domingo, 1 de enero de 2012

Año nuevo, vida de siempre

Anoche fue la primera vez que salí a celebrar la Nochevieja por motivos que no voy a contaros. Salí como una noche más, no tenía nada que celebrar, a diferencia de que te cobraban un buen pico por entrar en cualquier lado. No me gustan las masificaciones, odio las discotecas, yo soy de bares, preferiblemente, de antros. Anoche tuve un momento de vacío existencial en el que miré a mi alrededor y sentí tal soledad que me destrozó el pecho y me entrecortó durante un buen rato la respiración. Gentes que hacía siglos que no veía se me acercaron para felicitarme el año entre besos, abrazos y te quieros provocados por el alcohol. La música sonaba sin descanso, igual que el desfile de caras conocidas, rostros que en ocasiones se giran cuando te cruzas con ellos por la calle, pero anoche te amaban.

A veces me preocupa la facilidad que tengo para marcharme del mundo, para ver la situación que estoy viviendo en ese momento desde lejos, como si no estuviera, como si lo que pasara ante mis ojos sólo fuera una película de la que yo no formo parte y de la que sólo tengo derecho, como mucho, a observar. Me halagaban y me irritaban a la par aquellos que al pie de la barra querían ayudarme a conseguir una copa. Sonreía a la camarera que cantaba dándolo todo Clavado en un bar. Así me sentía, totalmente clavada allí, aunque mi mente huyese, en ocasiones, a donde menos le convenía. Tenía ganas de saltar, de reír y de amar, pero también de odiar, de llorar y de correr sin rumbo, tacones incluidos.

De vuelta a casa con los churros en la bolsa y los pies completamente destrozados, me paró un chico para preguntarme dónde estaba la parada del autobús. El chico era majo, de esas personas que transmiten muy buen rollo y así consiguen sacarte una sonrisa por jodida que estés. No quise saber ni siquiera su nombre, simplemente me abracé a él y le di las gracias. El chico, claro, no entendió nada. Supongo que pensó que tenía demasiado alcohol corriendo por mis venas, pese a no ser el caso. Necesité el abrazo de aquel desconocido que sólo me preguntó por la parada del autobús y me pidió una boquilla, aunque en esto último no pude ayudarle.

No sé qué significa todo esto. Creo que ni siquiera sé quién soy verdaderamente. Hoy me siento extraña y confusa. Es como si todo se me hubiera ido completamente de las manos. Quizá hace tiempo que esto pasó y hoy el cansancio y la falta de sueño -más acentuada que de costumbre- me han hecho darme cuenta de mi realidad y me han puesto los pies sobre mi verdadero mundo.





2 comentarios:

  1. Feliz Año, parece que hay hay hechos que se repiten como patrones. La sociedad es falsa, si luego te he visto no me acuerdo.

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  2. Ahhh!!! Yo anoche trabaje, luego tenía la excusa perfecta para pasar de todo. Al salir me encontre un montón de fiesteros, me parecieron marcianos, que sentido tiene todo? Supongo que la necesidad de olvidarse de todo, incluso de nosotros mismos, por eso la necesidad del alcohol y de reir y de sentirse vivo desatando las emociones mas irracionales y sin sentido.
    Exato para sentirse vivo hay que emocionarse, el mero pesamiento racional no conduce a nada.
    El pienso luego exito, es mentira.

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