martes, 9 de abril de 2013

¡Buen viaje, maestro!

Fotografía extraída de Google Imágenes

Hoy es un día triste. Nos ha dejado uno de los pensadores españoles más importantes del siglo XX y de lo que llevamos XXI. José Luis Sampedro ha muerto a los 96 años y con su muerte nos ha dejado huérfanos. Y es que mentes tan lúcidas como las de Sampedro son muy necesarias en estos momentos tan difíciles. Él, pese a su edad, fue uno de los encargados de prender la llama de la indignación; fue uno de los padres del 15-M. Su espíritu siempre fue joven, lo que le permitió mantener una rebeldía admirable.

Con 15 o 16 años ayudé a mi madre a hacer una buena limpieza en casa. Entre un montón de cosas que estaban destinadas a acabar esa misma mañana en una bolsa de basura, apareció un ejemplar de La sonrisa etrusca. Le quité el polvo y dejé el libro encima de mi escritorio. Pocos días después lo empecé a leer y aún recuerdo todo lo que me hizo sentir aquella lectura de verano. Creo que no me he vuelto a emocionar tanto con una novela. Lloré, reí y aprendí un poco más sobre la vida y la muerte, en definitiva, sobre el acto de vivir. Leer esta joya de Sampedro es una de las mejores cosas que me ha pasado como lectora.

A partir de entonces empecé a interesarme por este economista, escritor y pensador. El silencio era sepulcral en casa cada vez que aparecía en televisión. Si no estaba en el salón, mi padre me gritaba: “¡corre, que está Sampedro en la tele!”, a la vez que subía el volumen. Yo corría, me acomodaba en el sofá y ponía los cinco sentidos para analizar, comprender e interiorizar la sabiduría del maestro. También envidiaba a sus entrevistadores y soñaba con poder sentarme algún día delante de él y hacerle una entrevista, una excusa maravillosa para, una vez que estuvieran los micros apagados, darle las gracias.

Hoy, cuando volvía al piso después de haber pasado la mañana en la Facultad, llamé a mi madre para que el camino se me hiciera más ameno. Hablamos de cómo nos había ido la mañana y también de lo que íbamos a comer. Un minuto después de colgar, me sonó el móvil. Era mi madre. Con un tono dulce me preguntó: -“José Luis Sampedro es ese escritor que tanto te gusta, ¿verdad?” Sin que dijera nada más, sabía lo que me iba a decir. “-Sí… No me digas que se ha muerto”. Mi madre hizo un silencio y susurró un “sí” que apenas pude escuchar. Pocas veces he andado un camino tan triste como el de hoy.

José Luis Sampedro se ha ido, pero nos queda su legado. Ahora nos toca a nosotros seguir escribiendo la Historia y mantener la llama que él encendió. Sampedro nos obligó a pensar cuando nos negábamos a hacerlo y hasta su último suspiro luchó por hacer del mundo un lugar más habitable. Desde aquí, desde este rinconcito escondido en la infinita red, una solo puede escribir palabras de agradecimientos teñidas hoy de una profunda tristeza.

¡Buen viaje, maestro!



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