miércoles, 28 de noviembre de 2012

Será el invierno en Ítaca

Representación de Ulises y Penélope extraída de Google Imágenes

La casualidad es una puta. A veces nos proporciona besos, caricias y abrazos y en otras ocasiones nos arrebata estos placeres sin ningún tipo de escrúpulo. Hoy la casualidad dolió. Esta tarde un amigo al que le gusta todo tipo de “música rara” me escribió un whatsapp para decirme que había escuchado una canción de Ismael Serrano y le había gustado. “¡Oh, milagro!”, pensé. Quería saber el nombre de la canción, así que le pedí que me diera alguna pista. Me escribió palabras sueltas y en mi memoria aparecieron todos los versos de Regresa al tiempo que sentí un escalofrío. Le dije el título y me fui directa a Youtube para escucharla. De repente Serrano cantó “Pasan ya varios días sin ti/ ¿Dónde te has metido? ¿Dónde te escondiste de mí?” y el escalofrío pasó a convertirse en punzadas.

El frío empieza a calar los huesos y hay pocas cosas que nos calmen en estos días de prisas y miedos y recuerdo lo que mi padre me dijo el lunes: “si hay algo que admiro de ti, es que no le tienes miedo a nada”. He perdido la cuenta de las veces que me ha repetido esta frase. A veces me gustaría decirle que se equivoca. Tengo miedo, afortunadamente. No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que lo tiene y se enfrenta a él. Quizá sea la lección más importante que he aprendido nunca. Mi madre, por su parte, al escucharme por teléfono fatigada por las prisas y el cansancio este mediodía, me dijo, entre risas, que aún no había aprendido a andar. Me recordó que yo no empecé a andar, sino a correr y que hasta hace cuatro días, como aquel que dice, corría por las calles y saltaba por cada banco de El Prat. “¡Eres un desastre!” acabó diciéndome mientras nos reíamos gracias a viejas historias.

El frío también trae recuerdos recientes. Recuerdo los planes que hicimos con los primeros fríos de este año para entrar en calor, y con nostalgia en los ojos, sonrío y también escribo. Pese a la vorágine de estos días, el frío me ha traído las ganas de volver a escribir. Esas ganas que vienen y van. Empiezan a nacer escritos que nunca nadie verá y preparo un proyecto con personas que de ilusión y de ganas van sobradas, y me dejo contagiar de ello.

La lluvia y el frío siguen su curso y yo espero. Quizá sea el momento de empezar a andar por primera vez. Primero un pie, luego el otro y ya tenemos un paso; el primero. Siento el vértigo corriendo por mis venas y al miedo le planto cara sin ningún tipo de complejo. Y así, poco a poco y en silencio, creo mi propia Ítaca e imito a Penélope mientras espero mi propio regreso.

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