viernes, 15 de abril de 2011

La magia de un tipo cojo-nudo

Sigo sin saber dónde está el zoom de la cámara del móvil
Llevan años diciéndome que la magia no existe, que todo es un simple truco de hombres y mujeres normales y corrientes, los cuales poseen una gran habilidad con las manos. Me considero una persona extremadamente incrédula, pues no creo ni en la suerte, ni en el destino, ni mucho menos en un poder divino, ni en las casualidades, ni en nada fuera de lo común. Pero hay un hombre que una vez más ha vuelto romperme los esquemas; mi cabeza ha vuelto a hacer “click”.

Al final de la entrada anterior, comentaba que me iba a ver a Albert Espinosa aunque no podía/debía. Presentaba su nueva novela, Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven a menos de diez minutos de la residencia, así que no podía dejar pasar la oportunidad. La que escribe tiene un gran problema con el espacio/tiempo y con el sentido de la orientación. No sé cómo ni por qué, entendí que la presentación era a las 18.30h en vez de a las 19.30h, así que después de dar un gran rodeo –yo no me pierdo, sino que investigo- y de comprarme el libro –no me lo había comprado aún para evitar tentaciones en épocas de exámenes- encontré el hotel donde tendría lugar el acto. Entré y me di cuenta de que era pijo de cojones, y por supuesto, la gente que allí había era pija de cojones. La de recepción se dio cuenta de que yo en esos mundos me pierdo y muy amablemente me preguntó si quería algo. Le dije que no sabía dónde se hacía la presentación del libro de Albert Espinosa y si podía informarme. Me dijo donde estaba la sala y también que volviera una hora después. Así que me volví a la residencia porque no era muy recomendable quedarse en la calle con la suave tramuntana que corría por las calles gerundenses.

Una hora después, como os podéis imaginar, volví y me topé con una marea de gente en la puerta. Había un grupo considerable de adolescentes histéricas arrastradas por el fenómeno de Polseres Vermelles. A las 19.30h justas nos dijeron que podíamos entrar. En el hall del hotel se encontraba el benjamín de los protagonistas de la serie de TV3, Nil Cardoner (Roc). Parte de las adolescentes histéricas llegaron a un punto de patetismo extremo al empezar a gritarle cosas que prefiero olvidar a un crío de 11 ó 12 años. Total, que entre unas cosas y otras, conseguí llegar sana y salva a la sala.

Tuve suerte de encontrar una silla libre, así que pacientemente aguanté los comentarios histéricos de las chicas histéricas hasta que Albert y Nil entraron, con más de veinte minutos de retraso sobre la hora prevista, y los allí presentes rompimos en aplausos. Ellos dos y la editora del libro, tomaron asiento y empezó la presentación. Como siempre, Albert nos deleitó con su gran sentido del humor, su sensibilidad y su inteligencia. Me gustaría recalcar un par de anécdotas: Albert confesó que cuando va a asesorar a los médicos siempre suele llegar una hora tarde. Dijo que es algo que le hace mucha gracia, aunque a los doctores no le hace tanta. Prosiguió diciendo que cuando esto pasa les dice “¿a que jode?” La segunda fue una conclusión que hizo tras una pregunta y que a mí me parece acertadísima porque le retrata extremadamente bien. Un chico le preguntó que si era verdad que la segunda temporada de Polseres Vermelles no se grabaría hasta el verano de 2012. Albert lo confirmó argumentando que algunos de los protagonistas en verano de 2009 grabaron Herois y en el de 2010 tuvieron que rodar la primera temporada de la serie, lo que le lleva a pensar que robarle tres veranos seguidos a unos niños es una putada. Prosiguió diciendo que él es el único guionista, así que escribir una segunda temporada más larga que la actual y filmarla este mismo verano es una locura, pues debería contratar a ocho ó nueve guionistas que quizá ni siquiera han visto un capítulo. Me pareció una reflexión muy interesante y más en los tiempos que corren. Muchos grabarían todas las temporadas seguidas sin importarles la calidad del producto y no les preocuparía lo más mínimo que estos niños se quedasen sin veranos con tal de ellos enriquecerse.

Albert firmando
Al finalizar la ronda de preguntas, se hizo una cola, muy ordenada y apañá, las cosas como son, para iniciar así la firma de libros. Como todo llega, me tocó el turno. Pero antes os explicaré que hace unos tres años Albert se convirtió en uno de mis amarillos. Después de una visita en el hospital por causas que no van a ser contadas, las sandalias que llevaba empezaron a hacerme polvo los pies, así que al llegar al Corte Inglés de Diagonal entré desesperadamente a la sección de zapatos. Como hacía calor, me compré las chanclas que más cómodas parecían, y mientras mi madre miraba no sé qué, yo me escapé, como siempre, a la sección de libros. Finalmente llegué a una estantería plagada de libros amarillos. Hubo algo que llamó mi atención y decidí coger un ejemplar de El mundo amarillo. Descubrí que el autor era el guionista de Planta 4ª, así que sin pensármelo dos veces, lo compré. Bueno, realmente lo pagó mi madre.

Llegué a casa hecha una auténtica mierda. El día había sido muy duro y necesitaba desconectar de todo. Digamos que estaba viviendo una de mis etapas más negras. Cogí el libro y me exilié en mi habitación; al día siguiente ya me lo había acabado. Aún no sé muy bien qué sentí después de leerlo. La lectura me había destruido para iniciar la reconstrucción, es decir, mi cabeza hizo “click” y empezó a entender que era hora de luchar. Sentí tal gratitud hacia Albert que la osadía, o tal vez fuera necesidad, venció a la vergüenza y le envié un mail. Sorprendentemente, me contestó y a ese correo le siguieron unos cuantos más. Tres años después, nos encontrábamos frente a frente. Le revelé quien era y la magia surgió. Un simple gesto suyo hizo que la chica fuerte que nunca muestra sus sentimientos en público, se derrumbara delante de no sé cuantas personas. Tras una breve charla, llegó el abrazo y Albert pasó de ser uno de mis amarillos a convertirse en una de las perlas de las que él habla en su nueva novela, aunque desgraciadamente no perdure en el tiempo.

Cuando salí del hotel me di un paseo y llegué totalmente destruida a la residencia, pero sabiendo que poseía la dedicatoria más chula; también tenía la certeza de que en pocas horas mi cabeza volvería a hacer “click” para así recordarme que cada día hay que luchar y que el pasado aún no está demasiado lejos porque permanece en cada hora del presente, y tal vez tampoco sea algo malo. Volví a sentir una gran gratitud y recuperé la cuenta de correo de Albert. Tres años después, me encontraba otra vez delante del ordenador tecleándole un mensaje. Dudo que siga manteniendo esa cuenta de mail, pero da igual, él sabe que mi agradecimiento es eterno. Ojalá la magia de Sant Jordi o la de la propia vida vuelva a reencontrarnos.




Cenicienta (Carlos Siles)




*

Te has metido en medio de un laberinto
rodeada de fantasmas,
mariposas que no tienen alma
y vuelan a suspiros.

2 comentarios:

  1. Me encanta Albert Espinosa. Me reí mucho con la entrevista que le hizo el otro día Buenafuente. ¿Has visto 'Tú vida en 65 minutos'? Lo que llegó a llorar mi novia viéndola... y yo también.

    Abrazos,

    Rubén.

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  2. Fue muy cachonda la entrevista con Buenafuente, como siempre. Sí, he visto la película. En la entrada lo digo, una de las cosas que más me gustan de Albert es su sutilidad, su capacidad para no caer en el morbo. Creo que haciéndolo así, consigue emocionar aún más.

    Gracias por comentar, Rubén ;)

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