lunes, 31 de diciembre de 2012

12 canciones de 2012

2012 no ha sido un año fácil. Ha sido un año en el que han pasado muchas cosas y en donde las casualidades y las pequeñas cosas han jugado un papel muy importante. Os dejo 12 canciones que forman parte de la banda sonora de mi año. Todas me llevan a algo y/o alguien. No están ordenadas ni por fecha ni por importancia, simplemente están dentro de mi caos.

1. Esta no es una canción para cambiar el mundo, Luis Ramiro


2. Te podría decir, Marwan


3. Deseo, Jorge Drexler


4.  Hacia la vida, Chavela Vargas en la voz de Miguel Poveda


5.  In your light, Gotye


6. Criticarem les noves modes de pentinats, Manel


7.  El pequeño vals sin título, Carmen Boza


8. Lejos de tu cama, Havalina


9. Me quedaré, Estopa


10.  La nueva reconquista de Graná, Grupo de expertos Solynieve


11.  Pan y mantequilla, Efecto Pasillo


12.  Te odio, Ismael Serrano


sábado, 29 de diciembre de 2012

viernes, 28 de diciembre de 2012

La culpabilidad del tiempo

Fotografía extraída de Google Imágenes

Pese a los empeños por vendernos la Navidad como algo bonito y mágico, para muchos es una época triste. Nos faltan personas y nos sobran muertos. En un momento determinado miramos hacia un lugar de nuestras casas, o quizá a nuestro propio infinito, y deseamos que aparezca alguien por una puerta, que nos sonría como solía hacer y que el mundo siguiera girando como si nada hubiera pasado. Pero pasa: ya no están.

Bailamos con fantasmas a lo largo del año, incluso nos convertimos en fantasmas de aquello que fuimos algún día. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen porque nos aterra el futuro. ¿Pero qué pasa cuando morimos nosotros, cuando nos asesinan con un adiós?

Mi última muerte fue hace tres días, pero aún no ha habido resurrección. Esta vez tardará en llegar. Otro adiós, otra despedida sin piedad, otra vez el corazón descolocado. Los muertos, mis asesinos, ya no llaman por teléfono ni envían mensajes, tampoco atendieron a mis llamadas de socorro ni fueron a mi entierro, pero se encargan, de alguna forma, de recordarme que siguen vivos. Ahí están sus recuerdos, sus cuerpos, sus olores, sus voces, sus promesas incumplidas y los planes que dejamos a medias o ni siquiera hicimos. El tiempo nos entierra en su memoria y se  escapa. Se sabe culpable.




lunes, 24 de diciembre de 2012

La vida de la naranja



Fotografía extraída de Google Imágenes
“Pero olvidamos con demasiada frecuencia. Ya no sabemos llamar. Hablamos silencio. Nuestras lenguas son irrespirables. Los nombres se asfixian. Las cosas ya no pasan en la oscuridad. Nuestras lenguas están desiertas. Ya no vivimos en ellas. Nos olvidamos. Y todos los jardines se convierten en fantasmas. Con demasiada frecuencia olvidamos el nombre con el que se llama a la naranja, el verdadero nombre de la naranja, ácida, sabrosa, las naranjas sufren, toda la especie perece, se extingue, y también nosotras en la oscuridad sin frutas, sin huellas de olvidadas, nos desecamos, nuestras lenguas están deshidratadas.

[…] Todo lo que no hay que olvidar, no negarse a saber, a conservar herido en la memoria: la muerte, la carnicería, la indiferencia, para poder llegar viva delante de la naranja llena de vida, hay que poder pensar en seis millones de cadáveres, tres mil cabezas nucleares, no olvidar, mil millones de encadenados, mil millones de emparedadas, para medir la fuerza mundial de una sonrisa. Para no olvidar los nombres de presencia.

[…] Tenemos miedo de no olvidar la sutil alegría que, en medio de un instante de otoño, nos reserva la contemplación de una hoja: tenemos miedo de pensar en la vida, y de sentir su llamada, de no poder seguir evitando necesitarla, de no poder seguir soportando estar lejos de ella, en el olvido, o en el recuerdo. Pero para ir hasta la hoja prohibida, hasta el polvo de luz que suaviza los árboles, hasta la ventana en la que una mujer se apoya, se asoma y piensa, y así enmarcada, se dedica a pensar, hay que afrontar los diez mil demonios, el tiempo de abrir la puerta y ya hay que haber evitado diez, cien en la escalera, y un sinfín en el cinturón periférico”.

La risa de la medusa, Hélène Cixous. Págs. 137, 138 y 140.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La soledad, nuestra ley de la frontera

Portada del libro extraída de Google Imágenes


Javier Cercas vuelve a la carga, esta vez con 'Las leyes de la frontera', una novela basada en la vida del Vaquilla. Quizá el protagonista, el Zarco, no sea el Vaquilla que todos conocemos, sino uno de tantos chavales que durante los años 70’s caminaron por el filo de la navaja de la delincuencia porque la vida, la suerte o el esquinazo que sufrieron por parte de la sociedad no les dejaron divisar otro camino. Hoy esa delincuencia juvenil sigue vigente, pese a 'la limpieza' de las ciudades para que puedan acoger Expos, Olimpíadas o Fórums con la cara limpia o a que los medios de comunicación no se hagan eco de ello. SEGUIR LEYENDO.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Por fin lo entiendo


Hace tres años conocí a un chico que estaba a punto de acabar la carrera. Yo empezaba la mía. Coincidíamos en una asignatura obligatoria para toda la Facultad de Letras y casi siempre nos sentábamos juntos. Los humanos somos animales de costumbres, de ahí que si nos sentamos un día en un sitio, al día siguiente volveremos a ocupar la misma silla. Hablaba poco y siempre entraba en clase escuchando música. Un día le pregunté qué escuchaba y gracias a esta pregunta llegué a conocer tiempo después a grupos como La Pegatina, Bongo Botrako o Txarango, también su historia.

Durante aquellos primeros meses murió un chaval de mi clase de cáncer. Pocos eran los que sabían que tenía esta enfermedad, de ahí el shock que supuso esta noticia tanto para profesores como para alumnos. Pocos días después, este chico me preguntó si era cierta. Con mi confirmación, sus ojos se llenaron de lágrimas, aunque aguantó el tipo. Con cierta rabia en la voz, me contó que su novia tenía un cáncer terminal. La conoció en Barcelona cuando fue a visitar a un amigo al hospital. Ella, calva pero con unos ojos preciosos, le robó el corazón, decía. A partir de aquel momento fue casi cada día al hospital con la excusa de ver a su amigo, quien había sufrido un accidente bastante grave de tráfico. Un día de esos, volvió a encontrarla y la invitó a un café. Bromeaba diciendo que ver tantas películas americanas al final le había servido para algo.

Aquel año él acabó la carrera y poco después ella murió. Pasaron unos meses hasta que me escribió para darme la noticia. Yo en aquellos momentos huía del mundo, también del amor. Recuerdo que lloré como una descosida ante aquel correo electrónico; también empecé a creer en el amor, el de verdad. Tardé días en responderle porque no sabía qué decir. Desde entonces escuchar a grupos como Bongo Botrako, La Pegatina o Txarango, los cuales se supone que son alegres, me llenan de una nostalgia maldita, pero también de esperanza.

Hace unas semanas a él le dediqué otra entrada en este blog por mandarme un correo electrónico de esos que te hacen llorar hasta quedarte seco. Le admiro, lo reconozco. Me escribía desde Londres, donde ha ido a buscarse la vida. Es otro sin ella, pero sigue manteniendo la fuerza que ella le regaló. Supongo que si leyera esto me diría la frase que siempre repetía: “todo es cuestión de tiempo, ya lo entenderás”. Creo que hoy, por fin, lo entiendo.





martes, 4 de diciembre de 2012

Lunes


El lunes, ese odiado día de la semana. Los lunes suelen ser hastíos, duros y nos dan una percepción lejana del fin de semana. Pocos son los que soportan con optimismo los primeros momentos potsdepertador de este día. Cada cual tiene sus trucos para sobrellevarlos. A mí me gusta entrar en el blog de Sopa de Poetes  y refugiarme en 'Los lunes de Anay'. Desde hace años la poeta Anay Sala colabora en el blog del colectivo poético de Sopa de Poetes. Su aportación es sencilla: un poema y una canción. Simple, ¿verdad? Y sin embargo, totalmente reconfortante.

Leer 'Los lunes de Anay' significa empezar el día y la semana sintiendo, por lo tanto, recordándonos que estamos vivos. Emocionarse, incluso antes de desayunar, quizá sea la mejor forma para enfrentarnos al sueño, al frío y a la rutina que poco a poco nos va haciendo viejos. SEGUIR LEYENDO

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aunque tú no lo sepas, llega diciembre

Fotografía del Calendario Maya extraída de Google Imágenes


Llegamos a la última página del calendario. Es el mes del fin del mundo y el almanaque de mi habitación sigue estancado en septiembre. Perezoso, o tal vez nostálgico, se resiste a tachar días importantes y felices. Siempre se me ha dado mal llevar la vida al día, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar, por fin.

De madrugada noté el calor de una madre, la mía, por primera vez y me sentí parte del mundo. Creo, que pese a la tristeza que se respiraba en la habitación, el corazón me estalló de felicidad al quitarme todas las máscaras y disfraces ante ella. Me desnudé mientras me acercaba la estufa a mis pies, siempre fríos, y me pasaba una manta por los hombros. Me tendió su mano y apretó la mía con una fuerza también desconocida para ella. Casi vimos amanecer juntas entre lágrimas y confesiones, pero Morfeo la venció antes.

Los días van pasando y la nostalgia de aquellos en los que sentimos el mundo bajo nuestros pies pesa y, sin saber cómo hacerlo, me acerco a mis amigos y descargo parte de la carga, también por primera vez. Vuelvo a tirarme a la piscina y busco a aquellos con los que sé que puedo hablar, y sin esperármelo, me regalan abrazos entre paseos, risas, ánimos y alguna amenaza de “maltrato de amistad". Son estos detalles los que llenan y reconfortan, los que nos recuerdan que estamos vivos y nos obligan a aferrarnos al verbo vivir.

Vuelvo a la vida, y esta vez, con paso firme. Este ha sido el mejor regalo que podías hacerme, la huella que quedará en mí para siempre, aunque tú nunca lo sepas. Gracias.