miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los 82 de mi abuela

Ayer mi abuela sumó 82 años al marcador. Cuando mi madre llegó de trabajar la llamamos para felicitarla. Ambas apenas hablaron unos minutos mientras yo esperaba mi turno. Cuando se puso tristona, mi madre me pasó corriendo el teléfono, es algo que ella suele hacer. Nada más escuchar mi voz, mi abuela empezó a reír, así pues, fue ella la que me hizo el mejor regalo posible y no al contrario. Y es que, y no es por presumir,  soy su nieta favorita, más que nada porque soy la pequeña de todas las nietas, la que vive fuera (esto me da muchos puntos) y, con diferencia, la más gansa de todos.

Mi abuela consiguió emocionarme una vez más con sus recuerdos. Ella siempre ha sido una persona que nos ha querido a su forma, ya que se creó una barrera imposible de saltar y que sólo los años han sido capaces de derribarla. Desde hace unos tres años soy la confesora de mi abuela. Me gusta escuchar sus historias, su vida, la cual idealiza en muchos momentos, pero es igual, yo la escucho e intento aprender. Ayer, mientras me contaba que estaba viendo Sálvame, hizo de repente un silencio y me preguntó en voz baja si mi madre estaba a mi lado. Lo hizo como el niño que va a cometer una travesura y busca un cómplice. Para no romper con el encanto del momento, le contesté que no, también en voz baja. Sin más empezó a explicarme, una vez más, cómo se fugó con mi abuelo. La primera vez que me lo contó lloró mucho, ahora, en cambio, siempre ríe. Fueron una pareja muy moderna para la época, aunque les persiguió la sombra de Romeo y Julieta. El padre de mi abuela no tragaba a mi abuelo, un chico alegre, espontáneo, trabajador, artista y canalla como él solo, así que le prohibió verle, por lo que ambos decidieron fugarse y vivir su vida sin importarles en ningún momento el qué dirán. Tuvieron a mi tío sin estar casados, lo que provocó que mi bisabuelo montara en cólera, aunque finalmente no le quedó más remedio que pasar por el aro.

Entre risas, volvió a crear un silencio para preguntarme si sabía cuándo se cumplía el año de la muerte de Enrique Morente. Hoy, abuela, le contesté. Volvió al pasado y me explicó la de veces que lo vio por el Paseo y lo guapa que es Estrella, aunque ella prefiere a Marina Heredia, al menos en lo musical. Volvió a sus años de cantaora, sí, mi abuela lo fue, y si estamos a solas, puedo conseguir que me entone algo.

Y así, entre bellos recuerdos que ayer no dolieron, celebramos sus 82 años. Al colgar me sentí en deuda con ella, siempre me pasa. Me da mucho, comparte conmigo sus alegrías y su dolor, sus recuerdos, su vida al fin de cuentas, y yo sólo puedo ofrecerle mentiras para que el presente duela algo menos. Felicidades, abuela.




4 comentarios:

  1. emocionante, y acordarte de tito morente, con ese peazo de disco que me dejó turulato para toda la vida, todavía más...

    mariwano

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  2. Felicidades para ella ;) Un día te contaré la historia de mi bisabuela, de familia de nacionales casada de penalti con un hombre de familia humilde, viuda un año después y re-casada con otro hombre que poco que ver tenía con los fascistas. Ahí es nada.
    El abuelo que me queda vivo hizo en septiembre 90 :) qué orgullo!
    Un besito

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  3. ¡Olé tu bisabuela!

    Y tanto que es un orgullo...

    Besos.

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