domingo, 26 de agosto de 2012

Amor universal

Fotografía extraída de Google Imágenes


El ser humano siempre ha buscado la forma de volar sin pensar demasiado en el aterrizaje. A mí me gustan las alturas, me encanta la sensación de vértigo mezclada con la adrenalina, pero jamás me he atrevido a imitar el vuelo del pájaro, a saltar al vacío sin preocuparme de la red, tal vez por eso jamás he sido capaz de levantar un palmo del suelo. Yo soy de esas que de madrugada se asoma desnuda a la venta de su habitación y mira la luna durante horas mientras sueña con mundos mejores. Reconozco que siempre he envidiado a Neil Armstrong por haber sido el primero en follársela, en romper su himen para desvirgarla ante los ojos atónitos de todo el mundo. Una hazaña para la Historia, un gran paso para la Humanidad, y sin embargo anoche el héroe murió. Dejó de respirar como cualquiera y la luna, dicen, llora desconsolada como una mujer mundana que pierde al amor de su vida. Aquel que deja huella para siempre, una bandera cerca de las estrellas y el mundo, durante unos instantes, bajo los pies de ambos sin que importe el qué dirán. Simplemente, se amaron.

sábado, 18 de agosto de 2012

Tres pasamontañas, un cristo y una bandera republicana

Dibujo de Banksy extraído de Google Imágenes


Es curioso cómo nos llevamos las manos a la cabeza por la condena a las Pushy Riot. Llamamos dictador a Putin, que lo es, y nos preguntamos cómo es posible que el simple hecho de protestar en una iglesia haya llevado a la cárcel a estas tres chicas. Parece ser que ya nos hemos olvidado de que hace solo unos meses a Krahe tuvo que ir a juicio tras ser demandado por un vídeo de los años setenta en el que cocinaba a un cristo. Tampoco hay que olvidarse del ciudadano que recientemente ha sido acusado de incitar a la violencia por hondear una bandera republicana. Como siempre, es más fácil ver la paja en el ojo ajeno. Es repugnante que en pleno siglo XXI la gente no pueda protestar para defender sus derechos, incluso sus (no) creencias. Libertad, ¿dónde estás?

martes, 14 de agosto de 2012

Un cañón por el culo (Artículo de Juan José Millás)


Juan José Millás

Si lo hemos entendido bien, y no era fácil porque somos un poco bobos, la economía financiera es a la economía real lo que el señor feudal al siervo, lo que el amo al esclavo, lo que la metrópoli a la colonia, lo que el capitalista manchesteriano al obrero sobreexplotado. La economía financiera es el enemigo de clase de la economía real, con la que juega como un cerdo occidental con el cuerpo de un niño en un burdel asiático. Ese cerdo hijo de puta puede hacer, por ejemplo, que tu producción de trigo se aprecie o se deprecie dos años antes de que la hayas sembrado. En efecto, puede comprarte, y sin que tú te enteres de la operación, una cosecha inexistente y vendérsela a un tercero que se la venderá a un cuarto y este a un quinto y puede conseguir, según sus intereses, que a lo largo de ese proceso delirante el precio de ese trigo quimérico se dispare o se hunda sin que tú ganes más si sube, aunque te irás a la mierda si baja. Si baja demasiado, quizá no te compense sembrarlo, pero habrás quedado endeudado sin comerlo ni beberlo para el resto de tu vida, quizá vayas a la cárcel o a la horca por ello, depende de la zona geográfica en la que hayas caído, aunque no hay ninguna segura. De eso trata la economía financiera.

Estamos hablando, para ejemplificar, de la cosecha de un individuo, pero lo que el cerdo hijo de puta compra por lo general es un país entero y a precio de risa, un país con todos sus ciudadanos dentro, digamos que con gente real que se levanta realmente a las seis de mañana y se acuesta de verdad a las doce de la noche. Un país que desde la perspectiva del terrorista financiero no es más que un tablero de juegos reunidos en el que un conjunto de Clicks de Famóbil se mueve de un lado a otro como se mueven las fichas por el juego de la Oca.

La primera operación que efectúa el terrorista financiero sobre su víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca. Es decir, la desprovee del carácter de persona, la cosifica. Una vez convertida en cosa, importa poco si tiene hijos o padres, si se ha levantado con unas décimas de fiebre, si se encuentra en un proceso de divorcio o si no ha dormido porque está preparando unas oposiciones. Nada de eso cuenta para la economía financiera ni para el terrorista económico que acaba de colocar su dedo en el mapa, sobre un país, este, da lo mismo, y dice “compro” o dice “vendo” con la impunidad con la que el que juega al Monopoly compra o vende propiedades inmobiliarias de mentira.

Cuando el terrorista financiero compra o vende, convierte en irreal el trabajo genuino de miles o millones de personas que antes de ir al tajo han dejado en una guardería estatal, donde todavía las haya, a sus hijos, productos de consumo también, los hijos, de ese ejército de cabrones protegidos por los gobiernos de medio mundo, pero sobreprotegidos desde luego por esa cosa que venimos llamando Europa o Unión Europea o, en términos más simples, Alemania, a cuyas arcas se desvían hoy, ahora, en el momento mismo en el que usted lee estas líneas, miles de millones de euros que estaban en las nuestras.

Y se desvían no en un movimiento racional ni justo ni legítimo, se desvían en un movimiento especulativo alentado por Merkel con la complicidad de todos los gobiernos de la llamada zona euro. Usted y yo, con nuestras décimas de fiebre, con nuestros hijos sin guardería o sin trabajo, con nuestro padre enfermo y sin ayudas para la dependencia, con nuestros sufrimientos morales o nuestros gozos sentimentales, usted y yo ya hemos sido cosificados por Draghi, por Lagarde, por Merkel, ya no poseemos las cualidades humanas que nos hacen dignos de la empatía de nuestros congéneres. Ya somos mera mercancía a la que se puede expulsar de la residencia de ancianos, del hospital, de la escuela pública, hemos devenido en algo despreciable, como ese pobre tipo al que el terrorista por antonomasia está a punto de dar un tiro en la nuca en nombre de Dios o de la patria.

A usted y a mí nos están colocando en los bajos del tren una bomba diaria llamada prima de riesgo, por ejemplo, o intereses a siete años, en el nombre de la economía financiera. Vamos a reventón diario, a masacre diaria y hay autores materiales de esa colocación y responsables intelectuales de esas acciones terroristas que quedan impunes entre otras cosas porque los terroristas se presentan a las elecciones y hasta las ganan y porque hay detrás de ellos importantes grupos mediáticos que dan legitimidad a los movimientos especulativos de los que somos víctimas.

La economía financiera, si vamos entendiéndolo, significa que el que te compró aquella cosecha inexistente era un cabrón con los papeles en regla. ¿Tenías tú libertad para no vendérsela? De ninguna manera. Se la habría comprado a tu vecino o al vecino de tu vecino. La actividad principal de la economía financiera consiste en alterar el precio de las cosas, delito prohibido cuando se da a pequeña escala, pero alentado por las autoridades cuando sus magnitudes se salen de los gráficos.

Aquí están alterando el precio de nuestras vidas cada día sin que nadie le ponga remedio, es más, enviando a las fuerzas del orden contra quienes tratan de hacerlo. Y vive Dios que las fuerzas del orden se emplean a fondo en la protección de ese hijo de puta que le vendió a usted, por medio de una estafa autorizada, un producto financiero, es decir, un objeto irreal en el que usted invirtió a lo mejor los ahorros reales de toda su vida. Le vendió humo el muy cerdo amparado por las leyes del Estado que son ya las leyes de la economía financiera, puesto que están a su servicio.

En la economía real, para que una lechuga nazca hay que sembrarla y cuidarla y darle el tiempo preciso para que se desarrolle. Luego hay que recolectarla, claro, y envasarla y distribuirla y facturarla a 30, 60 o 90 días. Una cantidad enorme de tiempo y de energías para obtener unos céntimos, que dividirás con el Estado, a través de los impuestos, para costear los servicios comunes que ahora nos están reduciendo porque la economía financiera ha dado un traspié y hay que sacarla del bache. La economía financiera no se conforma con la plusvalía del capitalismo clásico, necesita también de nuestra sangre y en ello está, por eso juega con nuestra sanidad pública y con nuestra enseñanza y con nuestra justicia al modo en que un terrorista enfermo, valga la redundancia, juega metiendo el cañón de su pistola por el culo de su secuestrado.

Llevan ya cuatro años metiéndonos por el culo ese cañón. Y con la complicidad de los nuestros.



Cómo se agradece que alguien hable claro, sin eufemismos ni pelos en la lengua. Gracias, Millás.

viernes, 10 de agosto de 2012

Carta a mi abuelo

Ayer hizo dieciséis años que te marchaste y yo fui incapaz de escribirte como otras tantas veces. Dicen que el tiempo te hace olvidar, que cierra heridas, pero yo cada vez te echo más de menos. Cada vez soporto menos ver a la gente que quiero fumar, me vienes siempre a la cabeza, también tus pulmones carbonizados por llevar toda la vida pegado a un cigarrillo.

Abuelo, me dicen que me parezco a ti en eso de ser capaz de tirarme horas mirando “una piedra vieja” o cualquier cosa que venga del pasado. Mamá, cuando me pregunta por mis amigos y le digo que la mayoría son, como mínimo, veinte años mayor que yo, me mira fijamente y suspira “como tu abuelo, igual que él”, después, sonríe. Creo que ella comparte mi pensamiento de que contigo todo podría haber sido diferente; ambas hubiéramos tenido tus hombros para apoyarnos cuando las cosas más importantes, las de dentro, no van bien. Quizá contigo hubiéramos sido más fuertes porque tú lo eras, siempre con tu sonrisa protagonizada por tu único y querido diente.

Te echo de menos, abuelo. Creo que hace tiempo que volvió mi yo de los seis años, dos años después de tu muerte. Cuando moriste me lo dijeron, afortunadamente, sin eufemismos, pero yo no pude entenderlo, seguramente, no quise. Creía que al año siguiente, cuando volviera a Granada como cada verano, me esperaría tu abrazo y tus besos, también los globos y los carteles de bienvenida, pero todo eso nunca volvió. Dos años después de tu muerte tuve una competición de patinaje y yo le supliqué a mamá que tú estuvieras. No supo explicarme el porqué de tu ausencia, simplemente me decía que desde el cielo estarías conmigo y me verías. Recuerdo aquella pataleta y cómo le reproché a mamá que yo no te quería en el cielo, que te quería allí, a pie de pista animándome para que corriera más. Supongo que a partir de ahí nació mi ateísmo, perdóname. Corrí con rabia, abuelo, y sí, les gané a todos, hice una carrera perfecta, pero no importó porque simplemente tú no estabas allí para celebrarlo. Y te digo que esa niña ha vuelto porque cada vez te necesito más. A veces nos imagino hablando, te cuento todo, te explico que soy incapaz de raptar al hombre que amo, tal y como tú hiciste con la abuela, y que me cuesta ser feliz, y tú me abrazas, me secas las lágrimas y el mundo parece menos malo.

Aunque digan que tú no entendías de política y que pasabas de todo ese tema, sé que estarías orgulloso de mí. Dicen eso de ti, pero realmente son ellos los que no tienen ni idea. ¿Cómo no ibas a saber tú de ese tema si viviste la guerra, la postguerra (el hambre), el franquismo, la fallida transición y esto que llaman democracia? ¡Claro que sabías! Pero sufriste demasiado, como todos los de tu edad. Mamá y papá pocas veces me entienden cuando hablamos de política o de problemas sociales porque creen que es absurdo, incluso injusto, defender a aquellos que menos tienen, como los inmigrantes, y es que papá parece haberse olvidado de que sus padres, mis otros abuelos, tuvieron que irse a Alemania a trabajar lo que no está en los escritos y vivir en pésimas condiciones simplemente para sobrevivir. Mamá en esto también me dice que soy como tú, que me dejo la piel para ayudar a los demás y muchas veces me olvido de mí, pero yo creo que es lo contrario. Abuelo, me siento realmente bien cuando ayudo aquel que está a mi lado, no he aprendido a mirar hacia otro lado y no quiero hacerlo. No sé qué pensarían mamá y papá si supieran que a veces compro paquetes de lentejas y se los doy a aquellos que deambulan hambrientos por los alrededores de los supermercados, pero estoy convencida de que  tú me entiendes.

Tengo que despedirme ya, mamá me está pidiendo desde hace un rato que la ayude en la cocina. Dentro de unos días volveré a Granada, pero desde que tú te fuiste, la Alhambra está triste porque ya no hay nadie que encima de su terraza construya otra para admirarla mejor; tampoco está  Morente para cantarle. Sé que no podré engañar ni a mamá ni a las titas para que me dejen entrar en tu casa y perderme por tu taller. En casa seguimos conservando lámparas, mesas y figuras que tú hiciste con tus manos. No sabes lo orgullosa que me siento de ti y de tu arte. Eras un artista con el hierro, en Graná aún te recuerdan y a tu entierro fueron muchos de los que te admiraban, tanto como persona como artista. La abuela a escondidas me cuenta que era tu ojito derecho porque no le tenía miedo a nada, sin levantar medio palmo del suelo me iba contigo a coger los huevos de las gallinas y si me picaban, tú les dedicabas todos los tacos que te sabías, que no eran pocos, y que yo repetía como un loro para el enfado de mamá y las risas del resto, sobre todo las tuyas. Cogiste un avión por primera vez para mi primer cumpleaños porque decías que no podías ni querías perdértelo, y hasta este momento, nunca nadie más ha dado más de doscientos pasos por mí, como dice la canción de Standstill, un grupo de aquí de Barcelona que a mí me encanta. Abuelo, gracias por dejar que me parezca a ti.

Te quiere,
tu nieta.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Pecado

Fotografía extraída de Google Imágenes

Nos quitamos la ropa
como bestias
para gemir
como salvajes
en un minúsculo colchón.
Preferimos los callejones
sin salida
y los rincones oscuros
para amarnos
sin pedir permiso,
y ahora,
nos vence el miedo.

Cariño, lo siento,
solo pudimos ser humanos.
Ese fue nuestro pecado.


lunes, 6 de agosto de 2012

Gracias, Chavela

Fotografía extraída de Google Imágenes


Chavela Vargas nos dejó ayer, pero su libertad y su voz rota no se han apagado, y menos aún en estos tiempos convulsos que nos azotan. Ella estaba en mi lista de Personas que me gustaría entrevistar algún día porque siempre he admirado su fortaleza, su serenidad, su ansia inagotable de libertad y su forma de expresar el dolor a la hora de cantar, también de convertirlo en bello.

Hoy sufro y pienso en ella como tantas veces nos pidió, pero soy incapaz de darle al play y hacerla cantar una vez más. Por el boulevard de los sueños rotos, la canción con que Sabina la homenajeó, y Hacia la vida cantada por Miguel Poveda, sin embargo, no paran de sonar en mi habitación. El dolor también está en sus gargantas hoy, por eso creo que somos muchos los que queremos aprender a reír tal y como lloraba Chavela.

Ella, conocedora de mi fobia a las despedidas, me enseñó que nunca se dice adiós, se dice te amo. La lección la aprendí tarde, seguramente, ella también; algo así solo puede aprenderse a deshora. Por eso, Chavela, por todo lo que nos has enseñado, por ser una maestra de la vida hasta tu último suspiro, te doy las gracias. Pensaremos en ti para sonreír y brindaremos con tequila en y por tu memoria. Descansa, Chamana.

viernes, 3 de agosto de 2012