sábado, 30 de octubre de 2010

Sigo siendo la misma que antes de ayer

El otro día, uno de mis compis de clase me dijo: “ojalá volviera a tener 15 años. Hay que ver, ahora que me acerco a los 40 quiero volver atrás y cuando tenía tu edad sólo quería que los años pasaran rápido”. En el momento le sonreí y no reflexioné el pensamiento que hizo en voz alta, pero esta noche sus palabras suenan en mi cabeza igual que si fueran martillazos. Y es que, en ocasiones, no sé qué soy ni a dónde voy. Hay días que me encantaría volver a tener dos años y días en los que me encantaría tener 30. Días en los que no deseo nada más que llorar y otros que sólo deseo reír. Días en los que mandaría todo a tomar por culo y desaparecería y días en los que me quedaría en mi cama sin moverme durante horas. Supongo que es la consecuencia de vivir en una montaña rusa constante. Mañanas, como la de hoy, en las que el tiempo vuela cuando estás con amigos, y tardes y noches que pasan lentas y abrasan poco a poco por dentro.

Escucho a Serrat cantarle a Lucía eso de “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido/ nada más amado que lo que perdí”, mientras Sabina, con su frente marchita, reafirma las palabras de su amigo cuando le canta a Argentina, diciendo algo así como “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Sopa de Cabra, por su parte, le hace un tributo a l’Empordà y sus versos cuentan la historia de alguien que se agarra a la vida cuando está borracho, “quan més vell més tocat de l’ala”, dicen. Quizás es eso, contra más viejos nos hacemos, más locos nos volvemos y más cobardes también. Por eso hay que recordar allí donde solíamos gritar, como hace Love of Lesbian, para no perder el rumbo y recordar quien somos. Ismael Serrano se encarga de recordarnos que nos van a devolver los veranos perdidos por mucho que Cernuda nos vea cómo suspiramos cuando estamos tristes o cómo se van deshaciendo nuestros sueños en la espuma del tiempo. Maldita Nerea por su parte, también comenta ese miedo que tenemos a equivocarnos. Estopa canta que hay una autopista, ellos dicen que es la del destino pero cada uno que crea en la que le dé la gana, que se cobra cuando menos te lo esperas. Mientras levanto las manos al son de Macaco, me pregunto cuantas manos tendremos que levantar para que se nos escuche. Menos mal que aún tenemos al esperanzador de Charly, que se tiró por nosotros desde un rascacielos y cayó en un piscina repleta de agua.

Mientras escribo, voy mirando mi habitación. Las paredes están llenas de recuerdos: un corcho plagado de fotos y objetos; las paredes decoradas con orlas, algún diploma, una bandera enorme de Ferrari comprada en Roma, una camiseta del Real Madrid o un póster de Estopa. También hay varios libros, la mayoría ya están leídos y algunos están preparados y me llaman para que les lea, pero yo no puedo, casi no tengo tiempo para nada. Ellos lo entienden y a mí me duele rechazarles, pese a que lo hago con educación, eso siempre por delante. Respiro hondo y me doy cuenta que tampoco he cambiado tanto. Quizás estoy algo más civilizada y soy un pelín menos desastre. Quizás más cabezota y algo más cobarde. Acumulo más fracasos, más historias, más sueños y pesadillas, más gente a la que querer, más conocimientos, más canciones que cantar a grito pelao… vamos un poquito más de todo, como la gran mayoría de gente. Pero la esencia de lo que fui sigue ahí y espero que siga. Resumiendo, sigo siendo la misma que antes de ayer, si eso es bueno o es malo no lo sé y creo que ahora mismo tampoco me importa.

jueves, 28 de octubre de 2010

Hoy fui al médico

Estoy pocha, con fiebre y con un dolor de garganta bastante considerable. Ahora mismo creo que se podría freír un huevo en mi cara. Hoy me digné a ir al médico después llevar dos días así. Qué le vamos a hacer si no me gustan y tampoco me gusta estar esperando más de una hora sobre la hora prevista, llamadme rara. Realmente fui porque tenía cita con la enfermera desde hacía un mes para ponerme una vacuna. Viendo el retraso de la enfermera y que el doctor no tenía a nadie, fui a hablar con él y me hizo pasar. La primera impresión fue mala, el tío durante el primer minuto fue borde a más no poder pero luego se calmó y muy majo. Me miró la garganta y me auscultó al son de mis pitos que tocaban “la Novena Sinfonía”. Justo después me hizo que me quitara las gafas, ya os podéis imaginar mi sorpresa; me dieron ganas de decirle que en los ojos no me pasaba nada, pero le hice caso como buena paciente. Me miró los ojos con la linternilla y me dio la parte más rara y curiosa del diagnóstico a la cual aún sigo dándole vueltas porque me ha dejado pilladísima, lo reconozco. Después me hizo un interrogatorio en el que mentí como una bellaca y él lo sabía perfectamente.

Mañana no debería ir a clase, pero he hecho un pacto con el señor doctor que consiste en que mañana iré y durante el puente descansaré, o esa es la intención. Así que nada, toca doparse a base de paracetamol y broncodilatadores. Sí, ya me voy a la cama a taparme hasta las orejas. Que conste en acta que si a estas horas estoy por aquí es porque ahora mismo he acabado una práctica para un profe, ya que el lunes no dio la clase porque tenía la nariz un poco congestionada, manda huevos.

domingo, 24 de octubre de 2010

El porno y las mujeres.

Hoy llegué pronto a la Estación de Sants para volver a Girona. Como me aburría lo inimaginable, me puse a dar vueltas por la estación para ver con qué me entretenía. No tardé mucho en pararme en la tienda de DVDs. Mientras alucinaba con los precios (pelis de Hitchcock y Chaplin a un euro) me he dado cuenta de lo que iba ocurriendo en la sección del porno. Como quién no quiere le cosa, me puse a observar, una de mis mayores aficiones. Es curioso ver cómo la gente se avergüenza. Se acercaban despacio, haciéndose los locos y, cuando llegaban, miraban rápido o tapaban las películas con sus chaquetas. Hay que decir que las mujeres son mucho más naturales. Ellas miraban sin importarles si alguien las estaba observando. Si tenían que estar cinco minutos mirando, pues cinco minutos que se tiraban con total naturalidad, como debe ser. Pero cuando ellas miraban, me encabronaban los hombres. Había dos que no paraban de darse codazos el uno al otro cuando una mujer se acercaba a dicha sección y no paraban de reírse, y no, no tenían 15 años, sino unos 40. El problema es que no sólo eran estos dos, sino que había más que se le salían los ojos de las órbitas cuando veían a alguna coger una película o uno de los juegos eróticos de las estanterías.

Me parece alucinante que siga habiendo este tipo de machismo (vamos a llamar a las cosas por su nombre) en pleno siglo XXI. Qué más da que sea un hombre o una mujer quien compre este tipo de pelis. No entiendo tanto tabú, ni tampoco entiendo cómo un tío se puede sorprender porque una mujer consuma cine porno; digo yo que también tendremos derecho. Vale ya de utilizar a la mujer simplemente como un trozo de carne. Estoy harta de encender la tele y que sólo se valoren dos tetas en vez de un trabajo, e incluso algunas trabajan de algo de lo que realmente no tienen titulación. Sin ir más lejos, Sara Carbonero no tiene el título de periodista y ahí está, de subdirectora de deportes de Telecinco y sin haber cumplido aún los 30, y todo porque cuando ella sale (antes de todo el follón con Casillas) las audiencias suben como la espuma. La pongo a ella de ejemplo como podría poner a otras muchas, pero al menos ésta hace bien su trabajo y es simpática. Sin embargo, es muy difícil encontrarse con un tío bueno presentando el telediario o una sección en algún programa. ¿Dónde está la igualdad?

miércoles, 20 de octubre de 2010

Paseo de Gracia

He dicho en varias ocasiones que estoy completamente enamorada de Barcelona, y es que es imposible aburrirte en ella. Tanto el lunes como ayer, tuve prácticas en La Pedrera y por el tema del horario de trenes, el lunes llegué hora y media antes del inicio. Paseé por Gracia y me sorprendió encontrarme con la nueva colección de Mango expuesta en medio de la calle. Pero eso no es todo, es que en cualquier rincón puedes encontrarte con exposiciones sobre la evolución de la educación, formación de condados catalanes, de diseños de objetos desde los años 60 hasta hoy o una serie de fotos de la Fundación Vicente Ferrer sobre las mujeres indias. Todo esto por el módico precio de 0€. Las podéis ver en Palau Robert.

Os hablaría de las prácticas, fueron interesantes pero mi mente y mi cuerpo están agotados (ahora empiezo a entender al padre de una amiga, periodista en "El Periódico", cuando me dijo: "para ser periodista tienes que tener mucha vocación porque hay días en los que ni te podrás acordar que tienes que comer o dormir"), así que mejor os dejo con algunos de los mensajes de la escultura bautizada como Alegría por su creador, Javier Mariscal. La podéis encontrar delante de La Pedrera.










domingo, 17 de octubre de 2010

Diferentes épocas pero mismos sentimientos

Ya te he contado alguna vez que mi alma está dividida en dos, como dijéramos. En una de esas dos partes reside mi alegría extravertida, mis bromas, mis risas, mi alegría de vivir y sobre todo no tomarme las cosas a la tremenda. Eso también incluye el no ver nada malo en las coqueterías, en un beso, en un abrazo, una broma indecente. Ese lado está generalmente al acecho y desplaza al otro, mucho más bonito, más puro y más profundo. ¿Verdad que nadie conoce el lado bonito de Ana, y que por eso a muchos no les caigo bien? Es cierto que soy un payaso divertido por una tarde, y luego durante un mes todos están de mí hasta las narices. En realidad soy lo mismo que una película de amor para los intelectuales: simplemente una distracción, una diversión por una vez, algo para olvidar rápidamente, algo que no está mal pero que menos aún está bien. Es muy desagradable para mí tener que contártelo, pero ¿por qué no habría de hacerlo, si sé que es la pura verdad? Mi lado más ligero y superficial siempre le ganará al más profundo, y por eso siempre vencerá. No te puedes hacer una idea de cuántas veces he intentando empujar a esta Ana, que sólo es la mitad de todo lo que lleva ese nombre, de golpearla, pero no lo logro y yo misma sé por qué no puede ser.

Tengo mucho miedo de que todos los que me conocen tal y como siempre soy descubran que tengo otro lado, un lado mejor y más bonito. Tengo miedo de que se burlen de mí, de que me encuentren ridícula, sentimental y de que no me tomen en serio, pero sólo la Ana "ligera" está acostumbrada a ello y lo puede soportar, la Ana de mayor "peso" es demasiado débil. […]

O sea, que la Ana buena no se ha mostrado nunca, ni una sola vez, en sociedad, pero cuando estoy sola casi siempre lleva la voz cantante. Sé perfectamente cómo me gustaría ser y cómo soy… por dentro, pero lamentablemente sólo yo pienso que soy así. […]

La Ana alegre lo toma a risa, replica con insolencia, se encoge de hombros, hace como si no le importara, pero no es cierto: la reacción de la Ana callada es totalmente opuesta. Si soy sincera de verdad, te confieso que me afecta, y que hago un esfuerzo enorme para ser de otra manera, pero que una y otra vez sucumbo a ejércitos más fuertes.

[…] Cuando estoy callada y seria, todos piensan que es una nueva comedia, y entonces tengo que salir del paso con una broma, y para qué hablar de mi propia familia, que enseguida se piensan que estoy enferma, y me hacen tragar píldoras para el dolor de cabeza y calmantes, me palpan el cuello y la sien para ver si tengo fiebre, me preguntan si estoy estreñida y me critican cuando estoy de malhumor, y yo no lo aguanto; cuando se fijan tanto en mí, primero me pongo arisca, luego triste y, al final, termino volviendo mi corazón con el lado malo hacia fuera y el bueno hacia dentro, buscando siempre la manera de ser como de verdad me gustaría ser y como podría ser… si no hubiera otra gente en este mundo.



Diario de Ana Frank. Páginas 369, 370 y 371.

jueves, 14 de octubre de 2010

¡Por fin!

Qué bueno es levantarse y leer que los 33 mineros por fin están en la superficie. Así da gusto levantarse de la cama. ¡Bienvenidos!

martes, 12 de octubre de 2010

"No te rindas" Mario Benedetti

Reconozco que soy una pésima lectora de poesía. Me gusta leerla, pero un libro me puede durar años y años. El por qué es muy sencillo: simplemente me gusta sentir ese patadón en el estómago poquito a poco. No me gusta leerlas todas del tirón porque me acostumbro a esa sensación y llego a un punto en el que dejo sentir. Por eso leo, como mucho, tres poemas seguidos y guardo el libro, hasta que me vuelve a dar el venazo, ya puede ser dentro de unos días, de unos meses o de unos años.

Hace unos tres años (¡cómo pasa el tiempo!) me exilié en la biblioteca. Entre los libros y el silencio me sentía protegida. Así que los viernes cuando salía de clase, me iba pitando para allá. Paseaba entre los estantes, cogía libros y los volvía a dejar en su sitio; me sentaba a contemplar a la gente leer, escribir, estudiar o simplemente pensar. Otra cosa no tendré, ahora, a observadora no creo que me puedan ganar muchos. Entre tanto paseo por las estanterías conocí a dos poetas: Miquel Martí i Pol y Mario Benedetti. Uno de los libros de Martí i Pol, Estimada Marta, me lo bebí una de esas tardes en la biblioteca. Sabía la historia del libro, lo que había detrás de Marta, su gran secreto. Sin embargo, fui incapaz de leer más de dos poemas seguidos del maestro Benedetti. Cada verso suyo era un patadón en el estómago, otro en el corazón y el último, y quizás el más doloroso, en la cabeza, en mis propios pensamientos e ideas, en mi forma confusa de ver la vida en aquellos momentos. Le leía poquito a poco, intentaba saborearle, aprender y, sobre todo, pensar.

Un buen día, encontré No te rindas en un dosier de la biblioteca. Lo tuve que leer muchas veces y no me cansé ni una sola de hacerlo. Llegué a la conclusión que era tan imbécil como para que alguien me tuviera que recordar que debía ir para adelante y no tirar la toalla. Supongo que porque me tocó en un momento de mucha lucha en el que empezaba a ver algo de luz al final del túnel, me aferré a él; podría decir que se convirtió en algo así como un himno. Lo imprimí y lo guardé entre las hojas de la libreta del cole. Cada vez que me encontraba bajilla lo cogía y lo leía a consciencia y siempre acababa con una sonrisa en la boca y viéndolo todo de forma más positiva, sentía que por primera vez tenía a alguien ahí, a mi lado, aunque fuera ficticio.

Hace menos de un año, me deshice de esa copia. Decidí que nadie más debía recordarme que tenía que tirar siempre para adelante y no dejar de luchar nunca, fueran cual fueran las circunstancias del momento. El problema vino el sábado y por eso tuve que volver al poema del maestro. Ya tengo la impresión lista y esta vez irá guardadito en la carpeta de la universidad.




No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

sábado, 9 de octubre de 2010

SOY GILIPOLLAS

Sí, lo pongo como título y en mayúsculas porque dicen que el primer paso es reconocerlo. El verdadero problema son las recaídas, ya que un día ves claramente que eres gilipollas y al día siguiente vuelves a recaer, a olvidarlo y a cegarte, lo que conlleva volver a empezar de nuevo. Hala, voy a imaginarme otro mundo bajo las sábanas.



Por verte sonreír
he vuelto yo a perder.


PD: Bonito homenaje de Google a Lennon.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Las últimas cosas que no entiendo

Como todos los mortales, hay muchas cosas en esta vida que no entiendo. Algunas las acabas por entender con el paso del tiempo, con otras jamás lo consigues y, finalmente, están las que prefieres no comprender. El conflicto viene cuando pasan situaciones en tu vida, o las ves pasar, que te sacan de quicio y llegas a hacerte mil preguntas al respecto. Si me permitís, os voy a contar las últimas cuatro cosas o situaciones que han pasado a engrosar mi lista de “cosas que no entiendo”.

Hoy, en la Facultad de Educación y Psicología, había un acto inaugural al que han asistido gente de renombre en sus actividades laborales. Vamos, de ese tipo de gente que van de traje, corbata y el maletín que no falte, o, en el caso de las señoras, perifolladas a más no poder. Cuando salía de clase (mi facultad está una cuesta más para arriba), les he visto despedirse y me he acordado de la novela Cinco horas con Mario, donde el grandísimo Delibes describía como Carmen besaba a los asistentes en el funeral de su marido; pues éstos lo hacían exactamente igual. Delibes ironizaba con esos besos que se dan al aire, con los que no llega a haber contacto. Puede parecer una gilipollez, posiblemente lo sea, pero es algo que me saca de quicio. Vale que en ocasiones no apetezca besar a alguien a modo de saludo y lo hagamos por cortesía, pero ya que lo haces, hazlo de verdad. Creo que vivimos en un mundo en el que el contacto humano asusta y por eso lo rechazamos tanto, yo la primera pese a que me encanta que me abracen.

Otra cosa que no entiendo y que me repugna son los pelotas. En todas las clases, como mínimo, siempre hay uno. A mí me parece genial que la relación con los profesores sea buena, que haya comunicación, ahora, eso de lamer culos no va conmigo. Es más, puede ser que tengas una relación con un profesor que vaya más allá de las clases y entre en un terreno personal, pero hay que saber diferenciar: dentro de la clase eres uno más y una vez fuera, lo que quieras. Digamos que estoy acostumbrada a los pelotas cuando son jóvenes y por eso no acabo de entender cómo es posible que gente mayor de 40 años, e incluso jubilados, sean capaces de serlo de una forma tan descarada y sin ningún tipo de escrúpulo. Tengo una compañera(tendrá entre 40 y 45 años) que creo que no entiende que no es la única persona que está en clase y que ha hecho el ridículo demasiadas veces en la semana y poco que llevamos de clases. Los profesores no hacen otra cosa que mandarla callar y ella les responde lamiéndoles el culo, los cuáles, imagino, deben estar ya resplandecientes. Para acabar de rematar, es la típica sabelotodo que no sabe nada y no deja que los demás opinen; su comentario vale más que el de nadie, pese a que los profesores le quiten la razón constantemente y, para más inri, tiene que dar la puntilla a todo lo que dicen los docentes. Sí, me pone histérica. El problema es que hay profesores a los que les gusta tantísimo adornarse que pasan por el aro de los pelotas como si de leones de circo se tratara. Sí, esto también me cabrea mucho.

La siguiente cosa que no entiendo (ánimo que ya queda poco) son los y las estudiantes de periodismo que confiesan que los telediarios les aburren, que no leen los periódicos (como mucho algún titular) y que no escuchan la radio más allá de emisoras como los 40 Principales, Flaix FM, Cadena 100, etc. Pero que sin embargo les encanta leer el Marca o la Coure, según dicen, no les cuesta ningún tipo de trabajo. Con esto sí que creo que entiendo muchas cosas, como por ejemplo, el pésimo rigor informativo actual.

Y llegamos a la última cosa que os voy a explicar que no entiendo. Como comprenderéis, si las escribo todas me podría tirar años. Resulta que estoy viviendo en una residencia en la que por fortuna hay gente de diferentes puntos del mapa. Realmente alucino con los que capaces de contar su vida, especialmente sus miserias y su vida sexual, en público, delante de gente que apenas conoce y, además, con todo lujo de detalle. Entiendo que con el paso de los días vayas encontrando tus afinidades y puedas abrirte a alguien y más la gente que no tiene a sus amigos o a sus familiares cerca, ahora, ese tipo de exhibicionismo no lo entiendo, como tampoco comprendo a los que no se dan cuenta de que no están en su casa y, por lo tanto, no pueden hacer los que les dé la gana, sino que tienen que convivir y asumir lo que eso supone.

lunes, 4 de octubre de 2010

Decisiones

“Estoy en una edad de mierda en la que estás obligado a tomar decisiones, y justamente, lo que menos quieres hacer es tomar decisiones.” La frase pertenece a la película Un lugar en el mundo (muy recomendable). Supongo que resume bastante bien el día de ayer y lo que me parece que va a marcar los próximos días. Y es que es muy difícil ir aprendiendo a tomar decisiones, ya no las tuyas propias, sino también tener que decidir por los demás, simplemente para que puedan sobrevivir.

Una de las decisiones importantes que he tomado en los últimos meses es venirme a estudiar a Girona. Sabía los riesgos que comportaba, tanto para mí como para los demás, y lo hice. Estoy estudiando lo que me gusta y me siento cómoda en esta ciudad; fue venir y empezar a desaparecer mi etapa insomne, etapa que hoy ha vuelto. Anoche sentía unas ganas locas de levantarme de la cama y escribir, de sacar fuera muchas cosas. No lo hice porque al bajarme de la cama (duermo en una litera) mi compañera se despertó y tuve que abortar la misión.

Todo lo anterior viene porque sé que ayer tomé una de las decisiones más duras de mi vida y a los 5 minutos me arrepentí, sé que me equivoqué una vez más. Llegué aquí hecha añicos y sin parar de darle vueltas al coco. Sé que necesito volver y por eso, como los viernes no tengo clases, intentaré volver el jueves asumiendo todos y cada uno de los riesgos que eso me supone.

sábado, 2 de octubre de 2010

Esta noche no me da la gana escribir

Aunque me lo hayan mandado y aunque sé que me iría bien, pero no me da la gana de describir a mis monstruos, de sacarlos a la luz y que se paseen a sus anchas, ya sea digitalmente o en un papel. Esta noche van a estar bajo llave, aunque no me dejen dormir y aunque me pelee con ellos en mis pesadillas, pero ya se han paseado suficiente hoy delante de alguien a quien no conocían, a quien no conocíamos, y los cabrones se han hecho enormes esta noche; están que no caben en sí de gozo.



*Sácame de aquí
que no puedo respirar
que me impide caminar.
Sácame de aquí
que no puedo ser feliz
que me impide sonreír...