martes, 17 de mayo de 2011

Soñar despierta

La imaginación es como esas películas que nos adentran en otros mundos y no nos dejan pestañear. También es una forma de sobrevivir. Últimamente duermo menos de lo que venía durmiendo en los últimos meses, es decir, casi nada, e incluso hay noches que soy incapaz de dormir cinco minutos. Cuando duermo, no suelo recordar las historias que mi subconsciente crea, por eso me gusta la gente que recuerda sus sueños, pero aún me gustan más los que callan lo que sueñan mientras están despiertos. Creo que desde que soy capaz de recordar, no ha habido un solo día en el que no haya soñado despierta alguna cosa. Y es que ser consciente de que estás soñando es maravilloso, pues puedes jugar con lo que te gusta de tu vida y cambiar lo que no te gusta. Además, sabes cuando vuelas, cómo es tu vida sin los que te hacen daño y junto a las personas que deseas; te atreves a decir “te amo” a alguien porque no existe el miedo y puedes hacer el amor con esa persona las veces que te dé la gana; saboreas cómo le tocas y le besas cuando nadie os ve y disfrutas al tener todo lo posible e imposible a tu alcance. Incluso puedes creer que la felicidad no es efímiera, tampoco intangible.







Foto extraída de Google Imágenes
Llevo acostada largo tiempo (Chantal Maillard).

Llevo acostada largo tiempo

en la orilla. Mis pechos

son colinas cubiertas de hoja seca.

Levanto la cabeza y me contemplo:

en mis muslos el vello a punto de ser vello,

me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,

doy un paso y despierto al agua

a punto de ser agua,

se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto

de ser negra…

Un resplandor me ciega:

el bosque me contempla, a punto de ser bosque,

a punto de ser tuya.



Citar a Chantal en un trabajo y que la profa de turno te diga que te sube un punto porque le gusta mucho la autora, no tiene precio.

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