jueves, 18 de octubre de 2012

Los héroes juegan en el A.E. Prat



Fotografía oficial del A.E. Prat de la temporada 2012-2013

Mi padre es una enciclopedia de fútbol. A veces es incapaz de recordar cómo se llama, sin embargo puede recitar  a la perfección la alineación de un partido concreto del Real Madrid hace cuarenta años sin despeinarse. En casa siempre ha habido y hay fútbol en la tele. Yo me he criado viendo jugar a Raúl, de ahí, supongo, mi afición por este deporte y por el equipo blanco.

Con seis o siete años acompañé un domingo a mi padre al campo del Fondo d’en Peixo para ver un partido del A.E. Prat. No recuerdo ese día, pero sí que desde entonces fui cada domingo durante muchos años. A la mente se me viene aquel barrizal donde se disputaba el juego y cómo dolía ver caerse a los jugadores. Más de un aprensivo a la sangre en ese campo sufrió. Por ser una niña me decían que tenía la mano inocente, de ahí que en los descansos me pidieran que le diera a la rueda de los números de la rifa.  Me subía al escalón más alto y el encargado de vigilar la rueda me la bajaba algunos escalones para que pudiera llegar. Los abuelos se enfadaban conmigo porque decían que nunca tocaba. Creo que ellos no pensaban que tenía la mano inocente, sino más bien gafe, aunque en mi defensa diré que, al menos que yo sepa, nunca ha tocado.

Algo que tampoco podré olvidar nunca de mi niñez fue cuando mi padre me llevó al campo del Espanyol en Montjuïc para ver un Espanyol-Madrid; aluciné. Para mí un campo de fútbol era el de El Prat, los grandes solo existían en la tele. Ganó el Madrid por  1-2, aunque la alegría no fue completa porque también tengo una gran simpatía por el equipo perico. Una sensación parecida a cuando entré en el campo de Muntjuïc tuve cuando El Prat empezó a jugar en el Sagnier. Pese a ser un campo pequeño, eso de que tuviera césped artificial para mí lo hacía súper importante. Seguí yendo cada domingo que el A.E. Prat jugaba en casa con mi padre. Me gusta escucharle cuando habla de fútbol porque sé que es su pasión y porque pocas personas pueden superarle en sabiduría futbolística.

Años después dejé de ir al campo por motivos que no vienen al caso. Cuando mi padre volvía a casa al mediodía tras el partido, antes de que abriera la puerta ya le estaba preguntando cómo había quedado El Prat. Él a veces se enfadaba porque, en la mayoría de ocasiones, no le había visto por la mañana y yo pasaba de darle los buenos días (a esas horas ya eran buenas tardes) y mi interés por él acababa cuando me decía el resultado del encuentro.

El 27 mayo volví al Sagnier. El A.E. Prat se disputaba subir a Segunda B por primera vez en su historia con el Atlético Sanluqueño. En el campo se superaron los 1.000 espectadores y los jugadores pratenses lo consiguieron: subimos. Me emocioné como cuando de niña fui al campo del Espanyol a ver aquel partido, y yo que soy de las que no entiende eso de salir a la calle para celebrar un éxito deportivo, nada más acabar el partido salté al terreno de juego para celebrarlo y de vuelta a casa saqué la bufanda por la ventanilla del coche mientras le pedía a mi padre que tocara el claxon como si no hubiera mañana. La fiesta en la Pl. de la Vila me la perdí porque al día siguiente tenía el examen más difícil al que posiblemente me haya enfrentado hasta ahora. ¡Qué envidia de todos aquellos que lo disfrutaron!

El 29 de agosto volví a dejarme caer por el campo. Esta vez el A.E. Prat se enfrentaba al Nàstic en la primera ronda de la Copa del Rey. Sí, El Prat jugaba por primera vez un partido de la Copa del Abuelo Tropezones, y no era un sueño, era real. Fue un partido que jamás podré olvidar, ya no solo porque ganásemos –además de forma épica-, sino por cuestiones personales que otra vez no vuelven a venir a cuento, o tal vez sí en esta ocasión.

Llegó el 12 de septiembre y  El Prat vibró con la segunda ronda de la Copa del Rey en Oviedo; esta vez lo vivimos por la radio. Ganamos en unos penaltis agónicos, pero ahí estaba san Toni Texeira para regalarnos más ilusión. La ciudad fue una fiesta: coches pitando, gente gritando e incluso se escucharon petardos. Vamos, que no envidiamos en nada al Barça o al Madrid.

Anoche volvimos a tener otra cita con la Historia. El A.E. Prat se enfrentó al Llagostera en la tercera ronda de la Copa del Rey. El Sagnier lució radiante y estrenó gradas que se llenaron por completo. Más de 2.000 personas estaban empujando a los jugadores para conseguir el caramelo de enfrentarnos a un primera. El conjunto pratense se adelantó en el marcador, pero en el minuto 76 el Llagostera consiguió el empate. La prórroga fue inevitable, pero los Potablava se adelantaron y la euforia se apoderó de todos nosotros, tanto los que estábamos en el campo como los que seguían el encuentro por la radio, palomitas cordobesas incluidas. Pero la alegría no duró mucho, pues pocos minutos después el linier, que no el árbitro, señaló un penalti más que polémico a favor del Llagostera. Marcaron, pero el Sagnier no se rindió, y muchos menos los jugadores pratenses. Lo siguieron intentando hasta que llegó el tercero del Llagostera de falta directa, aunque esta vez el árbitro tuvo mucho que ver, pues no pitó la falta donde debía, sino mucho más cerca de la portería que defendía san Toni Texeira. 

Acabó el partido y el Llagostera se llevó el gato al agua, aunque demostró, desgraciadamente, no saber ganar. Dejaron el deporte por el teatro y el boxeo, lo que calentó el ambiente. Los jugadores del A.E. Prat demostraron que sí saben perder, igual que demostraron saber ganar en otras ocasiones. Con el pitido final, la afición del Sagnier, la cual tuvo un comportamiento ejemplar en todo momento, se puso en pie y ovacionó a sus jugadores. Y es que el esfuerzo que hicieron fue titánico. Cabe recordar que ellos no viven del fútbol y algunos trabajan, por lo que tienen que hacer malabares para no perder horas y días de trabajo y también poder jugar.

El cine y la literatura nos venden que los héroes son aquellos que siempre triunfan, pero el éxito no solo consiste en ganar partidos, sino en que la gente sepa valorar tu trabajo y esfuerzo, los cuales nacen de la humildad más absoluta.  Estos chicos nos han dado muchísimo. En estos momentos tan difíciles nos han regalado emoción y alegría y  una buena lección de humildad, y eso no hay copa que lo supere.

¡GRACIAS, CAMPEONES!

2 comentarios: