jueves, 12 de enero de 2012

Escribo porque no puedo correr, porque no puedo huir, porque no puedo gritar, porque ni siquiera puedo llorar y porque mi cuerpo no deja de temblar. Escribo porque por primera vez en mi vida odio, porque duele, porque me han roto. Escribo porque con la persona que ahora necesito hablar está trabajando y seguramente ya no quiera estar más a mi lado; porque con los que podría hablar, me da vergüenza hacerlo y porque con el resto no me atrevo. Escribo porque la ansiedad es la peor enemiga de un pulmón maltrecho y de una fiebre que no deja de subir, aunque los médicos no quieran atenderme porque la fiebre y los vómitos “no son una urgencia, faltan médicos y no pertenezco a esta ciudad”. Escribo porque por primera vez necesito estar en casa, porque necesito encontrarme con una cara conocida cualquiera que me dé un abrazo. Escribo porque hacía mucho tiempo que un desconocido no me humillaba y me maltrataba, aunque quizá sólo me ha escupido la verdad, esa verdad que tanto pánico me da, a la cara. Escribo porque me siento sucia. Escribo porque me siento completamente sola. En definitiva, hoy escribo porque a la quien más odio es a mí misma.