lunes, 30 de agosto de 2010

Tengo una fobia nueva

Si mis malos presagios se confirman, como suele ser habitual, es posible que esté a punto de crecer en mí una nueva fobia. Desde siempre he tenido fobia a las serpientes. Es ver una simple imagen de una en televisión o una simple foto y ya me entran los mil males: sudores fríos, temblor de manos y piernas, pánico, asco, etc. Hasta ahora, eso y mi pánico, totalmente irracional, a hacer daño a los demás, han sido mis únicos miedos, pero ahora noto que tengo fobia a la hora de escribir.

Desde muy pequeña, con seis o siete años, he escrito a escondidas, sobre todo poesía. Durante un tiempo, ése fue mi gran secreto. Un día, a la que fue mi mejor amiga de infancia, le enseñé lo que tenía escrito, como se rió de mí en mi cara decidí dejar de escribir y rompí aquellos papeles, tenía siete años. La verdad es que mi decisión duró poco tiempo y no tardé muchos días en volver a las andadas, eso sí, esta vez sin mostrar nada a nadie.

Los años fueron pasando, y sin saber muy bien el porqué, me venía una frase a la cabeza que escribía en el margen de algún libro, con el que debería haber estado siguiendo alguna clase, y a los pocos minutos, como por arte de mágia, esa frase era un verso que formaba parte de una poesía. Mientras escribía, siempre miraba de reojo a mi compañero de pupitre para controlar que no estuviera mirando, y si me preguntaba qué hacía yo le respondía con un escueto “nada”.

Durante una época dejé de escribir, hasta que la tormenta empezó a pasar y volvió a entrarme el gusanillo gracias a las clases de literatura del instituto. Siendo sincera, más bien me obligaron a que me entrara, ya que la profesora impuso una hora a la semana de creación literaria.

En esas clases, además de escribir sobre algún tema, debíamos aprender a ser críticos, es decir, valorar lo que los demás habían escrito. Cuando a mí me tocaba, notaba cómo me iba haciendo chiquitita en la silla mientras mi mirada se fundía con el suelo. Jamás entendí los halagos, ni que mi profesora insistiera en presentar un poema a un concurso y, menos aún, que lo ganara. La tarde que fui a recoger el premio entró en la lista de las peores de mi vida, entre otras cosas, porque tenía que enfrentarme a un escenario y a un público, además, días más tarde, también por insistencia de dicha profesora, llegó una entrevista en la radio del Prat. Me consolaba diciéndome a mí misma, que al fin y al cabo, era por una buena causa, puesto que el libro que se publicó con los poemas era para ayudar a niños en campos de refugiados.

Creo que empecé a escribir porque era incapaz de soltar por la boca lo que me estaba ocurriendo. Podría ser mi forma de pensar y quizás también, por qué no, de actuar. Y es que creo que siempre se me ha dado mejor escribir que hablar, al menos a la hora de expresarme. Cuando hablo lo hago muy rápido, me suelo encasquillar, incluso llego a tartamudear, y me dejo mil cosas en el tintero. Por ejemplo, cuando tuve que leer aquel poema delante de un público y después en la radio, me pasó todo lo que he citado antes, sin embargo, cuando lo escribí salió solo, salió de dentro.

Afirmo que empiezo a tener fobia a la hora de escribir, sí, estoy convencida y creo que es porque es así cómo soy capaz de ponerme frente a frente con mis fantasmas, con mis sombras, con mis miedos y con mi vida. Quizás es por eso que todo lo que he escrito en el último mes ha desaparecido. He roto todas las hojas escritas a mano y he borrado todos los documentos escritos a ordenador y es que empiezan a flaquearme las fuerzas. Posiblemente es que soy una cobarde, tampoco lo niego, pero ahora sé que no soy capaz de pelearme con ellos como hago habitualmente, necesito un respiro, cosa que no significa rendirse, eso nunca.

Muchas veces me han preguntado qué es para mí la poesía, pregunta que jamás he sabido responder. Siempre me he encogido de hombros y he respondido con un tímido “no sé”. Pero esta noche me he dado cuenta de lo que significa para mí, al menos en estos momentos: es algo que se forma con palabras, pero que no se puede explicar con ellas. Algo capaz de tocarte la mente, el corazón y el alma a la vez que puede darte una patada en el estómago que hace que te retuerzas de dolor, eso es la poesía.

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Sólo el conductor tiene que tener precaución?

Después de un mes de agosto de idas y venidas, por fin estoy en casa. Ha sido un mes muy difícil, pero aquí estoy, de nuevo escribiendo en el blog desde mi habitación pese a que estoy exhausta después de 12 horas de viaje en coche con la dichosa ola de calor encima.

Después de un viaje tan largo con el que he cruzado media España, me pregunto cómo no hay más accidentes en la carretera. Y es que, siempre que se habla que los accidentes de tráfico se dice que se producen por una imprudencia de algún conductor, cosa que no contradigo porque hay mucho cafre suelto que no me explico dónde les dieron el carné, pero también habría que comentar el estado de las carreteras porque es pésimo.

Hay que reconocer que la mayoría de las carreteras que forman las grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, están en buenas condiciones, pero una vez que sales de ellas, tienes que tener muchísimo cuidado porque hay carreteras que parecen tercermundistas, como la mayoría que forman el territorio extremeño, es alucinante. Quien se extrañe de que haya tantos puntos negros por allí, le aconsejo que se dé un paseo y verá la odisea que es eso.

Otra carretera pésima y con la que se me ha encogido el corazón varias veces, es la A-2 de Madrid a Zaragoza. Casi todo el tramo está en obras y en las zonas que están cortadas, son tan sumamente inteligentes, que no ponen ni una sola señalización; simplemente te cortan la carretera tras una curva de poca visibilidad y el que no vaya a 20km/h se come los cachivaches que ponen para cortarlo. Supongo que hasta que no pase algo grave no lo solucionarán, como siempre. Parece mentira que tenga que pasar una desgracia para que se reaccione.

Pero además de todo esto, también hay muchísimos imbéciles sueltos que no se dan cuenta del peligro que corren ellos mismos y el que hacen correr a los demás. Y es que no entiendo porqué alguien al ver una matrícula de Barcelona tiene que hacer el tonto, de verdad que no sé qué ganan con ello ¿Qué nos matemos todos? Es que no se me ocurre otra cosa. Por favor que alguien me lo explique.

Hoy me despido con Kiko, ya que fue mi gran compañía en Graná. El loro es una pasada, habla y reproduce los sonidos que da gusto. Nunca sabes si te está hablando una persona o él. Igual pasa con el sonido de los móviles, el del horno, el del microondas y todos los que se le pongan por delante.

domingo, 15 de agosto de 2010

Ida y vuelta

Me encuentro en el aeropuerto camino del sur otra vez. El domingo aterricé en El Prat por un tema de papeleos para la universidad, desde entonces he estado bien, contenta y sintiéndome libre. También he tenido muchísimos momentos para pensar, es lo que tienen esos deseados momentos de soledad y silencio. He pensado en tantísimas cosas, he repasado tantísimos momentos vividos y me he imaginado tantísimas situaciones futuras... Creo que todo esto me ha hecho cambiar, no sé si para bien o para mal, los cambios nunca sabemos si son buenos o malos hasta que pasan. Aunque quizá, cuando dentro de un rato aterrice en el aeropuerto de Sevilla, todo lo anterior se desmorone.

Durante estos días, he estado con algunos amigos, me he reencontrado con gente que no veía desde hacía más de dos años, he paseado por Barcelona –¡qué bonita está-, me he leído El guardián entre el Centeno, he escrito, he ido al cine, durante las tormentas, saqué la cabeza por la ventana para empaparme, me he dado duchas de agua fría a las 3 de la mañana, he dormido como antaño, en una de las teles del Carrefour estaba puesto un concierto de Estopa y la puse a todo volumen y canté como si no hubiera mañana mientras la gente me miraba, cosa que me dio completamente igual; he jugado con una simple botella de agua llena a una especie de rondo en medio de la calle a eso de las 2 de la madrugada, he reído, he llorado… Resumiendo: he disfrutado de esas pequeñas cosas que a mí tanto me gustan y que me hacen sentir libre.

Mientras espero que mi vuelo salga, no puedo dejar de mirar a mi alrededor. Creo que un aeropuerto puede ser lo más bonito y a la vez lo más trágico. Es precioso ver a la gente reencontrándose con amigos, ver a parejas cogidas de la mano paseando con sus maletas con un cierto nerviosismo para no perder su vuelo con destino a algún rincón del mundo; ver a niños nerviosos por su primer viaje en avión y escuchar cómo se imaginan qué es poder volar. Pero también es trágico porque ves que hay gente que se va con dolor; quizá porque dejan a alguien importante en tierra, quizá porque odian volar o tal vez, porque no quieren ir a algún sitio al que se ven obligados a ir.

Reconozco que por primera vez en mi vida me da pánico volar. No por el hecho de subirme a un avión –cosa que jamás me ha dado ni una mínima impresión-, sino por el hecho de ir a un lugar en el que sé exactamente lo que me voy a encontrar, y eso me aterra. Volver a entrar en círculos viciosos para tachar como loca los días de un calendario que no existe. Toca volver a sobrevivir.

Os dejo una canción de Dani Flaco, que desde la primera vez que la escuché, me ha acompañado.



Tenía los ojos más bonitos nunca vistos,
mas tenía el corazón más desdichado.
Tenía el alma llena de marcas de mordiscos
y un amor descafeinado.


Tendrías que haberla visto correr
tras caricatos, palmeros, cantautores.
Tendrías que haberla visto morir
de mal de amores.

Bruja de corazón sucio
como un lavabo de hombre:
princesa del subterfugio,
voy olvidando su nombre.
Bruja de corazón roto
como un cristal contra el suelo,
ya no me duerme su foto
las noches que me desvelo.


Tenía un billete de ida y vuelta a mi cabeza,
el finiquito por despido en mi memoria.
Tenía la llave de la puerta de salida de mi vida,
de mi mente, de mi historia.

Tenía un trato con Lucifer,
salió perdiendo, resultó que era mi amigo,

lo conocí en el averno
que escondía tras su ombligo.

Bruja de corazón sucio
como un lavabo de hombres:
princesa del subterfugio,
voy olvidando su nombre.
Bruja de corazón roto
como un cristal contra el suelo,
ya no me duerme su foto
las noches que me desvelo.

Tenía una boca desbocada, quiso, y no pudo, ser hada,
el cuento le traicionó.
Tenía lo que yo, es decir, nada, una mañana desolada,
hasta el sol la abandonó.

Tendrías que haber olido su piel,
aquel perfume se perdía entre sus dudas,
jamás le trajo una carta
el cartero de Neruda.


Bruja de corazón sucio
como un lavabo de hombres:
princesa del subterfugio,
voy olvidando su nombre.
Bruja de corazón roto
como un cristal contra el suelo,
ya no me duerme su foto
las noches que me desvelo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Hasta el infinito y más allá

Ayer, por fin, fui al cine a ver Toy Story 3. Qué ganas tenía de verla. Cuando decía que quería verla, alguno que otro, me soltó que si me gustan esas películas es que soy muy infantil. Pues quizá tienen razón, pero oye, cómo disfruté viendo la película. También me di cuenta, siguiendo este criterio, que hay mucha gente que es muy infantil, puesto que en el cine un niño y yo éramos los más jóvenes, los demás no bajaban de los 30.

Me reí muchísimo con el momento flamenco de Buzz, muy grande Diego El Cigala doblándolo, y a punto estuve de que se me escapara alguna lagrimilla cuando Andy juega con la cría. ¿Qué queréis? Me he criado con todas estas películas de Disney-Pixar y las tengo casi todas en un VHS, las originales ¿eh? Nada de grabaciones. Se puede decir que tengo una gran filmoteca de Disney.

Antes de entrar en el cine me escapé a la sección de libros del Carrefour y me compré Dime quién soy de Julia Navarro. ¿Alguien lo ha leído? Y si es así, ¿qué os ha parecido?

Os dejo con la versión de Gipsy Kings de Hay un amigo en mí.



Pd: He cambiado el look del blog porque el otro ya tenía solera. También me podéis decir qué os parece.

lunes, 9 de agosto de 2010

9 de agosto.

Sinceramente, hoy no tengo ganas de escribir. Me he pasado toda la noche sin dormir, porque como me tenía que levantar temprano, tenía miedo a quedarme dormida, siempre me pasa igual. Pero escribo porque hoy es un día de esos marcados en el calendario: hoy hace 14 años que murió mi abuelo.

No le recuerdo con tristeza, ni mucho menos, sino con una sonrisa. Fue un hombre que metió la pata muchísimo e incluso hizo mucho daño, pero tuvo la gran capacidad de reconocer sus errores y enmendarlos. Por eso, hoy todo el mundo lo recuerda con una sonrisa, y no porque esté muerto, sino porque siempre era el alma de la fiesta, lo que no se le ocurría a él, no se le ocurría a nadie. Siempre metido en todos los fregaos, siempre gastando bromas y siempre sacando carcajadas a los que le acompañaban.

Recuerdo la última vez que lo vi: estaba en el hospital, muy malito por culpa del maldito tabaco que le llevó al maldito cáncer de pulmón. Supo que iba a ir a verle y pidió que le quitaran el oxigeno y todos los aparatos que tenía conectados. Recuerdo perfectamente ese momento. Tan sólo fueron un par de minutos porque él tampoco podía aguantar más. Tuvo la gran suerte de no sufrir mucho, ya que el maldito cáncer se lo llevó en poquito tiempo.

Los que le conocieron y me conocen, aseguran que nos llevaríamos muy bien, que tenemos muchos gustos en común. La verdad es que yo era su ojito derecho. Para mi cumpleaños, cogía un avión y se plantaba en Barcelona porque decía que él no se podía perder el cumpleaños de su nieta. Por eso me da rabia el no haber tenido más tiempo para estar con él. Quizás porque pienso que con él las cosas irían mejor y tendría un abrazo cuando las cosas no van bien, que podría ser feliz con tan sólo coger el teléfono y llamarle, y es que, cuando era pequeña y pasaba por una cabina que sigue habiendo en la Av. Montserrat, era obligatorio llamarle, en gran parte, porque siempre me sorprendía con algo.

Tenía 4 años cuando él murió. Con esa edad no sabía qué era eso de la muerte. Como os podéis imaginar, me contaron el cuento de "se ha ido al cielo". Dos años después fue cuando caí en la cuenta que jamás le volvería a ver. Empecé a llorar y mi madre ya no sabía qué hacer para calmarme, simplemente me decía que él desde el cielo estaría conmigo. El problema viene con que nunca he creído en eso. Creo que cuando alguien muere se va para siempre, que no hay cielo ni infierno, ni nada: "polvo eres y en polvo te convertirás".

Hoy, 14 años después, creo que me vuelve a pasar lo que me pasó dos años después de su muerte, y es que es ahora cuando más de menos le estoy echando. Pero bueno, la vida es así de jodida.





Se marchó,
se fue por donde había venido
y no volvió,
y me ha dejado con dos tazas de café
y un papel que dice "Adiós"
y una foto de carné
y el alma llena de pena.

viernes, 6 de agosto de 2010

Bienvenida, Miss Obama.

Ayer los medios de comunicación se hacían eco de que Michelle Obama iba a venir a Graná-recordad que no es Granada- para visitar la Alhambra y otros sitios de interés turístico. Como era de esperar, se lió una buena: policías en cada rincón, atascos, se cerró la Alhambra para ella sola y para su hija, etc.

Mientras veíamos las noticias, mi tía comentó que donde ella vivía antes, por la parte de atrás de la Alhambra, una tarde salió a comprarle un helado a mi primo que por aquel entonces contaba con dos años. El niño salió de su casa con una pistola pequeñita de plástico que además era de colorines. Se ve que fue poner un pie en la calle y un grupo de gorilas les acorralaron. Mi tía no entendía nada de lo que decían y sufría por si les hacían algo. Al final, se acabó enterando que era porque Clinton estaba en la ciudad.

A mí estas cosicas me dan vergüenza ajena. Estoy completamente segura de que si no montan todo el circo que ayer estaba montado nadie se entera de que esta mujer está en la ciudad, y por lo tanto, tendría más seguridad. A mí me parece muy bien que la quieran proteger, es lo lógico porque esta gente está expuesta a grandes peligros, pero este comportamiento, sobre todo por parte de los medios, me llega a dar pena porque es como retroceder en el tiempo; tan sólo nos faltan las boinas. Bienvenido, Mister Marshall, perdón, Bienvenida, Miss Obama, it's Spain.