martes, 29 de enero de 2013

Contar besos

Fotografía extraída de Google Imágenes


Me pidieron que contara nuestra historia, o tal vez fui yo quien quiso plasmarla en un papel, ya no lo recuerdo. A veces huyo del pasado, corro hacia adelante con una velocidad pasmosa y ridícula porque temo que me pille, como si pudiéramos desprendernos de él. Al final, cuando te cansas de correr, te das cuenta de la absurdidad que tiñe esta carrera. Afortunadamente, no podemos escapar. Todo lo que fuimos, somos ahora, pese a cada reinvención.

A veces la vida nos pone ante situaciones que nunca creíamos que podríamos enfrentarnos, y nos enfrentamos a ellas y ganamos. También perdemos, ese es el riesgo. Pero si algo he aprendido en los últimos meses es que perder también significa ganar. Yo gané. Gané fuerza y me enfrenté a mis temores. Y ahora aquí está, llegó como un torrente echando abajo todas las puertas y ventanas de mi casa con su fuerza atronadora: la vida.

El verbo vivir puede asustar, como asusta saber que daría mi caos y mi locura por su reino. El miedo nos hace fuertes, nos arrebata de la muerte. El cobarde no es aquel que confiesa sus temores, sino aquel que no se enfrenta a ellos o que dice no tener miedo nunca. Miente como yo también lo hago.

Sigo pensando en escribir una historia, quizá la nuestra, pero son demasiados besos los que hemos ido dando, y muchos más los que hemos robado, como para contarlos uno a uno.


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