martes, 5 de abril de 2016

Cuídate, nos debemos la vida


Las bocas de metro nos escupen a diario hacia nuestras rutinas. Tras nueve horas de trabajo para ganar un sueldo miserable, nos vuelven a acoger para mecer nuestro cansancio. Pero los viernes nos empujan a la vida. Aquel viernes, el último que ella podía recordar, llovía a cántaros. Sus lágrimas se mezclaban con las gotas que caían del cielo. Ella temblaba porque el miedo le vencía. Pero encontró el refugió de sus brazos, como otras tantas veces, y, así, le dio una patada al miedo. 

Horas después, ella volvió a escuchar aquel verso de un gallego de pelo largo: "Cuídate, nos debemos la vida" y sonrió. Volvieron a prometerse una vida y media, esta vez siendo valientes, esta vez siendo ellos, suicidando, al fin, en las vías del metro sus miedos. Entonces, vivieron.

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