domingo, 22 de mayo de 2016

Un año y un día

Hace una semana y un día que espero tu llamada. Esa llamada que cada 14 de mayo llevaba la cuenta de las primaveras que sumo. Echo de menos que me digas esas cosas que me hacían enfadar y las regañinas que te dedicaba por teléfono para que hicieras lo que tocaba. Entonces, te reías, me llamabas prenda y cambiabas de tema. Me preguntabas si aún seguía estudiando, cómo me iba en el trabajo o si algún muchacho me rondaba. Yo reía. Hoy las respuestas a esas preguntas han cambiado: sigo estudiando, el trabajo lo vamos llevando y, sí, abuela, tengo novio. Sé que te gustaría conocerle, que le contarías tus chistes y tus anécdotas y todos reiríamos, una vez más, contigo.

No hace demasiado que al móvil me llegó un vídeo de ti en el hospital. Contabas uno de esos chistes y todos reían a tu alrededor. Sabíamos que ya nos quedaba poco para disfrutar de ti, de tu alegría contagiosa, de tu fuerza. Ambas las llevaste como bandera hasta el final. ¿Y sabes qué? Te admiro. Te admiro porque hay que ser muy valiente para enfrentarse a la muerte durante meses con una sonrisa.

Hoy, 22 de mayo, hace un año y un día que espero tu llamada.

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