martes, 13 de diciembre de 2016

El peso de las manos


Aquí las tienes. Son pequeñas y frías. Parece que apenas puedan sujetar nada, pero me han ayudado a levantarme cada vez que me he caído al suelo, que no ha sido en pocas ocasiones. Son tuyas, no son gran cosa, pero es lo que puedo ofrecerte. Estas manos manchadas de tinta, llenas de historias que inventaron en noches de insomnio.

Si quieres, agárrate fuerte a ellas. No te dejarán caer, no lo permitirán, aunque se queden moradas para siempre. Están preparadas. Ahora, no tienes que cogerlas porque tenga miedo del futuro, ya no, pues me dedico a vivir el presente. El futuro vendrá, como el pasado quedó atrás. Eso sí, debes tener claro que mis manos no aceptan traiciones, pues igual que agarran con fuerza, son capaces de soltar y dejar caer al vacío aquello que las aprisiona. Y es que el corazón, aunque no hable, adivina y ejerce la fuerza justa sobre ellas.

Jamás sus líneas han sido leídas. ¿Para qué? Mejor desconocer lo que pasará. Si hay sufrimiento, aprenderemos de él; si hay alegría, nos regodearemos en ella. Aunque estas manos han acariciado otros cuerpos, han tocado lo prohibido, han traspasado fronteras y siguen acariciando mi clítoris cuando no estás. Esas líneas las conocen bien.

Esto es lo que puedo ofrecerte: dos manos que trabajan, que construyen, que desobedecen, que se entregan al placer, que aman, que no entienden de caídas si no es para rehacerse. Son pequeñas, sí, pero fuertes. No tengo más, lo prometo. Mis manos son yo. Las historias que escriben soy yo. Mi manos te agarran sobre mi pecho porque yo te amo.

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