domingo, 11 de diciembre de 2011

Fin

Cuando al calendario le empiezan a faltar días y la decadencia es un hecho, las ojeras moradas se colorean con el negror de la muerte. Ya no queda nada, ni siquiera hay fuerza suficiente para suspirar al repasar fracasos. El tiempo empieza a agotarse demasiado rápido. Los gatos negros sí traen mala suerte; te escupen la verdad a la cara. Es hora de despedirse con una sonrisa, es hora de tirarse al vacío, es hora de que termine la función. Ya no hay aire para llenar los pulmones lo suficiente como para dar un paso más hacia adelante, tampoco es el momento de darlo hacia atrás, ahora no vale ser cobarde. Suenan violines a lo lejos y llegan retazos de buenos recuerdos. Todo llega a su final y ya no hay relojes dispuestos a cronometrar inicios.

 
Joe fue uno de mis profesores en Irlanda. Es un crack de la música, ha tocado incluso en Nueva York. Esta canción, muy especial para mí, me la cantó en un rinconcito de un teatro como regalo de mi diecipenúltimo cumpleaños. Fue un momento mágico, de esos que no pueden describirse con palabras. Esta noche vuelvo a él para encontrar un poquito de aliento. Thanks, Joe.



8 comentarios:

  1. Que pesimismo, justo cuando empieza la fiesta

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  2. He llorado leyéndote. Bonito texto.

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  3. Es muy angustiante lo que escribes, da miedo. Quiero que vivas y veas las cosas buenas, no tienes por qué pesar estas cosas con sólo 20 años. La felicidad de la juventud es una cosa que nunca vuelve, y te lo dice alguien con sólo un par de años más que tú que es demasiado consciente de lo rápido que pase el tiempo.
    Un beso

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  4. (Joder, he escrito como el culo. "pesar" por "pensar", "pase" por "pasa" y la palabra "cosa" repetida tres veces. Estoy perdiendo facultades expresivas -_-)

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  5. Ah, por cierto, muy guapa en la foto, artista.

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