domingo, 18 de junio de 2017

Ojos grises


Sentía terror al mirarse en el espejo. Complejos físicos aparte, había algo en su mirada que era capaz de perturbar a todos, incluso a ella misma. Atrás quedaban años de burlas en el colegio, la anorexia y bulimia que le siguieron o la época de desfase universitaria. Todo aquello formaba parte de un  pasado reciente que, sin embargo, apenas lograba recordar, aunque todo estuviera ahí, en esos ojos grises.

Pisaba fuerte. No usaba tacones por no hacer ruido, pero sus pasos levantaban polvo. Tanto que en una noche previa a San Juan perdió el control, algo que aún no había aprendido a perdonarse. Las prisas de la carne la llevaron al asiento de atrás, como si de una canción de Loquillo se tratara, aunque ella solo fuera la penúltima rubia en abandonarlo. Se dejó llevar por aquel tipo que siempre estaba sentado al final de la barra dispuesta a olvidarse de todo, empezando por sí misma.

Acaricia su barriga. No estaba en sus planes, jamás lo estuvo, de ahí el terror. O tal vez tiene miedo de que la criatura que lleva en su vientre herede esa mirada cargada de un pasado, que aunque difuso, le ha marcado la piel de cicatrices. Pero aquella noche se sintió libre, al fin. Libre de prejuicios, libre de miedos, libre de lo que fue y, sobre todo, libre de lo que nunca ha logrado ser. Esa libertad la excita hasta arquear su espalda con un nuevo orgasmo. De repente, la primera patada.

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