lunes, 10 de diciembre de 2012

Por fin lo entiendo


Hace tres años conocí a un chico que estaba a punto de acabar la carrera. Yo empezaba la mía. Coincidíamos en una asignatura obligatoria para toda la Facultad de Letras y casi siempre nos sentábamos juntos. Los humanos somos animales de costumbres, de ahí que si nos sentamos un día en un sitio, al día siguiente volveremos a ocupar la misma silla. Hablaba poco y siempre entraba en clase escuchando música. Un día le pregunté qué escuchaba y gracias a esta pregunta llegué a conocer tiempo después a grupos como La Pegatina, Bongo Botrako o Txarango, también su historia.

Durante aquellos primeros meses murió un chaval de mi clase de cáncer. Pocos eran los que sabían que tenía esta enfermedad, de ahí el shock que supuso esta noticia tanto para profesores como para alumnos. Pocos días después, este chico me preguntó si era cierta. Con mi confirmación, sus ojos se llenaron de lágrimas, aunque aguantó el tipo. Con cierta rabia en la voz, me contó que su novia tenía un cáncer terminal. La conoció en Barcelona cuando fue a visitar a un amigo al hospital. Ella, calva pero con unos ojos preciosos, le robó el corazón, decía. A partir de aquel momento fue casi cada día al hospital con la excusa de ver a su amigo, quien había sufrido un accidente bastante grave de tráfico. Un día de esos, volvió a encontrarla y la invitó a un café. Bromeaba diciendo que ver tantas películas americanas al final le había servido para algo.

Aquel año él acabó la carrera y poco después ella murió. Pasaron unos meses hasta que me escribió para darme la noticia. Yo en aquellos momentos huía del mundo, también del amor. Recuerdo que lloré como una descosida ante aquel correo electrónico; también empecé a creer en el amor, el de verdad. Tardé días en responderle porque no sabía qué decir. Desde entonces escuchar a grupos como Bongo Botrako, La Pegatina o Txarango, los cuales se supone que son alegres, me llenan de una nostalgia maldita, pero también de esperanza.

Hace unas semanas a él le dediqué otra entrada en este blog por mandarme un correo electrónico de esos que te hacen llorar hasta quedarte seco. Le admiro, lo reconozco. Me escribía desde Londres, donde ha ido a buscarse la vida. Es otro sin ella, pero sigue manteniendo la fuerza que ella le regaló. Supongo que si leyera esto me diría la frase que siempre repetía: “todo es cuestión de tiempo, ya lo entenderás”. Creo que hoy, por fin, lo entiendo.





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