lunes, 23 de marzo de 2015

Y seguía lloviendo

Llovía con furia. Mi cuerpo, a duras penas, mendigaba por una ciudad en la que cada vez cuesta más respirar. Sin fuerzas, me dejé caer en tus brazos. Podrías haber hecho lo que quisieras conmigo, y sin embargo, decidiste hacerme el amor.

El aire y la lluvia azotaban con fuerza tu ventana mientras nos contábamos historias en tu cama hasta que el sueño nos venció. Y yo, en la oscuridad más absoluta, solo podía abrir los ojos muerta de miedo. Pero ahí estabas, durmiendo tranquilo, mientras afuera los peces de ciudad sobrevivían a través de medias mentiras, y nosotros respirábamos las mentiras que nos acercan alguna noche de vez en cuando. Y seguía lloviendo.


Tres deseos

Había un camino y una luz insegura.
Iba el Mediterráneo paralelo a mis lágrimas.
Cañas a los lados me ocultaban:
quise ponerme el traje de un mendigo.

Latía una diana sobre el punto
vital del horizonte:
Quise tener un arco y una flecha.

Quise mudar de piel, lagarto
de la tarde que de nuevo nacía:
justo lo que anhelaba cuando solo
con recordar tu nombre estabas a mi lado.


PABLO GUERRERO

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