lunes, 2 de enero de 2012

El anciano y el banquero

El Paint se me da genial, pero me falla el pulso
Ahora que el cielo se ha encapotado, la posible lluvia que pueda caer hoy sobre nuestras cabezas me evoca a las lágrimas de un anciano. Esta mañana he ido a la sucursal de Catalunya Caixa de la Avenida Montserrat, la que hay justo enfrente del cine Capri, con la intención de que me dieran de una santa vez la entrada para un concierto que pagué hace mes y medio. Delante de mí había un señor de unos 75 años al que se le veía bastante nervioso. Nada más sentarse en la mesa se derrumbó. El banquero esperó impaciente a que el hombre se secara las lágrimas, mientras tanto, a mí me llamaba la de la mesa de al lado. Mientras ésta intentaba solucionarme el problema, el señor empezó a gritar. No estaba nervioso, estaba desesperado. Al parecer, hace unos meses le propusieron los de Caixa Catalunya cambiarse el seguro del coche. Le prometieron que sería más económico y que saldría ganando. Como cabe esperar, todo fueron mentiras y este señor está pagando una millonada por el seguro de un coche que tiene más de diez años. El banquero, impasible, le reprochó de mala gana que si él aceptó eso en su momento, ahora no tenía derecho a quejarse. El señor hecho una furia, normal, le espetó que él tiene todo el derecho del mundo a quejarse, que tenía el papel con las explicaciones que le habían dado y los recibos que le habían llegado, por lo tanto, ambas cosas demostraban que le habían engañado. Lloraba de rabia y explicaba que era viudo y que cobraba una pensión de mierda, así que no podía permitirse pagar ese dinero. El banquero lo máximo que hacía era encogerse de hombros.

El señor se marchó llorando a lágrima viva y avisando de que les iba a denunciar. Cuando el hombre salió por la puerta, el que le había atendido se acercó a la mesa donde yo estaba y le preguntó a la que me estaba atendiendo si había escuchado lo que había pasado. La mujer le contestó que sí y ambos sonrieron como buenos cómplices. Yo, por mi parte, sentí ganas de vomitar. Finalmente, a mí tampoco pudieron solucionarme nada. Mientras guardaba la tarjeta en el monedero, la banquera exclamó: “¡mujer, no nos mires así, que no hemos matado a nadie!” Le respondí que no tenían vergüenza alguna y salí por la puerta completamente rota, como muchos de los que habíamos presenciado aquella escena. Los banqueros ya ni siquiera fingen tener escrúpulos ante una sociedad herida de muerte.

2 comentarios:

  1. La verdad es que me dejas alucinada porque te encuentras con situaciones con las que yo todavía no me he encontrado, no sé si es que salgo poco a la calle (que no) o aquí nunca pasa nada, pero vamos... lo que cuentas es increíble. Yo las veces que he estado de bancos, los que me han atendido han sido bastante comprensivos si he tenido problemas y no les he visto esas ínfulas (más que nada porque el sueldo de un trabajador de un banco normalito no es tampoco para hacer una fiesta), pero pones el ejemplo justo de deshumanización que todos criticamos (yo, en principio, sin experiencia) pero que en realidad existe. Me alegra que lo hagas porque pone los pies en la tierra.
    Me gusta pensar que también hay gente buena. No sé, todo lo que hay alrededor es malo malo malo malo, en algún momento se tocará fondo y se irá para arriba, digo yo. Porque sino me meto en una situación de hastío y asco hacia todo que no es nada buena...
    Un beso

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  2. Fue bastante alucinante, de película casi. La verdad es que tanto mis padres como yo, como otros muchos conocidos, han tenido problemas con el trato de los trabajadores de esta sucursal. La parte positiva de esto fue ver cómo se rebeló la gente. Un chico, por ejemplo, ayudó a este hombre a salir a la calle y estuvo un rato con él, imagino que hasta que se calmare un poco porque el pobre hombre estaba al borde del infarto. Estos actos inhumanos demuestran que unos carecen de humanidad, sí, pero otros, afortunadamente, sí tienen.

    Este chico volvió a entrar antes de que yo me marchara (tuve que estar un buen rato)y cogió al que había atendido al señor y creo que le dijo cuatro cosas bien claritas.

    Besos.

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