lunes, 8 de octubre de 2012

Miedos mojados

Fotografía tomada el viernes pasado en la estación de trenes de Girona


“Cada cual se esfuerza, cuanto está a su alcance, por preservar su ser”, Spinoza


Hoy hace justo una semana que empecé las clases. El martes pasado de camino a la Facultad me di cuenta de que la cartera la tenía empapada de agua, también los pantalones. Por salir con la hora justa del piso, no le dediqué el tiempo necesario a cerrar bien el botellín de agua –imprescindible- que siempre llevo dentro de ella. Media hora estuvo goteando hasta que me di cuenta del desastre. La libreta, el estuche, el monedero, todo estaba pringado por el agua. Corriendo cerré bien la botella y esta vez sí que me cercioré de que estuviera perfectamente cerrada. Al sacar el boli y la libreta para coger apuntes hubo algo que me estremeció: ¡la libreta de las citas estaba empapada!

Desde hace un par de años llevo siempre conmigo la libreta que me regaló mi amiga Laura por mi cumpleaños. Es una libreta preciosa, con diferentes tonalidades de verde. Le guardo un cariño especial por el momento en el que llegó y por su dedicatoria, en la que deseaba que en las últimas hojas escribiera un final feliz para una historia de terror.

Nunca he sido amante de los diarios. Muchas veces he intentado escribir uno, pero he sido incapaz; me dan miedo. Quizá por eso nació este blog, porque, al fin y al cabo, es una especie de diario del que las páginas se van perdiendo por la red, aunque sea extremadamente fácil volver a ellas. Por ello no he escrito ni una sola línea sobre mí en la libreta que Laura me regaló. La utilizo para anotar las citas que me hubiera gustado decir o escribir a mí. Un tópico, sí. La mayoría de las citas están escritas con mala letra, pues las apunto en cualquier sitio y sin soporte.

Ante la inundación que sufrió la cartera, y sobre todo al desperfecto  de la libreta, me di cuenta de que estaba abandonando el blog. Confieso que vuelvo a tenerle miedo a la escritura, ese mismo miedo que me impide escribir un diario. Las idas y venidas de Girona vuelven a ser devastadoras; el caos que los recortes han traído a la universidad duelen; las pesadillas nocturnas vuelven a agudizarse; y el olvido de los seres queridos mata. Sin embargo, hay un motivo –el mejor que se pueda imaginar- para seguir escribiendo, incluso para volver, también casa.

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