jueves, 10 de julio de 2014

Despertar


Suena el despertador. Estoy inmóvil en la cama; no puedo moverme. Dejo que pasen unos minutos mientras abro lentamente los ojos. Veo que la luz del móvil parpadea. Muevo lentamente el brazo y torpemente toco la pantalla: 18 mensajes, 4 correos electrónicos y varias notificaciones de las redes sociales.

Vuelvo a la posición inicial. Sigo sin poder moverme. Siento que el vello de mi cuerpo, totalmente desnudo, se eriza. No entiendo mi estado de duermevela, es casi mediodía, también desconozco el motivo por el que mi vello decide erizarse.

Cierro los ojos y abrazo la almohada como si fuera un cuerpo. Es un cuerpo concreto. Está fría y siento un escalofrío que me parte en dos. Cierro los ojos con fuerza, no sé muy bien el porqué. Y, mientras tanto, el teléfono arde. La luz vuelve a estar encendida cuando decido abrir de nuevo los ojos, pero ni rastro del cuerpo que abrazo. Quién sabe si era el mío, quién sabe si era el del otro.

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