domingo, 29 de marzo de 2015

Semana negra para el periodismo

Ha sido una semana negra, por muchas cuestiones, pero también para el periodismo y la libertad de expresión. Para empezar, TVE, la televisión pública, la de todos, recordemos, decidió no renovar a Yolanda Álvarez, corresponsal en Gaza, por las quejas de Israel, que llegó a acusar a la periodista de ser "una correa de transmisión de los mensajes, cifras, imágenes y datos de Hamás".

El segundo caso es el de Jesús Cintora, quien hasta el viernes era el presentador de Las mañanas de Cuatro. Cintora siempre se ha mostrado muy crítico con el gobierno del PP y ha mostrado su simpatía, en varias ocasiones, a Podemos. Una posición que, finalmente, le ha costado el puesto.

Hoy, mañana y pasado seguiremos escuchando voces que nos obligarán a mirar a países como Venezuela para decirnos que allí no hay libertad de expresión y así inyectarnos el miedo por vena. Pero cuando un periodista hace su trabajo y opina en nuestro país, como vemos, no estamos tan lejos de esos países que utilizan para acobardarnos.


lunes, 23 de marzo de 2015

Y seguía lloviendo

Llovía con furia. Mi cuerpo, a duras penas, mendigaba por una ciudad en la que cada vez cuesta más respirar. Sin fuerzas, me dejé caer en tus brazos. Podrías haber hecho lo que quisieras conmigo, y sin embargo, decidiste hacerme el amor.

El aire y la lluvia azotaban con fuerza tu ventana mientras nos contábamos historias en tu cama hasta que el sueño nos venció. Y yo, en la oscuridad más absoluta, solo podía abrir los ojos muerta de miedo. Pero ahí estabas, durmiendo tranquilo, mientras afuera los peces de ciudad sobrevivían a través de medias mentiras, y nosotros respirábamos las mentiras que nos acercan alguna noche de vez en cuando. Y seguía lloviendo.


Tres deseos

Había un camino y una luz insegura.
Iba el Mediterráneo paralelo a mis lágrimas.
Cañas a los lados me ocultaban:
quise ponerme el traje de un mendigo.

Latía una diana sobre el punto
vital del horizonte:
Quise tener un arco y una flecha.

Quise mudar de piel, lagarto
de la tarde que de nuevo nacía:
justo lo que anhelaba cuando solo
con recordar tu nombre estabas a mi lado.


PABLO GUERRERO

domingo, 8 de marzo de 2015

Otro 8 de marzo y la vida sigue igual


Soy mujer y no pretendo ser nada más. Pero tampoco quiero ser nada menos. Por eso lucho, como buenamente puedo, a lo largo de mis días. Y es que no puedo entender por qué si hago el mismo trabajo que un hombre en cualquier empresa tengo menos posibilidades de llegar a un puesto importante, ni por qué tengo el riesgo de cobrar menos que un hombre. 

Pero no solo tengo dudas en el ámbito laboral, también las tengo en otros muchos que conforman mi vida, por no decir en todos. No entiendo por qué me dictan cómo debe ser mi cuerpo. El que tengo está decorado con estrías y celulitis, y por eso, al parecer, debería avergonzarme cada vez que me decido a enseñarlo. No entiendo por qué es normal que mis amigos hombres puedan follar día sí y día también con personas diferentes en cada ocasión, pero si yo decido hacerlo, socialmente está mal visto. No entiendo por qué se mataron a 51 mujeres durante el 2014 solo en España, ni por qué aceptamos que una de cada cinco mujeres que viven en este país haya sufrido algún tipo de violencia.

Yo tampoco entiendo, como ven, por qué sigue teniendo que existir un día para que el mundo reivindique los múltiples papeles de las mujeres. Esto es señal de que el antiguo modelo patriarcal se sigue imponiendo por puros intereses, por el miedo a la pérdida de poder de unos cuantos, lo de siempre. Yo no quiero leyes que me digan qué debo hacer con mi cuerpo, como pretendía hacer la Ley del aborto de Gallardón. Yo no quiero que se me juzgue por mi físico simplemente por ser mujer. Yo no quiero estudiar y trabajar como una mula a sabiendas de que cualquier hombre, pese a que esté mucho menos preparado que yo, pueda pasar por encima de mí. Yo lo que quiero es no tener que celebrar más el 8 de marzo, al menos como hasta ahora. Yo lo que quiero es ser una mujer libre, ni más, ni menos.

domingo, 1 de marzo de 2015

Involución

Imagen extraída de Google Imágenes

Nos erguimos por primera vez para abrazarnos. Ahora, caminamos para pisarnos.


domingo, 1 de febrero de 2015

¿Por qué volvemos?


Volver se convierte en una utopía; nunca volvemos igual. Ya no somos los mismos. Hemos roto espejos, llevamos nuevas cicatrices y hemos abandonado igual que nos han abandonado. Pero pese a ello, hay momentos en los que decidimos volver después de haber huido. Quizá sea otro método de huida que solo muestra las ganas que tenemos de encontrar un pequeño refugio.

No recuerdo el tiempo que hace que llevo huyendo, pero ahora te encuentro a ti. Te tengo frente a frente en mi imaginación. Recreo recuerdos y también me los invento. Me desgarro al mirarme en el espejo y sé que eres mi debilidad, aunque estés prohibido. Y entonces, una tarde de domingo y resaca como la de hoy es cuando encuentro la valentía suficiente para decirte que te quiero, pero solo lo escribo en una pantalla.

Quizás vuelvo porque sé que nunca estarás. Quizás vuelvo a pisar fuerte porque sé que me espera un adiós de esos que te hacen romper espejos, que nunca cicatrizan y por los que nos abandonamos. Entonces, seguiremos con la huida, si es que alguna vez la abandonamos.

domingo, 25 de enero de 2015

Qué difícil es decir adiós

Qué difícil es decir adiós. Así, sin más. Sin exclamaciones, sin remedio. Qué difícil, pienso al verte, es aferrarse a la vida que se nos escapa. Me duele clavar mi mirada en tu cuerpo preso de una cama, de medicinas y de ojos que te miran con tristeza porque saben que te vas. Qué difícil es respirar este aroma de hospital, de muerte.

Te estás yendo. Nos dicen que te irás en breve. Y tú, inconsciente como la adolescente que en una época difícil escapó de casa con su amor, sigues sonriendo a la espera de la mejoría. Nosotros, que aún no hemos aprendido ni una parte de la vida, intentamos mentirte diciéndote, como siempre se dice, que todo está bien. Tú nos devuelves la mirada y aceptas nuestras palabras, pero sé que estás convencida de que mentimos.

No es la enfermedad la que invade tu cuerpo cada vez más encogido, sino la vejez. Es ella la que se empeña en robarte. El maldito paso del tiempo y las despedidas que le son intrínsecas. Qué vértigo, qué miedo. Pero todo sin exclamaciones. Con calma. Y es que en esta habitación, la misma en la que hace casi dos décadas te robó al chico con el que huiste en tu adolescencia, todo parece en calma, aunque nuestros estómagos estén encogidos y luchemos contra nuestras lágrimas para retenerlas.

La muerte. Ese proceso natural que esta sociedad niega, como si ella no fuera la verdad más absoluta que planea sobre nuestros cuerpos. Otra vez el paso del tiempo. Otra vez los suspiros que se nos escapan. Otra vez una despedida. Otra vez caigo en la cuenta de que no he sabido decirte que te quiero. Otra vez pienso que te voy a echar de menos. Otra vez escribo “qué difícil es decir adiós” sin una sola exclamación.

domingo, 18 de enero de 2015

Gracias, Patricia Heras

Barcelona, esa ciudad de la marca turística, el parque de atracciones ideal para los que vienen a pasar unos días. Pero también es una ciudad oscura para sus habitantes.  En las calles plagadas de luces, publicidad y menús donde no faltan la paella y la sangría a precios desorbitados, mueren quienes la habitan. Y lo hacen a manos del gobierno y de la policía. Un simple peinado puede provocar un suicidio. 

Barcelona está muerta. Sus habitantes paseamos entre el gentío como zombis. Barcelona nos mata. Pero anoche Patricia Heras nos rescató de nuestras tumbas. Ella tenía razón. La vida no es más que una partida de ajedrez donde los peones mueren para que los reyes puedan ganar la maldita partida.

En los últimos días, nuestros medios de comunicación y políticos se han puesto medallas diciéndonos que somos unos afortunados por tener la libertad de expresión que ellos nos imponen, lejos de ser una libertad de expresión real. Anoche, tuvimos otro ejemplo. Se censuraron por orden judicial cinco minutos del documental Ciutat Morta, el cual nos muestra que el supuesto Estado de derecho es una gran pantomima. 

He aquí los cinco minutos que anoche la televisión catalana censuró:




Y aquí el documental completo: