martes, 12 de julio de 2016

Que la vida iba en serio


"Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde", escribió Jaime Gil de Biedma. Y así es, llega un día en el que empiezas a comprenderlo y a intentar tomar las dimensiones del teatro del que habla el poema. Llega una noche en la que el miedo te recorre y paraliza cuando un individuo te roba la cartera y una parte de ti en las escaleras de una estación de metro. La cabeza revive una y otra vez la historia, sin embargo, siempre cambia. No sabes si corriste o te quedaste quieta conteniendo la respiración. Apenas recuerdas si era gordo o flaco ni las palabras exactas que te dijo.

Te obligan a recordar. Y tú solo te ves perdida en la gran inmensidad. Entonces, vuelves a sentir miedo. Te preguntas qué ha cambiado para que ese miedo te recorra cada vertebra y te acelere el corazón. Es ahí cuando caes en la cuenta de la primera llamada que haces cuando tienes miedo. Ahí está su nombre en el registro de llamadas. Sigues recordando y piensas en lo que eras antes, de la vuelta como un calcetín que te ha dado, de lo que ha hecho contigo, con tu vida, con tus amigos. Relees esos mensajes que me piden que le cuides, que tiene pinta de que esta es la buena. Sonrío y decido mostrarme humana; no soy una roca. Tengo miedo porque, ahora sí, tengo algo importante que perder.

A veces, ya ves, también me rompo. Pero quién te iba a decir, porque nunca me hiciste caso en esto, que ibas a tener la fuerza suficiente como para cogerme de la mano y volar, para recoger cada pedazo de mí e ir colocándolo con paciencia en su sitio. Quién nos iba a decir que serías mi número de teléfono favorito para una emergencia y que me recordarías cada vez que se me olvide que puedo, que soy fuerte, y que pese a que la vida vaya en serio, levantaremos cada día el telón.

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