martes, 1 de noviembre de 2011

"Diccionario del malestar de la cultura", Josep Ramoneda (II)


Fotografía extraída de Google Imagénes
Mal: El mal es el abuso de poder, en cualquiera de sus niveles y manifestaciones.

Mercado: Un mecanismo de intercambio que ha resuelto con eficacia –que no quiere decir con justicia- la distribución de los bienes y de servicios. La ideología ha convertido este instrumento en un fin en sí mismo, transfigurando de esta manera todo producto material o intelectual en una mercancía.

Miedo: […] El miedo, que se alimenta de esta angustia existencia del que sabe que morirá pero no cuándo ni cómo, se ha convertido en el mecanismo más eficiente que el poder tiene para generar servidumbre. […] Desmitificar el miedo es un deber de los espíritus libres. Al fin y al cabo, la finitud es lo que nos hace libres.

Muerte: Nos asusta la enorme naturalidad de la muerte, destino natural de los seres vivos. En nuestra impotencia, vivimos la muerte como una enorme injusticia […].

Nación: […] Toda nación es un sistema de referentes culturales que define los límites de lo posible en una sociedad determinada, sobre una lectura selectiva de la historia que niega y excluye diferentes dimensiones de la realidad.

Noticia: […] La noticia es el material básico para construir y delimitar la opinión de una sociedad determinada. Y el conflicto su principal alimentador.

Olvido: […] A veces, el olvido es necesario para sobrevivir. Pero el olvido puede ser también una forma de negación del reconocimiento, de la humanidad, del otro. Las naciones se han construido siempre sobre el ejercicio sistemático del olvido: la negación de una parte de la historia y de un sector de la sociedad, para la exaltación de otra, convertida en verdad colectiva para la legitimación de una hegemonía social determinada […].

Orden: […] Desde el orden sólo tiene sentido aquel cambio que va en dirección de reforzar los poderes establecidos. A menudo las sociedades arrastran los criterios de orden heredados de generaciones anteriores más allá de lo que sería natural, de manera que se producen desfases entre la dinámica social real y la cultura referencial existente, con los riesgos correspondientes de estancamiento o crisis.

Pasiones: Las pulsiones que proyectan el yo hacia fuera, que nos llevan a implicarnos más allá de lo razonable con las personas, con las ideas y con las cosas.

Periferia: El exterior necesario para la existencia del interior, que nos explica la realidad que el centro esconde […].

Presente continuo: Vivimos en un presente en movimiento continuo que no escucha al pasado y es ciego ante el futuro. No hay proyecto, sólo acción. No hay fines compartidos, sólo fragmentación.
Productividad: Productividad y competitividad –que son función la una de la otra- son los grandes mitos ideológicos del capitalismo global. El ciudadano NIF tiene tres misiones: competir, consumir, contribuir. Es una idea del mundo tejida sobre el patrón de la máxima optimización del dinero y del trabajo, que niega aquellas actividades que requieren dar a cada cosa el tiempo que necesitan.

República: Una forma de gobierno, propia de los estados que han dejado atrás cualquier forma de legitimación religiosa, mágica, carismática o mítica y que no reconocen otro fundamente al poder político que la propia sociedad. Durante el siglos de las Luces nació la virtual República de las Letras, decisiva en el proceso de modernidad. Aún hoy, el nivel de calidad de la República de las Letras es excelente indicativo de la salud de un país.

Sexo: El hombre es un animal sexual, que consolida su condición en su proceso de entrada en la escena del mundo. […] El carácter  emocional e irracional de la pulsión sexual ha hecho que el poder siempre haya visto el sexo de los otros como una amenaza. De todos los poderes han emanado consignas para el control y la represión de la sexualidad. […] Pero la capacidad de integración de la cultura capitalista es extraordinaria y el sexo hoy es estrella del consumo y bandera del reformismo político. El feminismo ha subrayado la complejidad de la condición sexual, más allá de la simplificación del sexo a partir de la división macho/hembra.

Soledad: Es la cárcel del yo. La dificultad de empatía con el mundo y con la humanidad que condena a la vida solitaria. Pero también trasluce la voracidad de los mecanismo de exclusión social que pueden reducir a un individua a su soledad absoluta.

Supervivencia: […] Un motor de la acción humana que hace que el hombre luche a veces contra toda evidencia. El único proyecto que le queda al hombre cuando ya ha fracasado en todos los demás.

Tecnología: La prótesis de las que el hombre se ha ido dotando en su lucha por el control de la naturaleza. […] La asimilación  heideggeriana de la técnica a los fines de la actividad humana pesa como una amenaza sobre el horizonte de la humanidad.

Tortura: Negación de la humanidad del otro por la vía de sus destrucción física y psicológica […].

Transgresión: […] Todo es susceptible de ser convertido en mercancía o moda, o de ser reducido a insignificante. Sin embargo, la negación del espacio de la transgresión hace que determinadas pulsiones se cronifiquen en los territorios subterráneos de la sociedad y acaben emergiendo en forma de patologías psíquicas o de acciones criminales.

Vanguardias: […] El sentido de las vanguardias es el cambio pero, como toda fuerza, cuando cristaliza en poder, se convierte en criterio de orden y de dominación. Así en política como en arte.

Vida: Desde Nietzsche, a la experiencia del sujeto la llamamos vida. Es donde la experiencia individual se hace cuerpo.

Violencia: Una emanación directa de la voluntad de poder. Uno de los principales instrumentos para el abuso de poder, es decir, del mal. Pero hay, sin embargo, una violencia creativa: en la acción humana por la transformación de la naturaleza de las cosas y en las diversas manifestaciones de la acción creativa. Crear es una forma de violencia. Claudio Magris explica así el carácter ontológico de la violencia: “Nacer es más terrible, más violento, más absurdo que morir; la explosión de la materia del Big-bang, que se difunde como cataclismo inaudito para crear innumerables vidas efímeras y dolorosas, es más espantosa que la lenta entropía en la que probablemente, al final, se despeñará, dulcemente y fatigadamente, el universo, de manera parecida a la decrepitud de una casa de reposo”.

Yo: Yo soy. Y aquí empieza todo, si no ni siquiera el mundo existiría. Pero este yo es relacional: su entidad e identidad se conforman en relación con los demás. Y, sin embargo, yo es el único territorio propio del que disponemos. Todo lo demás ya es sociedad. La tragedia es que a veces el yo se diluye antes de que el cuerpo muera.

Zapping: El símbolo de una sociedad nerviosa, sometida a un proceso de aceleración por las propias prótesis humanas, que quiere atraparlo todo sin dar a las experiencias los tiempos que requieren.

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