lunes, 31 de octubre de 2011

"Diccionario del malestar de la cultura", Josep Ramoneda (I)

Fotografía extraída de Google Imágenes
Acción: […] La acción como una manera de estar en el mundo en que nada es definitivo ni estable, todo es susceptible de cambio. Pero el arte tiene su tiempo. Un tiempo propio, entre la vida activa y la vida contemplativa, necesario para levantar pacientemente los velos que enmascaran el sentido de las cosas.

Amnesia: […] Este principio de siglo vive el malestar de demasiadas amnesias acumuladas. Hay exceso de duelos pendientes. La amnesia sólo es sana si sirve para preparar una mejor emergencia de la memoria. De lo contrario se cronifica como patología colectiva.

Armas: Las armas son un instrumento de una realidad esencial de la especie humana: la voluntad de poder y la lucha a muerte por el reconocimiento. Si se aboliesen las armas se inventarían otras inmediatamente. […] Sólo si las armas se perciben como una amenaza real para la supervivencia de la especie podrá llegar a construirse el tabú de las armas. O, por lo menos, de las armas de destrucción masiva. Pero la fragilidad de los humanos es cultivo permanente del miedo. Y el miedo llama a las armas.

Belleza: […] Prescindir de la belleza es una forma de cobardía, de esconder la propia incapacidad bajo firmas retóricas y demarcaciones sectarias que son impotentes políticamente y nulas artísticamente. El arte que no conmueve es un arte estéril.

Bien: “El mayor enemigo de la libertad ha sido siempre alguna visión del bien”, dice Charles Fried. […] Es muy difícil estar de acuerdo en el bien. Los funcionarios del bien –empleados de Dios y de la ideología- lo han convertido en instrumento de opresión y de exclusión.

Capitalismo: Un sistema económico de gran capacidad de creación de riqueza y de adaptación a los cambios en que todo es susceptible de ser reducido a la condición de mercancía. También los humanos (individualmente o en grupo), la vida y el arte.

Cárcel: Uno de los grandes fracasos de la humanidad es que a estas alturas del proceso de civilización la forma universal de afrontar la situación de los que infringen las normas establecidas o, simplemente, estorban es encerrarlos, sacarlos de circulación. Evidentemente, los criminales y los delincuentes, pero también los disidentes, los marginales y los excluidos.

Censura: La libertad de pensamiento y la libertad de expresión que le acompaña tienen una base natural, pre-política, porque responden a la singularidad de una especie que habla, razona y se siente libre. Por eso, la autocensura es una forma de traición que uno se hace a sí mismo. Aceptar irreflexivamente las ideas recibidas, compartir acríticamente los prejuicios, renunciar a la verdad por un fin determinado, político, social o de cualquier otra naturaleza, es una traición que la doctrina sartriana del compromiso del intelectual dio irresponsablemente por buena. Y que ha contaminado negativamente la cultura y el arte contemporáneo.

Comunismo: […] si dio en su momento al proletariado la dignidad que la burguesía le negaba y  la conciencia de su capacidad de transformación política que no tenía, acabó atrapándole en la miseria del totalitarismo. Tenía que ser el estadio definitivo de la humanidad, porque las leyes de la historia lo decían así. Pero de momento ni se ha alcanzado ni hay síntomas de que se vaya a alcanzar.

Consumo: […] Somos lo que compramos. Es el consumo el que esculpe los perfiles identitarios de cada cual […].

Contingencia: Nunca podremos liberarnos de nuestra precariedad, de la conciencia de finitud, del sentimiento de inutilidad. Somos accidentales. Prescindibles. Por más que nos quieran hacer creer lo contrario.

Crítica: […] Todo enunciado que no sea susceptible de ser criticado es inefable, por tanto no tiene valor ni como conocimiento ni como juicio. 

Cultura: Como dicen los antropólogos, la cultura es un conjunto de significaciones compartidas. Pero también un instrumento para garantizar la continuación y la reproducción de las estructuras que articulan el poder y la sociedad, con los efectos correspondientes de exclusión y la desigualdad. […] Sin embargo, en sentido restringido, cultura es también el conjunto de construcciones fruto de la curiosidad y de la pasión por el conocimiento y por la creación que son el principal patrimonio de la humanidad como fuerza de transformación del mundo.
Democracia: es un delicado artilugio diseñado para evitar el abuso de poder. La democracia se funda en el principio de igualdad política, el capitalismo en el principio de que el más fuerte arrastra. Si no hay tensión permanente entre democracia y capitalismo es que la democracia está enferma. Es decir, que los gobiernos proponen y el poder económico dispone, ante la indiferencia general. Es la deriva actual de la democracia hacia el totalitarismo de la indiferencia
Dinero: El dinero es una ficción y, sin embargo, parece el único principio de realidad que rige nuestras vidas: somos el dinero que tenemos. Creo que sigue vigente la palabra de Marx: el dinero “es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas y naturales en su contrario, la confusión universal de todas las cosas”, “la alcahueta universal de los hombres y de los pueblos”. […] El arte no escapa a este criterio. En parte, de ahí viene su malestar.

Emoción: No hay arte sin emoción. La fuerza del arte está en atraer al espectador más allá de sus propios límites. Con lo cual hay que solicitarle implicando a su sensibilidad, no sólo a la razón.

Exclusión: […] En el fondo, todos los conflictos son de exclusión. Y, en estos momentos, el riesgo de una división de la humanidad entre los últimos hombres y los superhombres (los que tienen acceso a las prótesis tecnológicas más avanzadas) es un riesgo real.

Ficción: […] Vivimos en una nube de ficción que llevó a J. G. Ballard a decir que la función de la literatura es crear realidad.

Futuro: […] La crisis moral y económica del sistema ha hecho que de pronto nos acordemos del futuro. Y, en consecuencia, que recordemos el pasado. Aunque sólo sea para aumentar el malestar.

Globalización: […] El muro de Berlín servía para impedir que los ciudadanos salieran de los países comunistas, y los muros que desde entonces han proliferado son para evitar la entrada de ciudadanos extranjeros. Sin embargo, el hombre es situacional. La abolición de los lugares podría conducir a una indiferenciación generalizada que recuerda que las peores pesadillas totalitarias.

Humanidad: Una sola humanidad: éste es el fundamento irrenunciable de cualquier planteamiento fundado en la razón crítica y el universalismo cosmopolita.

Ideología: […] Las ideologías son construcciones intelectuales para hacer más soportable la relación con la realidad. Y para adaptar a cada cual al rol que se ha adjudicado en la sociedad.

Indiferencia: En política: proceso ideológico que consiste en desprestigiar la política y favorecer que la ciudadanía se desentienda de ella con el objetivo de construir un sistema en que los ciudadanos sean estrictos comparsas de la gestión de una oligarquía económico-política y mediática. Es lo que llamamos totalitarismo de la indiferencia.

Libertad: El fin que da sentido a la vida del hombre es la libertad. […] Esta capacidad de pensar y decidir por sí mismo define el ideal más grande que la humanidad ha sido capaz de formular. Y la llamamos Ilustración. Es un ideal exigente porque como decía Hugo von Hofmannsthal: “No es la libertad” lo que la mayoría busca, “sino vínculos”. La servidumbre voluntaria busca la comodidad de ser mandados. La libertad no es un instrumento, es la finalidad y el sentido de la experiencia humana: querer ser libres. Es lo que nos hace plenamente humanos, lo que nos realiza como individuos de esta especie. […] Esta sociedad insensible a los recortes de libertades con tal de que sean hechos en nombre de la seguridad camina inexorablemente hacia el totalitarismo de la indiferencia.

Lugar: […] La pretensión de que el lugar de origen nos configura hasta el punto de que es determinante de los criterios de verdad y de bondad de cada uno ha conducido al disparate de la gran fractura multiculturalista y la aberrante doctrina del conflicto (o alianza) de la civilizaciones.

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