domingo, 10 de abril de 2016

Bienvenido a mi revolución


Llega la primavera y el mundo arde. Las plazas de París, Islandia y Lisboa empiezan a rugir, mientras seguimos mirando atónitos a Panamá. A los que huyen de la guerra, en las malditas fronteras, les gasean y la indignación ante el televisor aumenta. Vuelve la rabia, vuelve la ira, vuelven las ganas de revolución, que florece como los cerezos en el Valle del Jerte.

El mundo sigue desmoronándose, y sin embargo, se nos ocurre florecer como esos cerezos que atraen a los turistas hasta la bella Extremadura. Nos cogemos fuerte de la mano bajo una mesa y nos atrevemos, al fin, a cumplir todas las promesas que nos hicimos. La revolución, está claro, nace en primavera.

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