lunes, 24 de marzo de 2014

Autodestrucción II

Vuelve la tos. Es seca y desesperante. No viene sola, la sangre la riega. Una señal más de que la vida, como cualquier obra de arte, solo tiene un camino: la muerte.

Limpio la sangre que ahora gotea de mi nariz. Esta vez, las rayas de cocaína hicieron su efecto. Siento que me muerdo el labio hasta sentir el sabor del hierro en mi lengua. Levanto la mirada y observo el dedo acusador de una mujer. Me desnuda como tantos hombres hicieron antes, sintiendo un cierto asco ante lo que ven. Pasa su dedo por cada uno de mis lunares y después me lo mete en la boca alejando de mí el sabor del hierro.

La mujer se aleja unos pasos. Me siento a su lado y le muerdo el lóbulo de la oreja izquierda. Después, empiezo a lamerle todo el cuerpo. Me arrodillo ante ella buscando todo aquello que nos han prohibido. Meto mis dedos dentro de ella, pero ya no siente placer. Sus ojos me miran pidiendo misericordia.

Tras la batalla perdida, me tumbo en la cama. Desnuda, recuento cada una de mis cicatrices. Una sonrisa se dibuja en mis labios pensando en todas las heridas que he provocado en otros cuerpos y me revuelco de dolor al tocar las que siguen abiertas en el mío. Giro la cabeza rendida hacia la izquierda. Ahí está ella, en el espejo, mirándome y acusándome con su dedo.

martes, 18 de marzo de 2014

Autodestrucción I

Hace tiempo que no publico un ciclo de textos. Durante las próximas semanas, iré dejando por aquí textos acerca de la autodestrucción, un tema sobre el que llevo trabajando un tiempo. He aquí el primero:



Nunca he sabido juntar mis manos, quizá porque suelen sudarme. Tampoco arrodillarme a los pies de mi cama, ni mucho menos delante de un altar. Supongo que por eso jamás he podido creer en un dios, en una divinidad salvadora o en los milagros, pese a que lo he intentado. He intentado creer para salvarme del fuego eterno, no el del infierno, sino el de la vida cotidiana.

El paso del tiempo me demuestra que creer es absurdo. Odiamos los que un día fueron nuestros sueños; nuestros amantes nos engañan y nos abandonan; los amigos nos traicionan; y la familia, si existe, apenas nos acoge ya. Me quemo, entonces, en el fuego de las pasiones ficticias, de las borracheras en barras de antros indeseables, entre los acordes de música bárbara que retumban en mis oídos por las noches hasta que llega el vómito, también de palabras vacías y sinsentido.

Se ha convertido en una costumbre ver amanecer en cualquier callejón. Tras la puerta de lo que un día fue un hogar y hoy solo son cuatro paredes, no hay nadie. No hay nadie que me sostenga la mirada, nadie que llore mi muerte, nadie que me grite, nadie que me escupa. Entonces, me escondo bajo las sábanas y dejo que la derrota me devuelva al sueño.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Intel·ligència i diversió consoliden el Paraula de Dones

S’apaguen els llums, s’obren les cortines i apareixen les actrius. A partir d’aquí, l’espectacle ens convida a deixar-nos portar. Quelcom fàcil, a priori, però molt difícil de portar a terme. Així donava el tret de sortida el Paraula de Dones d’enguany. Una cita que s’ha convertit en ineludible a la nostra ciutat per commemorar el Dia de la Dona Treballadora (8 de març) -ho demostren les entrades exhaurides de les dues funcions-, però, sobretot, per reivindicar el paper de les dones en una societat complexa i molt marcada, encara, pel patriarcat.

No podem definir, simplement, aquest espectacle com un musical que porta el segell de María Donoso (directora), Arnau Puig i Montse Enguita (ajudants de direcció), Sílvia Comes (directora musical) i Ana Martínez (coreògrafa). És molt més, encara que la música i el ball siguin dos dels eixos principals. La narrativa de la història és divertida i trepidant; no va haver-hi moment per l’avorriment. A l’espectador se li reclamaven dues coses: atenció a tot el què succeïa al seu voltant –l’escenari no ha de ser sempre on es projectin tots els focus- i que jugués. Ja ens avisaven amb la cançó inaugural que el joc començava; ens havíem de preparar. I el públic va respondre, ja fos ballant les cançons seguint la coreografia –també els hi havia que ho feien amb molt d’estil propi-, cantant o amb riures còmplices, sobretot quan des de l’escenari es va fer referència a llocs emblemàtics del Prat, com el mític càmping Cala Gogó. [SEGUIR LLEGINT]

viernes, 7 de marzo de 2014

Ellos, nosotros y los de arriba

El Semàfor, El Prat de Llobregat

Volvemos a caer en la trampa. Seguimos diferenciando el “ellos” del “nosotros”, así, supongo, nos sentimos superiores. “Ellos” están por debajo y dejamos que los de “arriba” nos manejen a su antojo. No importa que quince personas hayan muerto, ni que miles hayan resultado heridas al saltar una valla plagada de cuchillas. No importa porque son “ellos”, no pertenecen al “nosotros”.

Los de “arriba” les lanzan pelotas de goma a “ellos” mientras nadan exhaustos para lograr formar parte del “nosotros”. “Nosotros” nos estremecemos antes las imágenes que la televisión nos muestra. Pero dura poco, solo unos días, hasta que los de arriba afinan los instrumentos de la orquesta social para hacernos creer que no debemos permitir que “ellos” se conviertan en “nosotros”. La estrategia, sin duda, empieza a funcionar y ya hay quienes la tararean a todas horas, como si de la canción del verano se tratara.

Seguimos construyendo fronteras. Seguimos creyendo en banderas. ¿Acaso “ellos” no ven el mismo horizonte que “nosotros”?