lunes, 13 de junio de 2016

La ventana indiscreta


Uno al lado del otro nos sentamos en el borde de la cama y miramos hacia afuera. El verano trae la vida a los patios de los vecinos. Vemos como los de enfrente comen los cuatro en la mesa; la de abajo, riega las plantas; a la izquierda, una mujer explica su día por teléfono echada en la baranda de su balcón; y a la derecha, una pareja pasea medio desnuda por el salón.

Los miramos en silencio y atentamente. Solo hablamos para señalar a unos u otros, dependiendo de lo que nos parezca más interesante. Así paramos nuestra vida unos minutos, como si nuestra ventana fuera igual de indiscreta que la de Hitchcock. Nos miramos y volvemos a lo nuestro con un beso. No tenemos nada que envidiarles, ya no.

Es la hora de la cena, hoy vamos fuera. Me coges fuerte de la mano de camino a un restaurante aún por escoger. Pisamos con fuerza y reímos mientras hablamos de cualquier cosa. Miro hacia una ventana y hay un hombre que nos mira. Se parece a Alfred.

martes, 7 de junio de 2016

Monstruos en el armario


Nunca creí en sus monstruos. Supe desde un principio que tras cada capa de él, había un halo de esperanza. He visto sus ojos brillar, he sentido en mis brazos cómo se mueve su cuerpo al reír, he lamido sus heridas y he escuchado cómo late en mi pecho. También he visto sus miedos y sus inseguridades, incluso sus manías y vicios. Y toda esa luz que ofrece a cada paso, con cada respiración, hace que me atreva a recoger los pedacitos de mi mundo cada vez que se destruye para que vuelva a empezar mi propio puzzle. 

Le miro, me sonríe. No puedo ver a los monstruos; no hay monstruos, pues les disparamos a cada paso. Le miro y el mundo duele mucho menos. Le cojo fuerte de la mano para enfrentarme al futuro que nos acoge. Vivimos, al fin y al cabo. Y si hay monstruos escondidos en su armario, bailaré con ellos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Duermes


Es extraño verle dormir, vigilar su sueño. Su respiración se ralentiza y todo alrededor parece un estruendo. Él duerme y me tumbo a su lado. No consigo que mi respiración vaya a su ritmo, aunque me siento tranquila. Me gusta imaginar lo que está soñando cuando veo que su rostro se relaja. Es en ese momento cuando deseo acariciarle el pelo, pero no me atrevo. No quiero sacarle de sus sueños, aunque tenga celos de Morfeo por tenerle rendido a sus pies. Desearía que abriera sus ojos y me sonriera, como hace cada vez que despierta y estoy a su lado, pero no me muevo para que sus párpados sigan cerrados. 

Tengo la sensación de ser una ladrona, de estar robando una parte de él. Es excitante mirarle cuando no se da cuenta. Se mueve con lentitud. Coge aire profundamente y lo suelta despacio. Yo dejo de respirar durante unos segundos para que no se despierte, para poder seguir siendo esa ladrona. Duerme tranquilo, así que ahora sí, le acaricio despacio el pelo. De repente, mi respiración se agita mientras la suya continua tranquila. Siento el calor de su piel y sonrío al ver que él es mi sueño. Entonces, abro los ojos y ahí sigue, meciéndose en los brazos de Morfeo. Sonrío mientras me acurruco a su lado y el mundo duele un poco menos.

domingo, 22 de mayo de 2016

Un año y un día

Hace una semana y un día que espero tu llamada. Esa llamada que cada 14 de mayo llevaba la cuenta de las primaveras que sumo. Echo de menos que me digas esas cosas que me hacían enfadar y las regañinas que te dedicaba por teléfono para que hicieras lo que tocaba. Entonces, te reías, me llamabas prenda y cambiabas de tema. Me preguntabas si aún seguía estudiando, cómo me iba en el trabajo o si algún muchacho me rondaba. Yo reía. Hoy las respuestas a esas preguntas han cambiado: sigo estudiando, el trabajo lo vamos llevando y, sí, abuela, tengo novio. Sé que te gustaría conocerle, que le contarías tus chistes y tus anécdotas y todos reiríamos, una vez más, contigo.

No hace demasiado que al móvil me llegó un vídeo de ti en el hospital. Contabas uno de esos chistes y todos reían a tu alrededor. Sabíamos que ya nos quedaba poco para disfrutar de ti, de tu alegría contagiosa, de tu fuerza. Ambas las llevaste como bandera hasta el final. ¿Y sabes qué? Te admiro. Te admiro porque hay que ser muy valiente para enfrentarse a la muerte durante meses con una sonrisa.

Hoy, 22 de mayo, hace un año y un día que espero tu llamada.

viernes, 20 de mayo de 2016

Barcelona sobrevivirá


Hay quien acude a tu rescate recogiéndote en sus brazos y, justo en ese instante, te recompone el alma. ¿Cómo no creer en la magia cuando eso sucede? Aunque su piano lleve tiempo en silencio, como podrían cantar Standstill, Barcelona sobrevivirá gracias a él.

lunes, 9 de mayo de 2016

Surfeando


Barcelona, 8 de mayo del 2016
Hay quienes se pasan la vida esperando. Se quedan mirando frente al mar esperando que las olas les lleven. Una vez que eso sucede, intentan llegar a la orilla de nuevo sin ahogarse demasiado. Pero también están los surferos, los que cogen su tabla, se meten en el mar en pleno oleaje y solo esperan coger la ola más grande, para subirse a ella y llegar a la orilla en pie. Si caen, vuelven a levantarse para encararse a la siguiente ola, y aunque lleguen en pie, vuelven a meterse en el mar para enfrentarse a la corriente. Ellos sí saben cómo vivir la vida, sin quedarse al margen y enfrentándose a sí mismos. Vivir es surfear, es mirarse en el espejo y reconocerse.

lunes, 2 de mayo de 2016

El brillo de los ojos


Nació en primavera en una noche lluviosa. En la casa de al lado los vecinos lloraban por la muerte del abuelo; en su casa, en cambio, lloraban de alegría por su nacimiento. Decidieron ponerle Felicidad y desde muy pequeña corría para escaparse de todos aquellos que iban tras ella para atraparla.

Felicidad se enamoraba con facilidad, pero poco tardaba en escaparse. Odiaba sentirse perseguida. Se aburría de todos aquellos que se inventaban mil excusas para no enfrentarse a ellos mismos; así no podrían retenerla jamás. Se reía de aquellos que se jugaban con la suerte estar a su lado y no a través del esfuerzo.

Hace poco, te miré a los ojos. Seguían siendo claros, ese azul que se confunde con el mar. Corrías tras ella y te dabas de bruces una y otra vez. Pero ese día en ellos había algo diferente. Te habías dado cuenta de que a Felicidad no se le atrapa, solo hay que disfrutarla a través de las pequeñas cosas. Está ahí, mientras cantas a ritmo del rock 'n' roll de Bruce Springsteen, coges conchas en la orilla del mar una tarde de domingo o comiendo aquello que has aprendido a cocinar. Justo ahí, en esa satisfacción, en ese pequeño triunfo. Y es que Felicidad siempre fue de la mano -aunque haya a quien le cuesta verlo- de Valentía. Esa valentía que está en hacer algo por primera vez. Esa gran valentía que solo encuentra aquel que se enfrenta a sí mismo; entonces, empieza a ganar batallas. Así es como los ojos de Felicidad brillan, también los míos.

lunes, 25 de abril de 2016

Hidalgo

Pintura extraída de Google Imágenes

Cada año la primavera trae a Barcelona historias de dragones, caballeros y princesas. Las calles quedan cubiertas por el olor a rosas y libros. Te miro y sonrío. Bien sabes que aunque me trates como tal, no soy ninguna princesa, pues poco tardo en izar la bandera de la república. Pese a ello, insistes. Y yo vuelvo a sonreír porque sin escudo alguno has sido capaz de apuntar con la lanza a tus dragones. Siento orgullo de ti. No busco a ningún caballero andante, ya que admiro a los locos hidalgos que cabalgan a lomos de rocinantes y se enfrentan a gigantes con forma de molinos. Así que sigo mirándote mientras continuas cabalgando. Y vuelvo a sonreír.