sábado, 5 de noviembre de 2011

Aquella ciudad

Fotografía extraída de Google Imágenes
Anoche salí a buscarte por una ciudad que no lleva tu nombre. Dejé olvidado el abrigo y el paraguas en el perchero de la entrada. Corrí escaleras abajo y tardé tres segundos en abrir la puerta. Necesitaba escapar, pero mis pies no se movieron. Respiré hondo y comencé a andar. Busqué tu boca en callejones oscuros por los que una dama jamás debe pasear. Grité tu nombre y las calles me devolvieron su eco. Paseé cerca del río, el cual se iluminó con la luz de los rayos y tu recuerdo. Rebusqué entre las hojas esparcidas ordenadamente por el suelo, obra de este otoño primaveral, tu mirada, y en busca de tu risa me lancé al río de cabeza sin medir la profundidad del agua.  Jugué a esconderme de ti, pero el miedo me venció y tuve la necesidad de susurrarte al oído que todo irá bien. 


Aquella ciudad no tiene nada de ti, y sin embargo, te apareces en cada esquina con un único fin: robarme una sonrisa.


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