lunes, 19 de agosto de 2013

Egipto llora sangre


Fotografía extraída de Google Imágenes

Por las aguas del Nilo apenas baja agua; su cauce se ha convertido en un vertedero de sangre. Las matanzas apagan sueños y empañan la Revolución que todo el mundo admiró. Hoy nos dicen que fue en vano, que la Primavera Árabe no ha servido para nada mientras nos muestran pirámides de cadáveres por televisión, aunque cada vez le dedican menos espacio. La noticia poco a poco deja de ser noticia. Este mundo líquido no puede ser otra cosa que cruelmente efímero.

Egipto dejó de ser el peaje hacia la Tierra Prometida y hábitat natural de los grandes faraones. Allí se tejió parte de nuestra cultura y las leyendas de aquellos tiempos nos siguen alimentando. La belleza de Cleopatra  continua embriagándonos, al igual que el dios Ra nos abrasa con su fuego sin importarle el paso del tiempo. Actualmente es lo único que sobrevive sin miedo al futuro.

A día de hoy Egipto está al borde de la guerra civil y el mundo mira de reojo, tímidamente, hacia el país de la Gran Esfinge. Seguimos sintiéndonos lejos de aquellos que sufren, aunque duerman en nuestro portal. Nos quedamos quietos y asentimos ante los que nos dicen que la Revolución es un fracaso seguro. Se nos olvidan los sueños que ella despierta, la esperanza, la capacidad de lucha o la unión en donde no existe la diferencia. Nos sigue asustando la lucha de los otros. De fondo, sin embargo, sigue escuchándose el rumor de la religión y del poder, el matrimonio que más muertes ha contraído a lo largo de la historia.


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