martes, 27 de marzo de 2012

Sostiene Tabucchi

Fotografía extraída de Google Imágenes
No entiendo a la gente que se harta de lamentar la muerte de una persona conocida. Por ejemplo, cuando muere un escritor los hay que lloran, o eso dicen, a mares su pérdida cuando nunca se han leído siquiera la contraportada de uno de los libros del fallecido. El domingo con la muerte de Antonio Tabucchi volvió a repetirse esta historia. Leí tanto por Twitter como por Facebook las lágrimas de algunos. Tras leer los comentarios que amigos de estos les dejaban en sus muros,  me di cuenta de que los propietarios de los tweets o de los estados en cuestión no habían leído un libro de Tabucchi nunca.

Tengo que reconocer que la muerte de Antonio Tabucchi me entristece. No soy seguidora suya, ni tras su fallecimiento, pero su muerte me afecta porque creo que no podemos perder a personas con un buen fondo. ¿Por qué digo esto si yo a Tabucchi no le conozco? Pues por la sencilla razón de que alguien que es capaz de parir un personaje tan bondadoso como Pereira es porque tiene que ser bueno, lógica pura. Es cierto que hay escritores que en su vida cotidiana son unos hijos de puta y son capaces de crear unos personajes que rozan ser beatificados, pero Pereira es diferente: la bondad que transmite es cien por cien humana.

Hace dos veranos –aquel fatídico verano de 2010 en el que mi futuro quedó totalmente suspendido en el aire-, Antonio Ezpeleta me prestó Sostiene Pereira para ir instruyéndome dentro del mundo periodístico. Recuerdo cómo sufrí y disfruté leyendo las aventuras y desventuras de este periodista ficticio con un gran corazón. Leí, releí y apunté párrafos enteros que me maravillaron y emocionaron. Pereira de vez en cuando viene a mi memoria, como en las pasadas navidades cuando vi, por fin, la película de Roberto Faenza.

De Tabucchi solo he leído esta maravilla de novela. No me he atrevido a leer nada más; tampoco fui capaz de leer nada de su biografía hasta hace dos días por una simple razón: el miedo. No soy muy de idealizar a las personas, pero reconozco que a este escritor lo idealicé de arriba a bajo, por lo que no quería enterarme de que el creador de mi querido Pereira era cualquier cosa capaz de romper mis esquemas. Como decía, el domingo por primera vez leí de puntillas algunas partes de su biografía y sonreí al darme cuenta de que, efectivamente, Antonio Tabucchi era una persona comprometida y fiel a sus principios. Así pues, no puedo decir otra cosa que no sea gracias, Tabucchi.


2 comentarios:

  1. He de decir, en un acto de vergüenza como filóloga, que no conocía a Tabucchi. En todo caso, me alegra saber que te haya influido así. Es inevitable sentir pena cuando se muere alguien que no conocemos pero que nos ha influido de alguna manera. En mucha gente de la que dice que ha llorado habrá cuento (queda muy bien de cara a la gente), imagino que en otras habrá lágrimas de verdad. Como todo en esta vida, plañideras ha habido siempre ;)
    Un beso!

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  2. Pereira es tan adorable que te roba el corazón en cero coma. Con la muerte de Tabucchi he leído comentarios de otros libros suyos y me ha picado la curiosidad, así que probablemente este verano caiga alguno.

    Besos.

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