lunes, 18 de febrero de 2013

Tenía que decírtelo


Tenía que decirte que el silencio y la oscuridad efímeros de los teatros antes de empezar una obra de teatro siguen conmoviéndome igual que el niño que descubre algo por primera vez. A veces me gusta jugar a ser ese niño y hago que desconozco lo inevitablemente conocido para volver a la ilusión de la niñez.

Tenía que decirte que sigo amando la música de cantautor, también a algún cantautor, a su guitarra y, por qué no, a sus musas. Sigo creyendo en la utopía como quien cree en un dios. Me aferro a ella en los momentos difíciles y me empeño en buscar su paraíso para que me acune, por fin, entre sus brazos, y espero que haga lo propio con los prójimos: los que están sin trabajo, los que comen porque rebuscan en la basura, los que pierden sus casas, los profesores que no pueden dar clases en condiciones o los médicos que no pueden atender a sus pacientes como quisieran y deberían.

Tenía que decirte que soy más fuerte. He aprendido a hablar, a explicar aquello que me duele y preocupa. Me dicen que eso es crecer, hacerse mayor, pero esta vez de verdad. Sigo enfrentándome a los problemas con coraje, solo ha cambiado el gran apoyo que tengo detrás. Ese soporte que me mantiene en pie y hace que me ría en los momentos más amargos. Me dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar, que la verdad, tarde o temprano, se acaba sabiendo, y yo les creo mientras brindamos, cantamos y bailamos borrachos de alcohol y amistad.

Tenía que decirte que otros brazos han apaciguado el dolor del tiempo y de los años. Unos se marcharon y otros se quedaron. Por el momento son más los que llegan que los que se van y traen bajo sus brazos experiencias y risas, también algún lamento. También tenía que decirte que robé el legado de los que se fueron: los buenos momentos compartidos.

En definitiva, tenía que decirte que, aunque nos intenten matar a poco a poco, aunque nos despellejen las noticias asesinas con las que desayunamos cada día, seguimos creyendo. Todo esto no es más que una forma absurda de hacerte saber que creo en ti, en nosotros, los que creemos que otro mundo es posible. Como comprenderás, tenía que decírtelo.