sábado, 7 de enero de 2012

El derecho de jugar

Fotografía extraída de Google Imágenes
Todos pedimos durante años algún regalo que los Reyes Magos nunca nos trajeron. Nuestras cartas se llenaban año tras año con el mismo deseo que nunca se cumplió. Mi regalo frustrado creo que es el más típico de todos: el Scalextric. El segundo era un hermanito, pero claro, eso no dependía de los magos de Oriente.  Creo que deseé con tantas fuerzas el Scalextric porque nunca me dejaron jugar, pues decían que era “un juego para niños”. Recuerdo ir a casas donde había niños, ver la caja y volverme loca, pero siempre había alguien que me recordaba que era una niña. A mí aquello me frustraba ya que yo era la compradora número uno de las pistolas de petardos que vendían en las tiendas de veinte duros –antes de que todas se convirtieran en bazares chinos-, y que por cierto acabaron retirando del mercado porque se cometieron muchos atracos con ellas por parecer auténticas. Mi madre, cada vez que me veía aparecer con una, me la escondía, igual hacía con los petardos, hasta que un día encontré el escondite del arsenal. Ese día fui feliz. Cogí varias pistolas y me puse a disparar en medio del pasillo a dos manos ante el miedo de mi madre, pues ya me veía de terrorista. Aquel día tiraron las pistolas y nunca más volvió a entrar una en casa. También fui la pichichi, ojo, en el colegio. Cuando los profesores no miraban, yo me escapaba al patio de los grandes y jugaba como uno más a fútbol. Todos los mayores querían que estuviera en su equipo y se enfrentaban a los profesores cuando venían a buscarme, y claro, a echarme bronca e incluso a castigarme. Desde ese momento mi madre entendió que no se me da bien eso de juntarme con gente de mi edad, especialmente con las chicas. La mujer lo tiene asumido, su padre, mi abuelo, era igual.

Pero no sólo el fútbol y las pistolas se me daban bien. Cuando yo tenía cinco años fuimos a Madrid a casa de unos primos de mi madre.  Con ellos aún vivía el hijo pequeño, un friki de los videojuegos, especialmente de los de coches. Al parecer, el mozo era un hacha -normal, se pasaba el día enviciao- al que no le ganaba nadie. Pero claro, él se dedicó a enseñarme sus trucos y a presumir de sus habilidades, y una que se suele quedar rápidamente con las cosas, pues en un momento de la segunda tarde le gané la primera partida y así hasta que nos marchamos. Según nos cuenta el padre cada vez que hablamos con él por teléfono, el mozo –que ya pasa holgadamente la cuarentena- sólo me recuerda porque le gané al juego de los coches.

Con esto quiero defender el derecho de los niños a jugar con lo que les dé la gana. No porque a un niño le gusten las muñecas eso quiera decir que sea homosexual. Los críos  ven un juguete y simplemente quieren jugar con él, sin importales si es un juguete de niño o de niña. Conozco casos de chicos a los que les encantaba jugar con muñecas y son heterosexuales y chicos a los que les encantaba, y les encanta, jugar al fútbol  y son más homosexuales que nadie. No caigamos en tópicos, los muñecos y los juegos no definen la condición sexual. Aquí he escrito mi caso porque de pequeña, entre otras muchas cosas, me llamaban marimacho, y oye, me gustan y ponen los tíos como a la que más. Así que por favor, dejad que los niños crezcan sin prejuicios, porque sin ellos serán más libres, y por lo tanto, más felices.

Ah, y queridos Reyes Magos, si os piden un Scalextric, regaladlo, por favor, que somos muchos los frustrados por culpa de este juego.

2 comentarios:

  1. Qué identificada me veo, curiosamente esto lo estuve hablando hace un par de días con mi padre. Yo también siempre quise un Scalextric. Pero, ¿sabes cuál fue mi juguete frustrado toda la vida? Un coche en miniatura de esos para montarte, que van a baterías y se mueven. O una moto. Los adoraba. Al menos sí llegué a tener un coche teledirigido xD Las muñecas me gustaban pero a ratos, y sí, siempre he tenido complejo de un poco marimacho yo también porque me gustaban los juegos un poco brutos de niños (no tenía ningún problema en retar en fuerza a ninguno, bueno también porque la altura y la constitución jugaba en mi ventaja, era casi la más alta de clase. Afortunadamente me he quedado con una estatura media-alta y no estoy masculinizada jaja, o al menos no mucho, porque lo de sentarme con las piernas abiertas muchas veces no lo puedo evitar. Qué cojones, a tomar por culo los estereotipos). Lo de los juegos son clichés. Hombre, puedo entender que a un niño no le haga tanta ilusión un juego de pintarse las uñas y maquillarse, al menos para jugar de manera normal porque es una cosa muy marcada, que tampoco me gusta como juego para niñas por eso mismo. El mayor sueño de niño de uno de mis amigos eran unas cocinitas. Y ahora es todo un mozo heterosexual, que no heterodominante. Respeta todo. Bueno, sabe usted quien es, mi guitar-man.
    Yo tengo bien claro cómo educaré a mis hijos si un día los tengo ;)
    Un beso!

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  2. A mí me regalaron una moto de batería. Yo no la recuerdo, me he visto en vídeos y en fotos con ella, pero nada más. Según me cuentan, le di buen uso.

    Creo que no hay que inculcar a los niños diferencias de ningún tipo hacia los demás. A ellos les da igual con quien o con qué están jugando, sólo quieren eso, jugar. El problema viene que si desde ese momento los mayores empezamos a decirle "no juegues a eso porque es de niñas" o "no juegues con fulanito por x motivo" hará que el niño empiece a tener prejuicios, y ya sabemos todos lo que eso comporta.

    Besos.

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