martes, 18 de marzo de 2014

Autodestrucción I

Hace tiempo que no publico un ciclo de textos. Durante las próximas semanas, iré dejando por aquí textos acerca de la autodestrucción, un tema sobre el que llevo trabajando un tiempo. He aquí el primero:



Nunca he sabido juntar mis manos, quizá porque suelen sudarme. Tampoco arrodillarme a los pies de mi cama, ni mucho menos delante de un altar. Supongo que por eso jamás he podido creer en un dios, en una divinidad salvadora o en los milagros, pese a que lo he intentado. He intentado creer para salvarme del fuego eterno, no el del infierno, sino el de la vida cotidiana.

El paso del tiempo me demuestra que creer es absurdo. Odiamos los que un día fueron nuestros sueños; nuestros amantes nos engañan y nos abandonan; los amigos nos traicionan; y la familia, si existe, apenas nos acoge ya. Me quemo, entonces, en el fuego de las pasiones ficticias, de las borracheras en barras de antros indeseables, entre los acordes de música bárbara que retumban en mis oídos por las noches hasta que llega el vómito, también de palabras vacías y sinsentido.

Se ha convertido en una costumbre ver amanecer en cualquier callejón. Tras la puerta de lo que un día fue un hogar y hoy solo son cuatro paredes, no hay nadie. No hay nadie que me sostenga la mirada, nadie que llore mi muerte, nadie que me grite, nadie que me escupa. Entonces, me escondo bajo las sábanas y dejo que la derrota me devuelva al sueño.

4 comentarios:

  1. Muy bueno, si rimara podría ser una cancion

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  2. Gracias, Jesús, aunque no acabo de ver eso que pueda ser una canción. Espero que te gusten las siguientes entregas.

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