domingo, 6 de septiembre de 2015

Aylan, la vergüenza de Occidente

Imagen extraída de Google Imágenes
Empieza el debate. Aparece el cadáver de un niño de tres años en la orilla de Europa. La imagen es tremenda, un puñetazo directo al estómago. Es prácticamente imposible contener la rabia, la indignación y las lágrimas ante el cuerpo inerte del pequeño Aylan. Pero de repente el debate deja de centrarse en cómo atender a los refugiados. En los medios pasan a plantearse si esa imagen debe ser o no mostrada. En las redes sociales el amarillismo pinta la fotografía del niño y desde el otro lado de la pantalla, lo reconozco, se me escapa una pequeña sonrisa: el buen periodismo duele.

Claro que la imagen de Aylan debía mostrarse. La realidad nos abofetea a diario, por eso el trabajo de los periodistas debe ser, en parte, el de no permitir que miremos hacia otro lado. Apenas se le ve la cara, punto positivo para el fotoperiodista. Pero la imagen que consigue es tan potente, que al día siguiente los titulares sobraban. Solo una imagen. Solo un niño. Solo una muerte que representa a los millones de personas que han muerto en nuestros mares. Solo un segundo para ridiculizar a todo Occidente. En eso también, vuelvo a insistir, consiste el periodismo.

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