viernes, 20 de diciembre de 2013

Fronteriza

Durante muchos años, mi padre fue un aficionado de los vídeos caseros. Fuera donde fuera, su cámara de vídeo doméstica iba con él. Lo bueno de esta afición, entre otras cosas, es que tenemos un material de lo que fuimos impresionante. La memoria, así, no puede fallarnos. O sí, ya sabemos que la memoria consiste también en reinventar una y otra vez aquello que algún día vivimos, incluso en idealizarlo.

Hace unos días, a mi padre le dio un ataque de nostalgia y me pidió que pusiera alguna de las cintas que grabó cuando yo era pequeña. Siempre que me lo pide hace el mismo comentario: “quiero ver a mi niña”. Supongo que aceptar el paso de los años para todos es difícil, especialmente para los padres que ven cómo sus polluelos empiezan a abandonar el nido.

Cogí un vídeo al azar, como casi siempre. Resultó ser el de las navidades de 1995, cuando la que escribe solo tenía tres años. A lo largo del vídeo se me ve escribir junto a mi madre la carta a los Reyes Magos. Solo pedía dos cosas: unos patines y que le llevaran “cositas a los niños pobres de Bosnia”. Parece ser que ya desde pequeña empecé a desarrollar mi interés por la información y estaba empapada de actualidad.

En otra escena se me ve dormir en la cama de entonces que sigue siendo la de ahora. Ahí ya se veía la cama pequeña, así que imaginaos ahora, sin embargo, me niego a cambiarla. Los minutos de vídeo en los que se me ve durmiendo, mi padre los acompañó con una canción de Ecos del Rocío. En mi casa desde siempre se ha escuchado a Los Chichos, Los Chunguitos y a Ecos del Rocío. Podríamos decir que son la Santísima Trinidad musical de mis padres. Más tarde, llegaron los cantautores cuando mi padre me regaló un cassette de Pablo Guerrero y entendí que debía llover a cántaros.

Volviendo a la canción de Ecos del Rocío, en el momento en el que empezó a sonar el otro día, mi padre me dijo: “atiende, esa canción parece que está escrita para ti”. La canción en cuestión es La cuna junto a la cama y habla de alguien que nació en Cataluña, pero sin embargo, su sangre procede de Andalucía y de Extremadura.

Desde aquel día he escuchado mucho esta canción, incluso a veces la pongo para que suene en bucle en Spotify. Ya he dicho en varias ocasiones que no creo en banderas ni en fronteras. ¿Cómo voy a creer en ellas si estoy compuesta por tres tierras y las tres son fronterizas? De ahí que no entienda, ni quiero, de nacionalismos. Respeto los sentimientos de cada uno, ¿pero de verdad un cacho de tierra es tan importante?

Todo esto viene por las famosas dos preguntas a las que tendremos que enfrentarnos el próximo 9 de noviembre, si es que se la consulta se llega a hacer, que tengo mis dudas. Hace tiempo que defiendo la consulta por una cuestión de principios. He salido muchas veces a la calle para manifestarme y me he sentido frustrada al ver que los políticos no han hecho nada, al contrario, nos han tachado de terroristas simplemente por defender nuestros derechos. Ergo, defender que se escuchen a los dos millones de personas que salieron a la calle, en mi caso, es lo más lógico. Pero a mí que los políticos se enfunden en banderas me parece demagógico, y más cuando la estrategia es clara: tapar los recortes y la aprobación de los nuevos presupuestos.

2 comentarios:

  1. Mucho arte en tus genes. Ahora lo entiendo todo. Pasa unas buenas fiestas y feliz 2014.
    Marcos.

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