miércoles, 23 de marzo de 2016

Días de penitencia

Viñeta extraída de Google Imágenes

Miramos al mar. Damos la bienvenida a la primavera y sus picores. La gente juega en la Barceloneta sobre la arena, toma el sol y el vermú de domingo. El agua está un poco picada, pero intenta aparentar tranquilidad, como normalmente hacemos en nuestra vida diaria. Y ahí está el mar, bailando con sus olas mientras todos por el paseo marítimo caminamos bajo su compás.

Pero nos olvidamos que hay otras vidas que arrastra la marea. Olvidamos lo que pasa en las costas de Grecia y Turquía, de los pactos de la vergüenza que dejan a padres sin hijos y a hijos huérfanos. Ellos no bailan; mueren. Volvemos a necesitar un nuevo niño en las costas muerto que llene las portadas de los periódicos y pinte muros porque el racismo aumenta. Las puñeteras fronteras. La diferencia ficticia entre el tú y el ellos por estar en un paseo marítimo y no a bordo de una patera, que a veces es un simple flotador. Entonces, estallan, de nuevo, las bombas en el centro de Europa. Vuelven a matar en nombre divino, dicen, cuando quieren decir económico, el mayor Dios. Volvemos a ser nosotros. Volvemos a encogernos. Volvemos a rezar a nuestros dioses y vírgenes porque esos, claro, son los buenos. Volvemos a mirar de reojo a aquellos que se juegan la vida cada minuto, que mueren de frío, que serán la vergüenza de nuestros libros de Historia, como lo son los campos de concentración nazis, porque estos no son más que muertos de segunda división.

Sin embargo, en Barcelona deja de llover. Vuelve a salir el sol y los cerezos empiezan a florecer. El polen comienza a posarse en nuestros pulmones. Cuesta respirar. Seguimos bailando junto al mar, que nos mece, intentando no zarandear demasiado nuestros miedos. Y en aquella frontera, la que nuestra vista crea ilusoriamente y la bautiza como horizonte. si miras hacia el Este, seguirás viendo las muertes que nuestros mandatarios, que estos días de penitencia se santiguan, siguen propiciando.

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