lunes, 25 de noviembre de 2013

La naturaleza del egoísmo

Recupero un artículo de opinión que presenté en la Universidad con respecto al cierre de RTVV.

La naturaleza del egoísmo

El cierre de RTVV nos trajo a la memoria el de la radio y televisión públicas griegas durante el pasado verano. Volvimos a ver a los periodistas en pantalla para denunciar su drama, que como tantos otros, ha traído el poder político y la crisis económica. En el caso de RTVV, algunos periodistas han decidido tirar de la manta, siguiendo así la moda “Luis Bárcenas”. Hablan abiertamente de censura, de cómo tenían prohibido decir ciertas palabras, como “recortes”, o cómo taparon la denuncia de tres trabajadoras de la empresa por abuso sexual a Vicente Sanz, ex secretario general del ente.

Protestar es necesario en nuestra vida y para la sociedad. Podríamos decir, incluso, que es sano, pero hay que reconocer que elegir el momento para iniciar una protesta no es tan fácil. Muchos ciudadanos, especialmente los de la Comunidad Valenciana, se preguntan por qué ahora los periodistas hablan cuando llevan años callando. Sé que la objetividad no existe, pero sigo creyendo en la honestidad, llámenme ingenua si lo desean. Hoy en día hay muchos mecanismos para denunciar que tus jefes te obligan a tapar una tragedia de tal magnitud como el accidente de metro en Valencia ocurrido en 2006, de ahí la indignación de los ciudadanos que durante décadas han pagado con sus impuestos el mantenimiento de RTVV, por comprensible que sea que estos trabajadores tengan que comer y pagar su hipoteca.


Quizá el problema radique, una vez más, en el egoísmo del ser humano que ya anunciaron personajes ilustres como Jeremy Bentham o Thomas Hobbes y que a tantas catástrofes nos ha llevado a lo largo de la Historia. Hoy ignoramos todo aquello que perjudica al que tenemos al lado, y si tenemos que silenciarlo para seguir con nuestro ritmo de vida, pocos serán los que opten por gritarlo a los cuatro vientos. Sin embargo, cuando es a nosotros a los que afecta aquello que les arruinó la vida a los que en algún momento tuvimos al lado, somos capaces de tomar, incluso, informativos. Esos informativos que siempre tuvieron que estar en manos del pueblo, que al fin y al cabo es el que paga, y no de los que se aferran a su silla como si de un boleto premiado de lotería más se tratara.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los olvidados

Portada del último número de Quimera: Los olvidados

De un tiempo a esta parte agradezco la normalidad en mi vida, especialmente la de las personas que forman parte de ella. Sin embargo, me aburre en exceso la normalidad de aquello que leo. Estoy en el cuarto y último (espero) año de mi carrera, Comunicación Cultural. Un periodismo que nace desde la cultura y desde las diferentes brancas de una sociedad tan compleja como la nuestra, o eso nos venden. Pocos profesores a lo largo de estos años han apostado por lo diferente, por salirse de los márgenes y mostrarnos que hay una vida muy rica tras los autores de siempre, las obras de siempre y las publicaciones de siempre. En definitiva, “lo de siempre” en todos los ámbitos. Afortunadamente, si rascamos, encontramos publicaciones maravillosas, de esas que te tienes que sentar, acompañarlas de un café, por ejemplo, y saborearlas lentamente.

Con estas líneas simplemente busco agradecer el trabajo de revistas como Quimera. La gente que la trabaja se ha tirado a la piscina, especialmente con su último número: Los olvidados. El número anterior me lo topé por casualidad mientras daba un paseo, este, en cambio, fui a buscarlo. Gracias a sus páginas he conocido a autores como José Antonio Gabriel y Galán, Antonio Fernández Molina o Emilio Carrere, entre otros muchos que no se estudian en las aulas.

Qué maravilloso es pasear por una ciudad en otoño, pese a este calor primaveral, para ir al quiosco y acabar bailando en los márgenes. Gracias, valientes.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Luz en la oscuridad (Reseña de 'El teatro de la luz', de Juan Vico)



Hace pocos meses publiqué un artículo en el que criticaba los concursos literarios. Realmente mi crítica iba hacia la falta de criterio que demuestran tener muchos de los jurados que se jactan de intelectualidad y hacia el afán de reconocimiento que tienen algunos de los que presumen ser escritores. Hoy vuelvo a escribir un artículo sobre un libro premiado, tal y como hice meses atrás, pero esta vez, para compartir con el jurado su veredicto.

No nos engañemos. Hacer una crítica sobre un autor al que conocemos personalmente es difícil. La objetividad no existe, lo sabemos, pero sí la honestidad. Así que les seré honesta: El teatro de la luz de Juan Vico es una novela corta (163 páginas), con un ritmo trepidante desde su inicio hasta el final y con todos los elementos de la orquesta bien afinados y coordinados. El libro, por lo tanto, podríamos definirlo como una banda sonora de la vida. SEGUIR LEYENDO.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Clásicas discusiones

Hace una semana entregué este artículo de opinión para una asignatura de la Universidad. Lo comparto, aunque el clásico ya haya pasado y la Doctrina Parot haya dejado de ser noticia.


Clásicas discusiones 
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos decidió hace unos días que la aplicación de la Doctrina Parot con carácter retroactivo vulnera el Artículo 5 de los Derechos Humanos. El espacio en los medios y la explosión política y social que esta decisión provocó solo se pueden comparar con los que generan un clásico. Sí, el F.C. Barcelona-Real Madrid y la manifestación del próximo domingo a la que acudirán las viejas glorias, aunque presentes, del PP se han convertido en el centro de todas las miradas. Algo que, por otra parte, a Wert le ha ido de perlas, junto a la muerte del cantante Manolo Escobar, para pasar por alto la huelga del 24-O convocada por la Comunidad Educativa en bloque.

La justicia y la venganza son dos conceptos que tienden a confundirse. Como si de aficionados del Barça y del Madrid fueran, hay dos bandos: los que se llevan las manos a la cabeza ante la puesta en libertad de etarras y los que defienden los valores de los Derechos Humanos. En ambos casos, encontramos a políticos atentos para marcar un gol y de paso llevarse los tres puntos, o como se diría en el lenguaje político, aumentar la intención de voto. Así que volvemos a las discusiones de siempre: ¿la culpa es de Zapatero o de unas leyes que empiezan a quedarse obsoletas ante la rapidez con la que avanza el mundo? ¿Debemos seguir echándole la culpa a Mourinho de que Casillas siga sentado en el banquillo?


Gane quien gane, si es que no hay empate, esperemos que ningún mesías de la política ni de la opinión pública –tampoco del fraude fiscal- meta por la escuadra un gol de esos que hacen historia a nuestra justicia, ni que dejen en fuera de juego algo mucho más valioso que la décima: el respeto por los Derechos Humanos.