domingo, 2 de diciembre de 2012

Aunque tú no lo sepas, llega diciembre

Fotografía del Calendario Maya extraída de Google Imágenes


Llegamos a la última página del calendario. Es el mes del fin del mundo y el almanaque de mi habitación sigue estancado en septiembre. Perezoso, o tal vez nostálgico, se resiste a tachar días importantes y felices. Siempre se me ha dado mal llevar la vida al día, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar, por fin.

De madrugada noté el calor de una madre, la mía, por primera vez y me sentí parte del mundo. Creo, que pese a la tristeza que se respiraba en la habitación, el corazón me estalló de felicidad al quitarme todas las máscaras y disfraces ante ella. Me desnudé mientras me acercaba la estufa a mis pies, siempre fríos, y me pasaba una manta por los hombros. Me tendió su mano y apretó la mía con una fuerza también desconocida para ella. Casi vimos amanecer juntas entre lágrimas y confesiones, pero Morfeo la venció antes.

Los días van pasando y la nostalgia de aquellos en los que sentimos el mundo bajo nuestros pies pesa y, sin saber cómo hacerlo, me acerco a mis amigos y descargo parte de la carga, también por primera vez. Vuelvo a tirarme a la piscina y busco a aquellos con los que sé que puedo hablar, y sin esperármelo, me regalan abrazos entre paseos, risas, ánimos y alguna amenaza de “maltrato de amistad". Son estos detalles los que llenan y reconfortan, los que nos recuerdan que estamos vivos y nos obligan a aferrarnos al verbo vivir.

Vuelvo a la vida, y esta vez, con paso firme. Este ha sido el mejor regalo que podías hacerme, la huella que quedará en mí para siempre, aunque tú nunca lo sepas. Gracias.




4 comentarios:

  1. Creo que tienes cosas que contarme. En todo caso, me alegro de que tus pies empiecen a pisar con fuerza. Y que sea así por mucho, mucho tiempo :-*

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  2. Prometo que mañana te envío un privado, y si se me olvida, recuérdamelo. El problema de mis pies es que son dos cubitos de hielo, no hay forma de calentarlos, ay...

    Un beso, guapetona.

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  3. Precioso texto. Solo se me ocurre dejarte este verso de una cación de Ende... "Son aquellos gestos invisibles los que importan, los que mueven este mundo de verdad...".
    Un saludo.

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