeo con el que emocionarse, pero también un vídeo que llama a la lucha desde la educación, desde donde deberían nacer todas las batallas para que el único objetivo fuera la libertad del individuo, y, por lo tanto, la colectiva.