miércoles, 4 de abril de 2012

Lluvia en abril

Fotografía extraída de Google Imágenes
Siempre me han gustado los días lluviosos, esos en los que no para de llover y la intensidad de la lluvia va variando. Me hace gracia ver cómo corre la gente para no mojarse mientras yo paseo tranquilamente bajo la lluvia. Hoy paseé, pero no pude darme el gustazo de mojarme, toca cuidarse, aunque el cuerpo siempre hace lo que le da la gana.

Hoy paseé bajo un paraguas negro que lleva casi veinte años prestando servicio. Es de mi padre y es el único capaz de sobrevivir al viento y a la tempestad. Recuerdo cuando era niña y me agarraba fuerte para que no me moviera de debajo del paraguas, pues yo, al mínimo despiste, saltaba en cada charco y jugueteaba con el agua que caía sobre mí. Durante años le cogí manía a aquel paraguas porque me recordaba que no debía mojarme si no quería pasarme unos cuantos días en la cama y llevarme la típica bronca de mi madre, siempre la misma.

Ahora toca resignarse y coger el paraguas negro. El pulmón se queja del polen que con el viento cae de los árboles. Y es que las lluvias de abril lo arrastran todo, menos los recuerdos. Hoy, igual que ayer, dolió demasiado recordar el pasado y analizar el presente, y eso el pulmón izquierdo lo sabe.




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