jueves, 15 de mayo de 2014

Historia de una vida

En escena, una profesora y una alumna. La alumna se deslumbra por la profesora y esta ensancha su ego y crece, tanto personal como profesionalmente, gracias a la admiración de su pupila, una chica del montón que sueña con triunfar en el mundo, también en el de la literatura. Es un argumento típico, repetido hasta la saciedad, pero, afortunadamente, en el teatro, como en la mayoría de las artes, acaban imponiéndose las formas.

Historia de una vida, basada en el texto Cena entre amigos de Donald Margulies y dirigida por Tamzin Townsend, se centra en la relación de amistad entre una profesora, Ruth Steiner (Luisa Martín), y una alumna cegada por el éxito de su maestra y la ambición, Lisa Morrison (Silvia Abascal). El paso de los años, la lucha entre la juventud y la madurez y valores como el esfuerzo para conseguir aquello que anhelamos centran el argumento de la obra. ¿Todo vale para triunfar? Ambas, en diferentes momentos, se aprovechan de las miserias de quienes les rodean. Steiner, en una de sus lecciones, advierte a Morrison: “debe tener cuidado con los escritores, lo aprovechan todo”. Ella lo sabe de buena tinta, y nunca mejor dicho. Pero todo cambia cuando con sus miserias, Lisa triunfa, la desbanca y, lo peor de todo, mientras su vida expira, ve en la joven aquello que ella un día fue y que jamás podrá recuperar.

El espacio escénico muestra a la perfección la decadencia de Ruth. Es un espacio naturalista que va evolucionando a la par que la escritora. El desorden reina al principio y al final de la obra. Solo cuando Lisa le limpia la casa y se convierte en lo más parecido a una hija que ha tenido, la casa de Steiner tiene un cierto orden, lo que indica, también, un orden vital y sentimental. En cambio, cuando la joven consigue su meta y prácticamente desaparece de la vida de la profesora que tanto admiró, Ruth enferma de cáncer y de soledad en un giro metaficticio extraordinario con el que ambas actrices consiguen lucirse mostrando sus mejores dotes interpretativas. Pasamos de una joven ambiciosa e insegura a una estrella capaz de pisotear a quien tiene al lado para conseguir la atención de los focos. Por otra parte, una gran escritora, que disfrutó durante años de la miel de la fama, cae en el olvido a manos de su discípula y en la muerte por culpa del cáncer. Tanto Martín como Abascal consiguen ser camaleónicas al interpretar a cuatro personajes -tal es el cambio de estos, que no podemos decir que los personajes iniciales sean los mismos que los finales- tan diferentes y, a la par, tan iguales entre sí.

La obra retrata algo muy cotidiano. Vivimos dentro de los márgenes de un sistema capitalista que machaca al más débil. De ahí que para escalar socialmente, muchas veces sea necesario pisotear a quien tenemos al lado y perdamos valores y escrúpulos por el camino. Creemos en el sueño americano, en el triunfo laboral como sinónimo de éxito personal. Nos importa el dinero, vivir con el máximo de comodidades posibles. Y pese a que este sistema se haya resquebrajado social y económicamente, seguimos construyendo la historia de nuestra vida a partir de este pensamiento. Los jóvenes, como Lisa, sueñan con comerse el mundo, pero casi siempre, hasta que no se llega a la madurez, como Ruth, no entienden que contra la muerte ni siquiera el éxito y la fama pueden vencer.

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