sábado, 31 de julio de 2010

Vacaciones

Dentro de no muchas horas me voy de vacaciones y no me apetece en absoluto. La primera semana me la pasaré en Graná, creo que allí las cosas más o menos funcionarán; después seguiré por el sur. Me pasaré un par de semanas en Huelva y por último al pueblo (Extremadura).

Reconozco que soy una auténtica enamorada enfermiza de Barcelona, creo que no hay ciudad más bonita que ésta. Siempre que estoy fuera la echo muchísimo de menos. Ella sabe que una vez al año le pongo los cuernos con Graná, no, no es Granada, un buen granaino os lo puede decir. Y es que Graná me gusta muchísimo, se respira poesía por cada rincón, por algo es la ciudad de Lorca, pero además es un monumento en sí misma. Cada calle, cada barrio, cada casa tiene un encanto especial, una melodía, una rima, una poesía...

Como decía, Barcelona sabe que le soy infiel con la ciudad del sur y, aun consintiéndolo, me lo pone difícil. Sabe que me encantan la lluvia pero aún más las tormentas, por eso en los últimos días me ha regalado bellas tormentas, ha hecho que me asome a la ventana a las 4 de la mañana y me empape el pelo y que estos días el calor dé un mínimo respiro.

Dentro de unos minutos me toca lo peor: las despedidas. La última que tuve fue hace unas semanas en Sants. Allí prometí cuidarme, cosa que haré porque el trato se selló con un abrazo y a ver quién es listo que es capaz de inclupirla con ese sello.

Estoy a pocas horas de irme y ya sueño con el olor a mar y con la humedad con la que me recibirá la ciudad catalana a finales de agosto. En fin, sólo me queda pediros que seais un poco malos pero que me cuidéis a la ciudad hasta que vuelva.

Pd: Ya sé que soy un bicho raro, no hace falta que lo digáis.
Pd2: Tendré internet, así que esté donde esté, seguiré dando la lata.

Take care.

martes, 27 de julio de 2010

Lost (Perdidos).


No, no me he vuelto loca y por eso actualizo dos días seguidos. Es que, después de que todo el mundo se decidiera a darme la murga con Lost, decidí ver la serie. Anoche,tras dos meses viviendo muy pegada al ordenador para ir viendo los capítulos, llegué al final de esta maravillosa serie.

El final me recordó bastante al último libro de Albert Espinosa, del cuál ya os hablé hace unas entradas: Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Una reflexión sobre lo que se ha creído desde hace muchos años en varias culturas religiosas, aunque en versión moderna, acerca de la muerte y el más allá.

Sólo me queda recomendar la serie a todos aquellos que no la hayan visto porque merece, y mucho, la pena disfrutar de todas las aventuras, los entresijos y los misterios que nos da la isla.

Y quién mejor para celebrar el haber llegado al final de la serie que Sawyer.

lunes, 26 de julio de 2010

¡Hasta luego!

Hoy la entrada se la tengo que dedicar a él. Después de 16 años vistiendo la camiseta del Real Madrid, Raúl, el gran capitán, dice hasta luego al club blanco. Repito que esta entrada se la tenía que dedicar a él, y es que, aquí la que escribe, se ha criado viendo sus goles y celebrando todas las ligas y las tres Champions que ha conseguido.

Seguramente si hubiera sido un guaperas con pircings y tatuajes, además de llevar quilos y quilos de gomina y crear escándalos, se le hubiera reconocido mundialmente su trabajo muchísimo más de lo que se ha hecho, no me cabe la menor duda. Ahora, sólo hay que esperar que tenga suerte allá donde vaya y que vuelva al Madrid como directivo o como entrenador. La última opción me gusta mucho más.




Tampoco me puedo olvidar hoy del gran pistolero, Alberto Contador, que ayer consiguió su tercer Tour. Sin duda, Contador es otro gran ejemplo de superación. Hace unos años, sufrió un fatidico accidente que estuvo a punto de costarle la vida, y hoy es el que ha cogido el testigo de otro grande como es Miguel Indurain.



Pd: Últimamente da gusto escribir sobre el deporte español.

miércoles, 21 de julio de 2010

¡Qué termine esta función!

Sólo pido que estos días acaben pronto y que llegue rápido la época de septiembre-ocutubre.



*No digo lo que digo,
hago lo que no hago,
al revés, al revés, porque
ser valiente no es sólo cuestión de suerte

[...]

No olvido los sueños,
vuelvo a lo que no acabó,
no perdí, no perdí
, porque
ser valiente no es sólo cuestión de verte.

A veces no soy yo,
busco un disfraz mejor
,
bailando hasta el apagón.
¡Disculpad mi osadía!

Pensad que ya no estoy,
que el eco no es mi voz,
mejor aplaude y vámonos.
¡Qué termine esta función!

jueves, 15 de julio de 2010

Un campo de visión diferente

Hoy me han hecho una pregunta sobre un tema del que hacía años que no me preguntaban. Y es que cuando la gente se entera de las vistas que se pueden contemplas desde mi casa, se echa las manos a la cabeza y empieza a preguntarme cosas bastante extrañas y en algunos casos hasta graciosas. Al principio alucinaba con las ocurrencias de la gente, pero luego ya me acostumbré y llegué a cachondearme muchísimo de más de uno.

A mí las vistas que hay desde casi todas las ventanas de mi casa me gustan, especialmente desde la perspectiva de mi habitación. Más de una noche me la he pasado asomada a la ventana. Y es que, desde esa simple ventana, puedes ver la gran antítesis que nos rodea desde que venimos al mundo: la vida y la muerte.

Cuando miro justo enfrente y agacho un pelín la cabeza, veo la zona más alegre de un parque: donde juegan los niños más pequeños. Sin embargo, cuando giro un poquito la cabeza hacia la izquierda me encuentro con un pequeño cementerio, del cuál se ven perfectamente varias tumbas desde mi posición.

Como decía antes, vivir delante de un cementerio provoca que la gente te haga millones de preguntas que van desde los fuegos fatuos, pasando por fenómenos paranormales típicos de Cuarto Milenio hasta llegar a las apariciones marianas. La pregunta de hoy me la ha hecho una chica, que bastante asustada, me ha preguntado: “¿alguna vez un muerto ha entrado en tu habitación y ha intentado hablar contigo? Es que como llevas toda la vida viviendo allí, quizás te tienen confianza”. La chica me lo estaba diciendo totalmente convencida y a mí me ha dejado patidifusa. Lo único que me ha salido contestarle ha sido: “lo siento, pero no confían en mí”. La muchacha ha asentido con la cabeza y ha dado media vuelta, creo que más intranquila que antes de hacerme la pregunta.

Puede sonar macabro, lo sé, pero para mí asomarme de tanto en tanto a la ventana de mi habitación y contemplar lo que veo me gusta porque significa recordar que estoy viva, que aún sigo en la parte derecha de mi campo de visión. Esa parte que hace ruido, que provoca risas y también lágrimas, donde se pueden ver los primeros pasos de un niño y también sus caídas, además de carreras infinitas que demuestran la prisa que tenemos por vivir, muchas veces excesiva. Es una especie de carpe diem, una forma de recordar que lo mejor es disfrutar de lo que nos hace sentir bien, independientemente de si es mucho o es poco, porque algún día todos acabaremos en la parte izquierda del campo de visión y ahí, sí que no hay ventanas para contemplar la vida.

lunes, 12 de julio de 2010

Héroe nacional

Hoy el héroe no es ni Casillas, ni Iniesta ni ninguno de los jugadores de la Selección. Hoy el héroe es Paul.



A disfrutar del momento histórico.

viernes, 9 de julio de 2010

Donde habita el olvido.

Entré en aquel antro sin pensar. Se notaba que era el típico sitio donde no iba la gente de bien. Me senté en la barra y me pedí un whisky solo, necesitaba olvidar. Mientras estaba absorto en mis pensamientos, el camarero me sirvió, con gran sosiego, lo que le había pedido pocos segundos antes. Se le notaba que era un alma en pena.

Bebí despacio, saboreando cada gota. De repente, a través del culo de mi vaso, la vi. Era una chica normal: morena, pelo rizado y unos ojos de gata adornados por unas bellas ojeras color malva. Creo que también bebía para olvidar. No podía dejar de preguntarme qué hacía una chica así en un antro como aquél. Creo que lo que la hacía bella era la tristeza en sus ojos. Mientras la observaba pedí otro whisky. Saltaba a la legua que era la típica que va de dura pero por dentro está rota en mil pedazos.

No pude evitarlo. Me acerqué a ella. El alcohol ya iba haciendo ese efecto que nos hace perder la vergüenza. Me miró y sus ojos me desnudaron. Creo que eso es una cualidad que tienen las mujeres: son capaces de desnudarnos con tan sólo una mirada. Me cogió la mano y sin dirigirnos una sola palabra me sacó a bailar. Era un tango amargo y triste, pero a la vez precioso.

Dejamos el whisky y la barra. Nos pasamos a la cerveza y a una mesa perdida en un rincón. Por fin hablamos y a mí se me quitaron las ganas de olvidar aquella noche. Ella era quien llevaba las riendas y yo me dejaba llevar. No podía dejar de observar aquellos ojos miopes tan bellos, igualitos a los de una gata.

Se levantó, me cogió de la mano y me besó. Le dije que si me acompañaba a casa, vivía en la Gran Vía de Madrid. Ella aceptó. Por el camino no dejamos de besarnos en cada farola hasta que finalmente llegamos a mi habitación que se rindió ante ella. Hicimos el amor. Ella seguía mandando y yo me dejaba. Aproveché cada segundo porque sabía que todo lo que estaba pasando sería efímero.

No podía dejar de mirarla hasta que el maldito primer rayo de sol la despertó. Al ver mi cabeza al lado de la suya tan sólo dijo: "demasiadas cervezas". La besé otra vez pero ella no recordaba nada de la noche anterior, o al menos eso afirmaba. Se levantó, me guiñó un ojo y se marchó. Me senté en el borde de la cama; jamás me había sentido tan solo.

Poco a poco me levanté y me asomé por la ventana. Encendí un cigarro, nunca había notado tanto el alquitrán en mis pulmones como aquella mañana. La veía alejarse mientras la Gran Vía resplandecía a su paso.

No supe más de ella, la vida seguía cómo siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Un amigo común, aquel triste camarero, me contó que la veía cada noche en el bar donde habita el olvido. Hasta el día de hoy, he sido incapaz de volver y sé que he perdido muchos besos por no saber decir "te necesito".



La historia se me ocurrió anoche, a las 4 de la madrugada, mientras escuchaba tan bella canción de don Joaquín Sabina.

*Y la vida siguió cómo siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

miércoles, 7 de julio de 2010

Se puede decir más alto pero no más claro.



De este hombre es imprescindible leer "La sonrisa etrusca".

Pasad buen día y que San Fermín os acompañe.

domingo, 4 de julio de 2010

No son sólo unos ojos, ni tampoco una mirada.

Ayer me acabé la novela de Albert Espinosa: Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. No es la mejor novela del mundo, ni mucho menos, pero para pasar el rato está bastante bien. Es un relato bastante extraño basado en los tipos de amor, el sexo y la muerte. Pero no es sobre el libro de lo que quiero hablar, sino de lo que me ha pasado esta madrugada.

A Espinosa le tengo un gran cariño, le admiro muchísimo. Un tipo simpático, capaz de sacarte siempre una sonrisa y que desprende una gran ternura, cosa que jamás se debe confundir con pena. Además de todo esto, le aprecio porque, de alguna forma, formó parte de uno de los días más especiales de mi vida y también de esta madrugada.

Hace un par de años, me encontraba en Sant Joan de Déu (hospital infantil de Barcelona y donde transcurrieron los hechos de Planta cuarta), sentada en un pasillo esperando a que llegara la hora de mi visita. La consulta donde yo debía entrar estaba en el mismo pasillo donde está la oncología de los niños, un lugar muy duro para una espera. No era la primera vez que me encontraba allí, ya llevaba unas cuantas visitas en aquella consulta. Me daba rabia que la gente fuera incapaz de mirar a aquellos niños a la cara y que siempre mirasen hacia otro lado.

Aquel día me recuerdo muy cabizbaja, de tanto en tanto miraba a mi alrededor, pero sobre todo miraba al suelo. Al salir de la consulta salí igual, mirando el suelo y con las manos en los bolsillos. Es una manía que tengo desde pequeña, siempre he creído que en los bolsillos podemos guardar muchos secretos y hay que saber protegerlos. Mi madre me hablaba pero yo no la escuchaba, estaba totalmente absorta en mis pensamientos. Pero de repente subí la cabeza y todo cambió, incluso mi vida cambió.

Al levantar la mirada me encontré con los ojos y la mirada, que no es lo mismo, más bonitos y profundos que he visto jamás. Unos ojos de un azul intenso, ya le gustaría al mar tener ese color, y una mirada profunda, de esas que te calan hasta los huesos. Eran de una niña de unos 4 o 5 años como mucho. Sí, tenía cáncer, pero sus ojos estaban llenos de vida.

Mi madre seguía hablando y yo no la escuchaba, su padre le hablaba y tampoco ella le escuchaba. Ambas nos quedamos mirándonos, no podía quitar mis ojos de los suyos y de repente ella me sonrió. Intenté responderle con otra sonrisa, hacía meses que no conseguía sonreír y ella lo consiguió. Empecé a sentir mil cosas, de ese tipo de cosas que no se pueden explicar. Tuve que seguir andando, pero sin quitarle los ojos de encima y ella a mí tampoco. Antes de salir de aquel pasillo me paré en seco y fue como si nos estuviéramos despidiendo con la mirada. Tuve ganas de llorar pero me tenía que contener. Desde entonces no he olvidado a esos ojos.

Cuando salí del hospital, las sandalias que llevaba me estaban haciendo polvo los pies, así que nos pasamos por un centro comercial y allí me compré unas chanclas. Mientras mi madre miraba algo yo me escapé, como siempre hago, a la sección de libros y música. Allí encontré el primer libro de Albert Espinosa El mundo amarillo, sin dudarlo lo compré. En el libro, Espinosa habla sobre el cáncer en clave de humor y mientras lo leía no podía dejar de pensar en ella.

Desde que nací me cuesta mucho coger el sueño pero una vez que lo cojo es difícil que me despierte, pero desde hace unos meses me cuesta mucho más cogerlo y me despierto cada dos por tres. Anoche, cuando llegué de tomar algo con los amigos, me metí en la cama y en cuestión de segundos me dormí, creo que eso no me había pasado jamás. Media hora después estaba sentada en el borde de la cama llorando, me tiré más de 20 minutos sin parar de llorar. Había soñado con aquellos ojos, con aquella mirada y con aquella sonrisa y al abrir los ojos recordé la madrugada en la que esa niña me salvó la vida y no pude controlarme.

Pequeña, ojalá estés creciendo sana y hayas superado el maldito cáncer. Ojalá sigas mirando como hace dos años y sigas sonriendo de esa forma tan bella. Ojalá vuelva a cruzarme alguna vez contigo y pueda darte las gracias aunque tú no entiendas porqué te las doy. Ojalá seas la persona más feliz que exista. Gracias.

jueves, 1 de julio de 2010

En ocasiones me sangran los oídos.

Qué fácil es echarle la culpa a los demás cuando no conseguimos lo que queremos. Hoy, como bien dice el título de esta entrada, me han sangrado los oídos. Un chico, al que conozco desde hace un par de días, me ha explicado que no ha entrado en el curso para conductor de ambulancia por culpa de los inmigrantes. Dicho curso tiene 60plazas y se asignan por nota. Al chico la nota no le ha dado para entrar, así que en vez de reconocerlo, ha pagado su frustración echándole la culpa a los inmigrantes. Al parecer los que mayor nota tenían eran sudamericanos y musulmanes y por ello me he tenido que tragar un gran discurso total y absolutamente discriminatorio, y por qué no decirlo, asqueroso.

Ahora yo me pregunto: ¿si no puedo entrar en la universidad que quiero porque no me da la nota, le tengo que echar la culpa a los demás por tener más nota que yo o tengo que reconocer que no he sido capaz de dar más? Creo que la respuesta es clara.