lunes, 8 de agosto de 2011

Noche sin luna

Fotografía extraída de Google Imágenes
La zozobra del mar advierte de la tormenta de los cuerpos. El barco se hunde en pocos segundos con el capitán abrazado al timón. Las ratas de la bodega fueron las primeras en huir, mientras que aquella extraña pareja de enamorados,  para los ojos ajenos, se convirtieron en los últimos en lanzarse al mar. Lo hicieron de la mano, con el tiempo justo de susurrarse a gritos un “te amo” antes de que sus pies tocaran el agua helada, así pasaron a la eternidad. A lo lejos, en dirección al sur, se vislumbra una pequeña isla. Los gritos de dolor contaminan el aire y acallan los truenos. Una mujer aúlla. El dolor es insoportable, la pérdida lo es aún más, de la soledad mejor no hablemos. Sus lágrimas se mezclan con el salitre y su vagina empieza a sangrar. No hay nadie que consiga parar la hemorragia de sollozos, no hay consuelo digno para ella. Algún día su cuerpo fue bello, hoy sólo es las sobras de la pena. Intenta levantarse como la vida le ha ido enseñando, pero el dolor le azota y la sangre recorre con furia sus piernas. La arena no es blanca tal y como ella imaginó mil noches en la soledad de su cama, sino roja, roja como la pasión que conduce a la muerte. El mar tampoco es lo que esperaba; su bravura le espanta. Del barco ya no queda rastro; de su vida, tampoco. Cierra los ojos intentando recordar días felices, pero tan sólo existen efímeros momentos. Se rinde y deja que toda la isla se tiña de carmesí. El retoño nace sin vida y ella, arrastrándose, consigue llegar a la orilla. Deja que las olas la mezan. Siente el escozor del presente abriendo las heridas de un pasado que no se olvida. Al fin, el mar la devora como nunca nadie consiguió hacerlo en una noche sin luna.


Lo nuevo de Amaral: Hacia lo Salvaje



¿Puedo decir que me encanta el nuevo single? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Puedo? Pues hala, ya lo he dicho.

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