lunes, 13 de junio de 2016

La ventana indiscreta


Uno al lado del otro nos sentamos en el borde de la cama y miramos hacia afuera. El verano trae la vida a los patios de los vecinos. Vemos como los de enfrente comen los cuatro en la mesa; la de abajo, riega las plantas; a la izquierda, una mujer explica su día por teléfono echada en la baranda de su balcón; y a la derecha, una pareja pasea medio desnuda por el salón.

Los miramos en silencio y atentamente. Solo hablamos para señalar a unos u otros, dependiendo de lo que nos parezca más interesante. Así paramos nuestra vida unos minutos, como si nuestra ventana fuera igual de indiscreta que la de Hitchcock. Nos miramos y volvemos a lo nuestro con un beso. No tenemos nada que envidiarles, ya no.

Es la hora de la cena, hoy vamos fuera. Me coges fuerte de la mano de camino a un restaurante aún por escoger. Pisamos con fuerza y reímos mientras hablamos de cualquier cosa. Miro hacia una ventana y hay un hombre que nos mira. Se parece a Alfred.

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