lunes, 25 de abril de 2016

Hidalgo

Pintura extraída de Google Imágenes

Cada año la primavera trae a Barcelona historias de dragones, caballeros y princesas. Las calles quedan cubiertas por el olor a rosas y libros. Te miro y sonrío. Bien sabes que aunque me trates como tal, no soy ninguna princesa, pues poco tardo en izar la bandera de la república. Pese a ello, insistes. Y yo vuelvo a sonreír porque sin escudo alguno has sido capaz de apuntar con la lanza a tus dragones. Siento orgullo de ti. No busco a ningún caballero andante, ya que admiro a los locos hidalgos que cabalgan a lomos de rocinantes y se enfrentan a gigantes con forma de molinos. Así que sigo mirándote mientras continuas cabalgando. Y vuelvo a sonreír.

lunes, 18 de abril de 2016

La vida en domingo


El calor era sofocante, aunque solo fuera primavera. El mar se mecía con calma, así que los marineros no dudaban en alzar las velas para navegar, mientras tanto, la orilla se llenaba de gente que decidía darse el primer baño de la temporada. Los domingos tienen ese no sé qué capaz de parar el tiempo, haciendo que la vida parezca una fotografía, un instante inmóvil. Sin embargo, en un ataque de valentía decidimos abandonar la sombra, bajar a la arena y quemarnos los pies para formar parte de la escena. Sonreímos. Vivir consiste precisamente en eso, aprendemos: darle movimiento a nuestras propias fotografías.

domingo, 10 de abril de 2016

Bienvenido a mi revolución


Llega la primavera y el mundo arde. Las plazas de París, Islandia y Lisboa empiezan a rugir, mientras seguimos mirando atónitos a Panamá. A los que huyen de la guerra, en las malditas fronteras, les gasean y la indignación ante el televisor aumenta. Vuelve la rabia, vuelve la ira, vuelven las ganas de revolución, que florece como los cerezos en el Valle del Jerte.

El mundo sigue desmoronándose, y sin embargo, se nos ocurre florecer como esos cerezos que atraen a los turistas hasta la bella Extremadura. Nos cogemos fuerte de la mano bajo una mesa y nos atrevemos, al fin, a cumplir todas las promesas que nos hicimos. La revolución, está claro, nace en primavera.

martes, 5 de abril de 2016

Cuídate, nos debemos la vida


Las bocas de metro nos escupen a diario hacia nuestras rutinas. Tras nueve horas de trabajo para ganar un sueldo miserable, nos vuelven a acoger para mecer nuestro cansancio. Pero los viernes nos empujan a la vida. Aquel viernes, el último que ella podía recordar, llovía a cántaros. Sus lágrimas se mezclaban con las gotas que caían del cielo. Ella temblaba porque el miedo le vencía. Pero encontró el refugió de sus brazos, como otras tantas veces, y, así, le dio una patada al miedo. 

Horas después, ella volvió a escuchar aquel verso de un gallego de pelo largo: "Cuídate, nos debemos la vida" y sonrió. Volvieron a prometerse una vida y media, esta vez siendo valientes, esta vez siendo ellos, suicidando, al fin, en las vías del metro sus miedos. Entonces, vivieron.