lunes, 30 de junio de 2014

Racismo


Ayer las imágenes de una paliza racista en el metro de Barcelona nos sobrecogieron. No es la primera vez que vemos algo así, es más, seguro que prácticamente a diario vemos o escuchamos agresiones racistas. 

La semana pasada la batería de mi móvil murió, así que fui a una tienda de telefonía para comprarme una. La tienda está regentada por un marroquí. Al entrar, había un señor con un iPhone en la mano y estaba preguntando cuánto iba a costarle liberarlo. Cuando el dependiente le dijo el precio -muy normalito para lo que le pedía-, el cliente montó en cólera y decidió irse dando un portazo. Eso sí, antes de cerrar la puerta gritó "puto moro de mierda". 

El chico de la tienda me pidió perdón varias veces por haber tenido que presenciar aquella escena tan desagradable. Le respondí que él era quien menos tenía que disculparse. El muchacho estaba avergonzado y supongo que el energúmeno que salió por la puerta gritando aquello se quedó tan tranquilo. El dependiente, mientras intentaba tranquilizarle, encogió los hombros y me dijo: "estoy acostumbrado a que me digan estas cosas" y sonrió.

Dice mucho de una sociedad que una persona esté acostumbrada a que la humillen e insulten, también el hecho de que ya no nos sorprenda que a un inmigrante se le dé una paliza, una más. En esta ocasión, había una cámara grabando y el agresor ya ha sido detenido, pero cuando no la hay, es nuestro deber denunciar. Nadie debe estar acostumbrado a este maltrato.

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