martes, 29 de enero de 2013

Contar besos

Fotografía extraída de Google Imágenes


Me pidieron que contara nuestra historia, o tal vez fui yo quien quiso plasmarla en un papel, ya no lo recuerdo. A veces huyo del pasado, corro hacia adelante con una velocidad pasmosa y ridícula porque temo que me pille, como si pudiéramos desprendernos de él. Al final, cuando te cansas de correr, te das cuenta de la absurdidad que tiñe esta carrera. Afortunadamente, no podemos escapar. Todo lo que fuimos, somos ahora, pese a cada reinvención.

A veces la vida nos pone ante situaciones que nunca creíamos que podríamos enfrentarnos, y nos enfrentamos a ellas y ganamos. También perdemos, ese es el riesgo. Pero si algo he aprendido en los últimos meses es que perder también significa ganar. Yo gané. Gané fuerza y me enfrenté a mis temores. Y ahora aquí está, llegó como un torrente echando abajo todas las puertas y ventanas de mi casa con su fuerza atronadora: la vida.

El verbo vivir puede asustar, como asusta saber que daría mi caos y mi locura por su reino. El miedo nos hace fuertes, nos arrebata de la muerte. El cobarde no es aquel que confiesa sus temores, sino aquel que no se enfrenta a ellos o que dice no tener miedo nunca. Miente como yo también lo hago.

Sigo pensando en escribir una historia, quizá la nuestra, pero son demasiados besos los que hemos ido dando, y muchos más los que hemos robado, como para contarlos uno a uno.


lunes, 14 de enero de 2013

Besar a la puta



Fotografía extraída de Google Imágenes
La vida da reveses sin explicaciones, como si fuera un polvo de una noche con un chico al que has conocido media hora antes. El arrepentimiento puede llegar a noquear el placer que ese momento te produjo. El vacío del después, recordar a duras penas su nombre y llegar, sin saber cómo, a casa. La parte buena es, como decía al principio, no dar explicaciones. Simplemente, actuar, dejarse llevar por el momento.

Al día siguiente la resaca nos regala arcadas, pero el (no) olvido sigue ahí, molestando, cortándonos la respiración con imágenes borrosas, con momentos que no volverán, y sobre todo, con personas que ya se marcharon. La vida, puta como la que más, sabe también dosificar las alegrías y el dolor. Una de cal y otra de arena, aunque no sepamos diferenciar ni la buena ni la mala.

Ahora que la mirada me ha cambiado, ahora que no me da miedo llorar en público, ahora que río cuando todos callan, ahora que piso fuerte, ahora, justo en este momento, beso en la boca a la puta que todos adoramos. Dejo que me manche con su carmín y disfruto sin pensar en las consecuencias. No me rindo ante sus golpes y gozo de los placeres que me ofrece. Digo que sí a propuestas a las que antes me negaba con rotundidad y a duras penas mis labios pronuncian no. En definitiva, vivo. Todo consiste en eso.



jueves, 3 de enero de 2013

Escribir el 2013




Nunca he tenido un diario, creo que porque soy poco constante, también porque siempre he pensado que hay cosas que se deben olvidar y al escribirlas la huella de la tinta puede ser eterna. Entonces, ¿qué ha cambiado para que hoy entrara en una librería y comprara uno?

Los últimos meses han sido agitados. Pasaron cosas increíbles y otras dolieron. Hoy me exigen que olvide mientras por otra parte me piden romper la distancia de seguridad ficticia que ni siquiera yo he creado para que nadie se hunda. Por mucho que creamos que debemos olvidar, no podemos. Todo lo que nos pasa somos nosotros. Quizá sea bueno escribir el 2013, quién nos dice que no será un año inolvidable.