domingo, 13 de noviembre de 2011

El corazón de los que venden máquinas

Hay detalles enormes que consiguen darte un pellizco de monja en el alma. El jueves mi ordenador murió sin ninguna intención de obrar el milagro de resucitar, ni siquiera al tercer día. Ante tal desgracia, no me quedó más remedio que ir a comprar uno nuevo el viernes 11/11/11, un día más de fin del mundo fallido y el día fatal para los cerdos (los de raza porcina). 

Al llegar a la tienda le expliqué al vendedor de turno lo que necesitaba. Yo iba con una idea, pero él me convenció de la suya gracias a sus argumentos y al tema económico, que la cosa está mu’ mala. Así pues, compré el ordenador que el señor me recomendó con ahínco. 

Ayer me tuve que levantar tempranito para hacer un trabajo, pero cuando me puse al lío, ¡oh, sorpresa!, me di cuenta de que lo que tenía entre manos no era lo que el hombre me había vendido verbalmente, ni siquiera se parecía. Así pues, poco después de que abriera la tienda, me planté en ella con el ordenador. El señor dejó todo lo que estaba haciendo y vino a preguntarme qué pasaba. Le expliqué que la calidad de imagen era una mierda (las personas que aparecían en las fotos tenían un color parecido al de Naranjito), el sonido se escuchaba como si estuviera enlatado y la batería no duraba ni de lejos lo que él me había asegurado. El pobre hombre casi se puso de rodillas para pedirme perdón. Me prometió que él pensaba que lo que yo necesitaba era inferior a lo que le estaba pidiendo, así que quiso ahorrarme unos euros. Me juró y perjuró que obró de buena fe. Después de intentar convencerle durante unos larguísimo minutos de que no pasaba nada y que estaba más que perdonado, empezó a llamar a las tiendas más cercanas donde tenían los modelos de ordenador que yo quería/necesitaba. Como parecía no encontrar transportista, el buen hombre me dijo que cuando saliera de trabajar al mediodía, en su hora para comer, cogería su coche e iría a por el ordenador porque había sido un error suyo y yo lo necesitaba con urgencia. Imaginaos mi cara. No nos engañemos, esto no es lo normal. Otro se hubiera encogido de hombros y yo me habría jodido. Pues bien, el señor se enganchó al teléfono y consiguió un transportista, y en menos de una hora, yo tenía mi nuevo ordenador en la tienda. 


Reconozco que lo pasé muy mal al ver a este buen hombre pasarlo jodidamente mal. Creo que si hubiera sacado un látigo y se hubiese fustigado allí mismo me habría dolido menos; no sé si a él también… Antes de salir por la puerta con el ordenador bajo el brazo, le di las gracias mil veces. Ya no sólo por su buen gesto, su honestidad y su sinceridad, sino por haber conseguido alegrarme el fin de semana pese a todo lo demás. Joder, qué bien sienta compartir unos instantes de tu vida con gente así.

4 comentarios:

  1. Carmelo marramiau13 noviembre, 2011 13:29

    Mucha gente no hubiese actúado así. Está claro que fue su "culpa" (llámalo culpa llámalo confusión), pero muchas veces ocurre éso y luego pasan de nostros.

    ResponderEliminar
  2. ¡Ohhhhhhhhhhh! ¡Carmelito escribe en el blog! Espero que su rabo ya esté mejor y no huela a pollo quemado.

    ResponderEliminar
  3. Mola encontrarse gente en el mundo que merece la pena :) yo hace meses tuve un día también de inusitada amabilidad por parte de la gente. Un beso!

    ResponderEliminar
  4. Ayer me mandó un mail con las facturas y aprovechó para preguntarme cómo iba el ordenador, si me había dado algún problema, más majo...

    Besos.

    ResponderEliminar